Frente al edificio siniestrado a dos palmos de la Puerta de Toledo hay
un hotel que sufrió desperfectos tres horas antes de certificarse el
relevo en la Casa Blanca. En una de sus habitaciones fue donde seguí
con fruición el discurso de Obama nada más proclamarse vencedor en
noviembre de 2008. Está claro que Trump lo tiene todo apuntado, no hay más que visionar la cara que lució al descender en Florida del Air
Force One para echar el cierre a su mandato. Produce escalofríos. La
sesión en la ceneene, que se prolongó hasta las tantas con el colosal
remate de fuegos artificiales, se solapó un buen trecho con el
zafarrancho del Collao. Nada más dilucidarse centelleó el móvil con el
envío de un galáctico del ingenio que, además de llevar enganchado a
los informativos yanquis desde el sofocante recuento, es un colchonero
de tomo y lomo por lo que ligó el múltiple espectáculo despachándose a
sus anchas: «Le han robado el partido». Al día siguiente Donald se fue
tan ricamente –nunca mejor dicho– al golf y debió alardear del
resultado en el recorrido ante los adversarios puesto que no se ha
practicado parte de baja alguno.
Los republicanos catalanes y los catalanistas que ahora
republicanean tampoco pueden quejarse. Menudo flechazo les ha remitido el tesejota con motivo del 14 de febrero. El Govern ha devuelto el presente a ver si se lo cambian mentras el pesecé anda colado perdido, más después de que Tezanos haya entonado el «Illa, maravilla» por lo que, sobre confinamientos, ya si eso. Hasta Bertín ha proyectado una señal divorciándose al dar por sentado que, tal como está esto, ni en tu casa ni en la mía.
Un panorama en el que hay quienes solo señalan a aquellos que no
han seguido las indicaciones, pero la curranta de la panadería comenta
que da pavor cómo va el bus por las mañanas. Con la llegada de la
vacuna salvadora lo que se ha puesto en evidencia con mayor claridad
son las dosis de improvisación y escasa garantía en la gestión que nos
gastamos. Y así es difícil sobreponerse. Vamos, casi ni el Alcoyano.