A la caza del ritual

Del 1 al 31 de este octubre serán 70 las series y las docuseries que se estrenen en donde usted sabe. Sí, ya se puede dirigir uno así a la
audiencia porque resulta que el 80 por ciento de los hogares españoles
maneja plataformas televisivas de pago. Es más, la media se ha ido hasta 2,7 por cuarto de estar. Parece coño que las regalan.
Abrumado mando un guasa a otra pareja para ir al cine. Aún a
sabiendas de que ella no ha vuelto a las salas , siento la necesidad de reconocerme. Quedamos, tomamos un arrocito bajo los tenues rayos de
sol que iluminan la mesa, hablamos de los nuestros, destripamos a los
que nos gobiernan y a quienes ni siquiera eso, nos indigestamos con
ciertas sentencias marcianas, el papel que el tan trillado poder
judicial debería ejercer y que ni por el forro, y nos reimos porque
acabamos tomando postre los cuatro cuando ninguno quería. Acuerdo en la elección de peli sí que se produjo. Veníamos oyendo hablar de ella, no podía tener mejor pinta esa crítica social repleta de ironía. Como era de prever nos lo pasamos pipa con bastante gente incluso en
las butacas y salimos haciéndole la ola al guión, a León de Aranoa,
valga la redundancia, hasta terminar descubriéndonos ante ese animal
interpretativo llamado Javier Bardem. Y no solo él está que se sale.
Después de seis horas de compartir, nosotros, conste, también nos
despedimos hechos unos toros.
Y sin embargo aquí estoy hoy intentando elegir entre la desmesurada
oferta. ¿Cuántas propuestas de varias temporadas y no sé qué tira de
capítulos habrán sido abandonadas en el camino? Una cualificada oyente denuncia en Radio Nacional que teuveé entre en el juego de calamares y no espacie las entregas. Que no quiere darse el atracón y sí disfrutar el día de la semana elegido de ritual. Yo hay veces que echo en falta aquellas noches en que los vecinos recogían sillas, dejaban la
cháchara y nos subíamos a ver «El fugitivo» y a rezar porque no lo
cogiera el teniente Gerard. Pero tanto, tanto que, cuando salgo, la
mañana siguiente me la paso buscando al manco.

Me quiere, no me quiere

En la última aventura compuesta por PérezReverte, Elena Arbués, joven viuda de un marino mercante, librera ella, se topa paseando al perro con un hombre de caucho negro desvanecido en la playa y, al ayudarlo, el encuentro casual cambia su vida bajo el auspicio de un amor taladrado por los mitos mediterráneos. Tanto es así que en un pasaje cumbre, y en referencia a ese buzo italiano llamado Teseo Lombardo, la protagonista declama: «Quisiera morir si él muriera». Según el autor se trata del relato de amor más realista salido de su fábrica. De hecho a mí se me fue el santo al cielo perdiéndome el resto de la sesión por los vericuetos de la actualidad.
Sí, porque, al leer el sentimiento de Elena, se me vino el de Iván
Redondo cuando aseguró no hace tanto que si había que tirarse por un
barranco por su presidente, se tiraría, y que ahora lo que viene
soltando es que Sánchez es pasado y que la próxima mandamás puede ser Yolanda. Dentro del extendido runrún de que el inquilino de la Moncloa se las trae, uno ve estos requiebros y piensa en dónde estaría si fuese una hermanita de la Caridad. Ana Rosa tampoco se anda por las ramas: «Sánchez no puede salir a la calle; es un personaje muy
antipático para la sociedad». Ignoro qué le pasa a esta mujer pero
algo en la comunicadora se ha agriado ya que no hace más que
enfrentarse y desterrar colaboradores. Yo la visito fugazmente por si
las moscas.
El caso es que, tras el baño de hermanamiento que el antipático se dio entre los suyos, se aprecia en él una tendencia a la distensión siempre, claro está, que no haya cabras de por medio. Hasta el difícilmente digerible Otegi le ha echado una mano al pedirle a Felipe, dentro de la escabrosa pirueta emprendida en el aniversario del fin de la violencia, que asuma la responsabilidad de los Gal, por lo que es posible que el jarrón chino no diga ni mu. Pese al tono, Sánchez mira que es avieso y al poco de iniciar sus parrafadas está citando a Ayuso para desesperación del jefe de ésta, al que cada día se le nota más fuera de sí. Y es que ni siquiera para Ana Rosa cuenta el pavo.

