He ido, no una, sino dos tardes seguidas al cine a ver la nórdica del
Oscar y la colombiana del mayor de los Trueba. Había llegado al
extremo de programar una protagonizada por Peter Ustinov la fecha en que el polifacético británico de origen ruso habría cumplido cien años justos. Tenía que poner remedio, no podía seguir así. Me preocupaba la dinámica de conmemoraciones emprendida y eso que voy a evitar trasladar la inmersión que me he pegado en torno a Bergman para no darles el día. ¡Valiente ratos, queridos!
Eso sí, me costó decantarme por el título para evocar el centenario
puesto que la carrera de Ustinov fue densa tras un servicio militar
interminable que le cerró las puertas del espectáculo pero no del todo. Enviado a la Segunda Guerra Mundial se topó con que su oficial era un tal David Niven –eso son señales y lo demás es cuento– para quien, si no me equivoco, debutó como guionista. Después de muchas vueltas me incliné por Agatha Christie y su «Muerte en el Nilo» en la que el rechoncho actor encarna a Hércules Poirot, de forma que así me
destraía intentando además descubrir al asesino pese a que me
despistaba siguiendo las pesquisas ya que en el detective no dejaba de
ver a Nerón. Al final erré en cuanto a los implicados, aunque me quedé
mucho más cerca que el pesoe en el último crimen cometido. Lo bueno
del método es que puedes adentrarte a fondo en la elección… por
supuesto filmográfica. Y así di con que el excéntrico emperador de
«¿Quo Vadis?» dirigió en esta costa «La fragata infernal» y hay imágenes de él con Tomás Valcárcel al frente del elenco fogueril en el
que figuran las hermanas Ribelles Mazón, madre una de ellas de
Genoveva Reig, exmandamás del Canal 9 aquel. Se trata de una de guerra lógicamente pero, bueno, eso es otra película.
Al que pillé fue al dire de «No habrá paz para los malvados» y de
la reciente «Libertad» –¡qué inflación!–, Enrique Urbizu, diciendo que
«es indiscutible estar deseando todos salir del sofá como en los
sanfermines». Pobres morlacos, la que les espera.