Todo indica que Sánchez no está por la labor de confrontar con los
suyos lo del indulto del que supongo que habrán oído hablar. Rodríguez Ibarra ha reclamado un referéndum a fin de que las bases del partido decidan. Como al barón extremeño capacidad de análisis no le falta desde que la irrupción de Arfonzo iluminara sus pasos, y malmetiendo disfruta como un gorrino, sustenta la petición en que la actual dirección «llegó al poder diciendo que quería que hablara la
militancia». Mira Juan Carlos, de entrada, no.
Sostiene el ínclito que no han sido capaces de arreglar aún la sucesión de Felipe y que, al contrario que en la raza humana, ésta mejora y el pesoe no hay forma. El estadista que, con el impulso de los 202 escaños, capitaneó la modernización patria, en lugar de diseccionar con rigor el sentido y sensibilidad o el sinsentido de una prerrogativa en este caso jodida, eligió El Hormiguero para espolvorear cañas y lanzas en esa y en otras parcelas oyéndose de fondo las risas que Trancas y Barrancas fueron incapaces de reprimir. Efectivamente, no les va a resultar fácil a quienes cojan el relevo
superar un legado así.
Nadie sabe con precisión si es cierto que el cambio de ciclo ha
irrumpido pero, por si las moscas, ahí están ya socialistas señeros
agitando, mezclando y salpicando el cóctel mientras los de la otra
acera huelen eso que les pierde y, poniéndose en modo trituradora sin
divergencias que valgan, responden todos a una cobijados en un único
planazo: «¡A por ellos, oé!».
Hasta Vera y Barrionuevo han dicho esta boca es mía y el Gobierno
mira de reojo a los indepes para ver cómo respiran por lo que solo
pueden agarrarse a un milagro, de ahí que no sea difícil barruntar que
conceda la gracia en agosto lo más cerca posible del día de la virgen
cuando la fiesta tome los pueblos. Ya saben, la cerveza, que es lo que
prima. Iba a decir que el único que falta es Corcuera, pero qué va. Viene de soltar que Sánchez ha traspasado todas las fronteras habidas
y por haber. Venga, por Dios, que pase el siguiente.