La desatención

A su modo, todas las franjas de edad han sufrido lo suyo con la
reclusión y las restricciones. Al menos en eso hay casi unanimidad.
Centrémonos en la de los mayores. Se baraja administrar al mismo
tiempo la vacuna de la gripe y la tercera dosis correspondiente al covid a quienes superen los setenta al tiempo que no hay Dios que sepa a estas alturas cuándo se pondrán en marcha los viajes del Imserso que
acumulan un par de meses de retraso sobre el horario previsto. Ya ven.
De pinchazo en pinchazo.
Y eso tampoco es vida. Tan importante son las inyecciones como las
distracciones y, a este paso, los concernidos solo tienen garantizado
socializar con el cuerpo de enfermería, que no es manco, pero que
bastante tiene ya con el tute que viene metiéndose como para darle más bola a la legión entrada en años que necesita volver a respirar. Mi
intención no es epatar pero, tal como camina esto, les sugeriría algo de yoga.
Sí, porque hoteles que acogen las populares estancias ideadas para
compensar el callo que se les ha hecho a los jubilados tras toda una
vida laboral están en la costa preparándose para echar el cierre
puesto que el envío de cartas a los disfrutones no termina de arrancar
pese a la adjudicación hace nada del programa, que cuenta con la
espada de Damocles de otro recursito sobre la sien. Los balnearios, esos centros termales que albergan tomas de relax, andan atacados al haber sido de los establecimientos más castigados por la pandemia. Es que además el asunto ni es novedoso ni tiene pizca de gracia. Son unas
cuantas las temporadas en que los beneficiarios llevan sufriendo la
desconsideración por el lío del montepío instaurado en torno al
concurso público. En la última, la 2019-20, también hubo jarana con la
adjudicación, los licitadores y el descontento de los hoteleros de fondo puesto que no se conforman con lo que rascan. Pero al final se
solucionó en plazo por una simple razón: había elecciones el 10N y no
era plan de que, a los que se presentaban con aspiración de renovar
cargo, un empute así los mandara donde imaginan. En este caso sí que
bien lejos.

Otra dimensión

Los abuelos ejerciendo de tales son para echarles de comer aparte. Les
supongo al tanto. Conozco a uno que, con un par de nietos creciditos, los llevó a un parque de estos de distracciones y, a la hora de comer,
dijo tras pedir los críos que también quería el menú infantil. El
camarero se quedó absorto, sin saber qué hacer, pensando por qué ha
tenido que tocarme a mí. Cuando logró salir de su asombro, elevó
consultas y al regresar escrutó al setentón al que respetuosamente
deslizó: «Me han dicho que, como usted comprendrerá, no está en edad
de…».
Hay otro que, desde que se ungió, antes de dar los buenos días te
pregunta si vas a consagrarte, a lo que durante la intemerata he
contestado que era algo que no me ocupaba ni mucho ni poco. Y, claro,
ha sido enfatizarlo tanto que no ha venido uno, sino dos a la vez. Pau y Soan. Pau es Pau y Soan en hebreo es «gracia», «estrella» en árabe y en hindú… Hay unos pocos miles de Soan en el mundo pero ninguno como
el nuestro. Los hermanos tienen quince días, llevo seis con ellos y en
ese tiempo le he perdido por completo la pista a Ferreras, ignoro si
efectivamente se ha confirmado que el ínclito Toni Cantó fue quien
descubrió América y no tengo ni la más pajolera idea de si este fin de
semana reaparece o no nuestro goleador por excelencia. En fin, que de
golpe he inaugurado una nueva vida.
Los miro y no me canso. Mi ayer, mi hoy, el mañana. Una forma
tierna de trascender como no debe haber otra. A uno de ellos le ha dado por agarrarme el índice con fuerza y no lo suelta. Para qué quiero más. Me clava la pupila y sé que aún no distingue, aunque el que ha perdido la noción de lo que le rodea es el que tiene enfrente. Preparados a fin de dar su primer paseo en cochecito conduzco como si de una alfombra mágica se tratara. Nos saluda Merlín. Ni Chanel nº 5 ni fragancia de marca alguna, el inconfundible olor a bebé es el que de veras penetra. Toca baño, se estiran y ofrecen nítidos signos de relajación… pero, disculpen, que he de dejarles. Uno se me ha meado encima. Mayor felicidad no cabe.

