Quien fuera ministro con Suárez, Ignacio Camuñas, ha dejado caer en
una suerte de escuela de calor lo que sigue: «Si hay un responsable de la Guerra Civil es el Gobierno de la República. Un golpe de Estado no es lo que ocurrió en 1936». Claro, Nacho, tranquilo.
Tras oírlo de su boca no he podido por menos que pensar en aquellos
que han tildado a la transición de falta de arrojo y pelín pesadito el
rosario de elogios. Lo que ellos quieran y dos huevos duros. Tan solo
comentarles que, el que acaba de expresarse así sobre la génesis de la
contienda que había que superar para darle otro cariz a esto,
pertenecía al ala liberal de la formación del segundo gobierno con el
que hubo que experimentar la peripecia. Otro integrante del mismo se
dejó llevar por un pseudo dossier propio de Martínez el facha, versión
perturbada, para mandar a casa a un director de periódico. Por
supuesto, el susodicho miembro del consejo de ministros también era de centro, faltaría más. Y así sucesivamente, queridos.
Con el balón botando, el joven mandamás (?) del pepé aprovechó para
anunciar que derogará la ley de Memoria Democrática y que está lista
la sustituta. Resulta embriagador. Tiene todo cañón, pero nunca suelta
prenda. De cómo embocaría el culebrón indepe aún carecemos de pista
alguna. El caso del golpe de calor camuñil al menos dio para que
enunciara lo suyo que sería una ley «muy completa» de concordia, dentro de la que se apresuró a señalar que las familias del bando
republicano han recibido 16.000 millones. ¡Ojo!, que ya viene
sacudiendo la concordia
También estuvo echando el día, Rafael Arias-Salgado, de los
Arias-Salgado de toda la vida que, a cuento del reparto de fondos
europeos, calificó de «hijo de puta» al primer ministro holandés, lo
que provocó las risas en el auditorio. Ni que decir tiene que el tal Rutte es tan conservador como él. Soltar perrerías de figuras de tu mismo equipo es algo a lo que en estos momentos, como saben, es difícil sustraerse. Pero, bueno, esa es otra historia.