Bajo el amparo de Exteriores, Casa del Mediterráneo ha ofrecido un
ciclo de cine marroquí cuando las relaciones están que da gusto. Como
se enteren las autoridades incómodas del país vecino es posible que la
respuesta no se haga esperar: dejar a los suyos sin imágenes de la Liga ofreciendo en su lugar la competición de otro país europeo. La de
Bielorrusia mayormente.
De las tres películas proyectadas, una gira alrededor de un episodio con rehenes, otra ofrece un paseo estéril entre culturas que desemboca en el desarraigo y la última encara de modo muy transparente la limpieza étnica y religiosa de la que se nutre, entre otras, la
denominación de origen musulmana. Se trata de un peregrinaje en busca de la libertad. No la light sino la de verdad, esa que cuesta Dios y
ayuda y que dar con ella se convierte en determinados territorios en
toda una odisea. Ofú. Si no se quedan sin ver a Messi y a Suárez
–porque con Sergio Ramos, a saber–, es porque ahí sí que el régimen
alauita se expone a una algarada de aúpa.
Moncloa anda dándole vueltas al gesto a emplear para desenroscar la
historia. No lo tiene nada claro; Casado, todo. Acaba de regresar de
Ceuta donde mantuvo un encuentro con Juan Jesús Vivas, el alcalde-presidente de la ciudad autónoma que, siendo de su partido,
ponderó la presencia de Sánchez en plena crisis y que ha mantenido un enfrentamiento duro y fuerte con el elenco de Vox, por lo que es fácil deducir a lo que ha ido el señorito si se tiene en cuenta que, nada
más estallar el conflicto, el lugarteniente García Egea sentenció que,
de haber sido su jefe presidente del Gobierno, «nada de esto hubiese
ocurrido». Por supuesto; a ver si te enteras, Juan Jesús. Como tampoco
habría habido ciclo en la casa mediterránea esta porque el pepé
formuló llevarse a otro destino el emplazamiento que la acoge desde
hace años. Ahora bien, ese es un pepé que nada tiene que ver con el
actual a cuyo cabeza visible propulsó Cospedal frente a Soraya.
¿Cospequé? Palabra de Teodoro.