Nuestra película

Tras proyectarse en Venecia, una página web recogió críticas
diseminadas por ahí de la última peli de Almodóvar. Para «Variety» se
trata de «lo mejor que ha hecho desde “Todo sobre mi madre”. Una pieza descaradamente seria, tan honestamente esculpida y emocionalmente realista que no hay distancia entre el público y lo que pasa en la pantalla». Según David Rooney, en «The Hollywood Reporter», «no alcanza las capas intrincadamente entretejidas de sus mejores trabajos, aunque nunca deja de ser fascinante ahora que el director entra en la quinta década de una carrera que sigue sólida». Stephanie Zacharek, crítica de la revista «Time», finalista a los Pulitzer y casada con un crítico cinematográfico, o sea que debe desconectar
poco, subraya que «en sentido histórico es la cinta que ahonda más de
lo habitual en el dolor del pasado de su país trazada con infinita
ternura». Cerremos el recorrido en el Reino Unido, ahora que tantas
fatigas pasan para que el personal se acerque, donde «The Guardian»
detecta «una película turbulenta en “Madres paralelas”. Sus
ingredientes no siempre encajan, pero es tan generosa de espíritu que
quejarse sería una grosería». La propia página en la que me hallo
advertía que había que esperar al estreno en España para saber la
opinión de Boyero. Ya está, aunque se suponía dado que han convertido el encono en un clásico: «Después de “Volver”, todo su cine me parece impostado y la nueva me provoca tedio además de ser oportunista». El colega me mata y me gusta cómo escribe; el cineasta no me mata salvo en tres/cuatro de las suyas y me gusta cómo filma. Al critico que más cobra le da igual que sus análisis no sirvan de guía al lector y al cineasta más internacional le cuesta asimilar que un pavo no le haga la ola. Sin embargo, algo me dice que ambos están orgullosos del papel que representan. Y los espectadores ni les cuento. Cuanta más sangre mayor es el deleite. El resto del orbe alucinará al no haber escarbado lo suficiente. Pero a ver si se enteran de una vez. Eso somos
nosotros.

La semilla engendrada

Tras adaptar la novela de Cercas «Las leyes de la frontera», lo ha dejado caer Daniel Monzón con motivo del estreno en cines: «No
recuerdo una Transición gris, sino una etapa llena de vida». Lo
compro.
Fueron años de efervescencia, un tiempo repleto de sueños y
quimeras por alcanzar, en el que mentes de nuevo cuño tomaron las
riendas para una transformación en la que se respirara de otro modo.
Aunque no en la misma dimensión, el impulso se propició en cantidad de ámbitos. Un joven de aquellos adquirió su primer periódico en el curso que el escritor sitúa la novela y pocos abriles más tarde se atrevió con una cuota robusta de diarios provenientes del Movimiento que,
sacados a pública subasta, editores de tronío con no pocos trienios a la espalda dejaron escapar. Poco a poco el mismo emprendedor que viste y calza fue sumando cabeceras hasta formar un anillo periférico con un
músculo de aquí te espero. Hoy casi nadie da crédito a que vaya a botar una nueva embarcación en medio del tornado y nada menos que en
Madrid. Pero el verdadero riesgo fue el desafío afrontado en los
ochenta, lo de esta ocasión podría decirse que en el fondo no es más
que cerrar el círculo. O no.
El pasmo en torno a la época elegida para la salida de «El Periódico de España» se halla tan extendido que, cuando Javier del Pino aludió en su cabalgata fin de semana a una flagrante temeridad, Peridis intervino y situó la acción con su plácida sapiencia: «No, porque el grupo tiene unos cimientos sólidos. Bueno, es como los tabonucos, unos árboles que en el Caribe se juntan para aguantar los huracanes. Los de alrededor caen, pero los tabonucos no los arrancan porque han formado unas retículas todas las raíces». En una travesía de décadas, a periodistas de la casa repartidos en diversos confines les han dicho de todo por indagar hasta los tuétanos dentro de la innegociable independencia con la que han contado pero, que recuerde, jamás nadie los había tildado de algo tan fuerte y pegado al terreno como es llamarlos tabonucos. Francamente ya era hora.

