Durante un alto me topé con «Death of a ladies man», una peli
canadiense en la que se da cuenta del ansia que le entra a uno por
enmendar comportamientos cuando la vida se escapa. En el duermevela intenté recordar el nombre del cantante con cuyas letras marida el guión y no hubo forma hasta que el desasosiego me impulsó a ir a la leja en busca del trabajo de alguien que suena con asiduidad y allí estaba Leonard Cohen. Qué sudor frío.
Durante el seguimiento del Debate de Política General proyectando
dos realidades paralelas a años luz, efectivamente, la cabeza me giró
hacia el día que en los setenta mi padrino intentó que el sobrino le
describiera el alma de un partido cuyos planteamientos habían captado
su atención. Coronel de aviación, el hermano mayor de mi madre hablaba inglés y se interesaba por los postulados de una formación de centro izquierda, conocedor privilegiado de lo necesario que era salir con orden, ideas nuevas y sentido común de la desgracia experimentada. Mientras asistía con atención a lo acaecido en las Corts lamenté no haber olvidado el espíritu con que gran parte del paisaje humano encaró la salida del túnel en aquella ocasión.
Al presidente de la Generalitat solo le ha faltado jurar por lo más
sagrado que no piensa adelantar elecciones pese a las especulaciones de que a la Moncloa le venía bien el laboratorio. Y cuando ni hemos
salido por completo de la desdicha, para la oposición, antes que
propuestas de reconstrucción, la verdadera máxima es «¡Elecciones,
ya!». El pepé debe utilizar la soflama para asegurarse de que no va a
ser recogida puesto que acaba de gastarse una pasta en que se conozca
al candidato. ¿O es que le sobra el dinero? A ver si es que vamos a
seguir estando por un estilo. Ojo, que al potencial sucesor de Merkel
lo pillaron riéndose durante la visita a las zonas devastadas por la
inundaciones y fue lo único que le faltaba para que en las urnas se
quedara como se ha quedado. Así que pónganle seso a lo que toca y, por
lo que más quieran, no se rían de nosotros.