No me lo invento; ocurrió tal cual. Estaba el conductor de «Al rojo
vivo» dando cumplida cuenta de la escenificación en el Liceo
barcelonés que marca la agenda cuando en su lugar se coló «Aquí no hay quien viva», que se emitía por Antena 3 Series. Nada de un cambalache meteórico, hablamos de un porrón de secuencias. Todo un tributo a Enrique Pastor, el presidente de la comunidad con sonadas veleidades políticas, que por fin veía cumplido su sueño de meter baza en un espacio de rabiosa actualidad. Que alguien al menos quede contento.
«En Cataluña están los que se quieren separar de España y, en
Madrid, los que quieren poseerla» avisa Mónica Randall, alguien que al fin y al cabo formó parte de «La escopeta nacional», ese fresco que
retrata de dónde venimos, la de tiros que llevamos dados y el milagro
que somos. Quién le iba a decir sin ir más lejos a Sánchez que estaría
deseando refugiarse por Las Ramblas en lo que algo habrá tenido que
ver el mayo de Chamberí. Pero no pasa nada, el descoloque es nuestro
estado natural. Solo hay que mirar al pimpollo que asegura liderar la
oposición y que, por mor de lo hay un juego, ha chocado con la
Comisión Europea, Casa Real, patronal e Iglesia de quienes ha dicho
que «ningún lobby logrará apartarnos del camino» sin reparar en que
los dos últimos no son molinos sino gigantes de su propia área . Esa
sobre la que, fijándose en ella, Millás ha deslizado que, de gobernar,
seguramente daría la amnistía. ¿En qué se basará?
Y por si todo esto no calentara suficientemente el ambiente, tenemos la Eurocopa encima donde la estadística advierte que, de los 151 ataques, la selección nacional ha consumado diez disparos a puerta. Tampoco aquí nos volvamos locos que, vivir en una montaña rusa, es seña de identidad. Si el gol de Iniesta representó lo que representó, la rueda de prensa del seleccionador tras una eliminación prematura también puede ser memorable. Así que sería sano atenuar pulsaciones. Que igual luego hay que indultar a Luis Enrique.