La dulzura en la cara

Mi madre está apagándose. Ignoro si en este trance se ven pasar las
famosas ráfagas de toda una vida, pero en seis horas al volante yo sí
que las visiono una tras otra, las veces que haga falta. Se lo debo. Eso y lo que no hay en los escritos.
Esta mocita de la guerra venida al mundo en los inicios de aquellos
veinte sobrevivió al golpe del asesinato de su padre por el coraje
castrense de la abuela Matilde. En los años del hambre se convirtió en
una de las pocas jóvenes que al fichar en la oficina iba a su aire, lo que condujo a que cruzara miraditas en el tranvía con un galán del barrio residente en el otro margen de la calzada romana que lo atraviesa. Fue un cuatro estaciones prolongado por los salarios de miseria pero en el que los amaneceres iban adquiriendo otro tono con el resplandor de la esperanza.
Desde entonces hasta hoy, un recorrido pleno que ha sembrado con su
presencia sensaciones solo de buen rollo. Desde el gobierno de la casa se comportó siempre como una adelantada a su tiempo para quien no
cabían diferencias entre el niño y las niñas. Los tres merecían las
mismas oportunidades a la hora de escoger el tren que quisieran y a fe
que se batió el cobre por ello. De ahí que sus hijas, que son las que
siempre han estado al pie de cañón, no se separan de ella ni un instante.
Me falta nada para alcanzar el destino y no dejo de gritar «¡Aguanta, aguanta!». Ya estoy junto a la cama, cogido a su mano, alisándole el pelo y ahí permanece la señora Eloisa resistiendo los reveses con ese reflejo de dulzura, marca de la casa. Los médicos han dicho que mejor no moverla de donde se encuentra, que en ningún sitio va a estar como con los suyos. Sin dejar de mirarla se vienen a la cabeza las últimas conversaciones en las que nos dispensábamos todo tipo de carantoñas y quereres, sin dejar atrás esas ocurrencias tan suyas con las que vaya si te descuajaringabas. ¡Qué grande! «Tranquila, mamá; tú, tranquila, que estamos aquí todos a tu lado incluidos los que no están». Cuando te vayas sabes que nos llevas contigo. Bendita seas.

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