Con motivo del rosario de saraos que pone en danza la celebración del
Orgullo, Supremme de Luxe, una de sus encargadas, ha anunciado la
ocupación del espacio de marras, «ese que toma la ultraderecha donde
el discurso de odio prolifera». Mira que Colón tuvo una vida agitada,
pero anda que la plaza…
Ya que estamos en los descubrimientos, un cráneo encontrado en
Israel lleva a que los científicos crean que el hallazgo podría
cambiar radicalmente la historia de la evolución humana. Todo indica
que la especie detectada habitó la región desde hace al menos
cuatrocientos mil años en tanto que el sapiens lo hizo por Oriente
Próximo hará unos doscientos mil, coincidencia que, unida a una alta
capacidad cognitiva, redunda en la hipótesis del amplio contacto con
los humanos que debió desarrollar el nuevo Homo. Dado que ya no hay
quien varíe el reprís con el que la especie de la que formamos parte
se ha plantado en el XXI y ver si de esa forma evitábamos algunos de
los estropicios acumulados, especímenes como Orban quieren retroceder a fin de revolcarse en ellos. Cómo será el cromañón para que algunos cracks del esférico le den lecciones de evolución.
Aprovechando la efervescencia generada y puesto que en pos de la
prevención no habrá ni carrozas ni escenarios, los «Juegos del Orgullo» cogen vuelo a fin de garantizar el deporte inclusivo y la no
discriminación en este ámbito. A diferencia del alcalde de Munich, el
de Madrid se ha negado a abanderar símbolo alguno mientras que la
vicealcaldesa ha dejado caer que «la libertad no es abrir una empresa
rápidamente sino que ningún colectivo sienta amenazado sus derechos». Qué sería de la rivalidad sin el moje.
Pero para salsa, la de los seis franceses que, procedentes del
aeropuerto, preguntaron en un bar de Bucarest por el estadio para ver
a su selección y se lo perdieron porque les dijeron que el partido era
en Budapest. Chicas, chicos y chiques, ya veís. El género humano que,
lo miremos por donde lo miremos, no hay manera.