Fenómenos imprevistos

La mayor ilusión del nieto era conocer el Wanda en su salsa y el
hombre se puso manos a la obra pese a que no estaba fácil ni de lejos.
Emiliano, el marido de la periodista Asunción Valdés, anduvo este
agosto mira que te mira el móvil por ver si al fin recibía la notificación para poder acceder a una localidad y eso que lleva a gala ser uno de los socios más antiguos. No sé qué ocurre pero sin darme cuenta cada día voy rodeándome de más colchoneros. Crecen como setas y existe por ahí la creencia de que el «aggiornamento» de un club como el culé al credo independentista ha hecho que en no pocos rincones se haya producido cierto trasvase dado que hay algo indeleble que les une: ese merengue, ¡oé!.
Yo no me lo creo porque transitamos bajo la premisa de que
solamente de equipo es de lo que no se cambia, tal como reflejó la
memorable escena de «El secreto de tus ojos» que condujo a la pista de
un salvaje crimen difícil de resolver. Pero supongamos que este
fenómeno imprevisto se ha activado. ¿Qué ocurrirá con aquellos que
comulgan con el City porque en su estilo marca Guardiola radica la
esencia del mejor Barça conocido y por conocer? ¿Qué pasará ahora que se ha sabido que, quien hizo un llamamiento a los demócratas del mundo mundial para que los apoyasen en los derechos amenazados en Cataluña, regularizó el «money» acumulado en Andorra acogiéndose a una amnistía fiscal otorgada nada más y nada menos que por el pepé? Madre mía, qué tinglado. A este paso hay a quienes van a faltarle equipos en los que refugiarse.
Ningún estruendo fue óbice para que cuando el prócer del clan recibió en el último instante entradas para ir con su hijo y el de éste a la cita del sábado se convirtiera en una criatura la mar de feliz. Coincidió además con el retorno masivo por lo que se retomó el ambiente de las mejores ocasiones hasta el extremo de que el chaval que cumplió un sueño sigue al parecer sin bajar de la nube. También es cierto que no es el único. Está Koeman; Pep, no tanto.

Boris Johnson al desnudo

Lo cuenta «The Sun». Al ver el panorama, Cristiano Ronaldo,
concentrado en la previa de Champions, decidió enviar a dos de sus
empleados a la gasolinera cercana a su nuevo domicilio para que
alimentaran el depósito del recién estrenado Bentley de más de 250.000
euros. Los curritos pasaron cerca de siete horas y se volvieron de
vacío porque no apareció camión cisterna alguno. El portugués sí
solucionó otra papeleta en el último suspiro después de que los de
Emery tuvieran tarumba a los «red devils» y de que, en medio de la
triple crisis que atraviesa el Reino Unido con el canguis a rebrotes del virus combinado con el aumento de la inflación y el interruptus en la cadena de suministro de combustible, Boris Johnson concediera una
entrevista en la que se desnudó al reconocer por primera vez que el
que tendrá en diciembre será en realidad su séptimo hijo tras el que
trajo al mundo –bueno, ella– el año pasado. Un campeón.
Cameron y él han sido los encargados de plasmar el aserto de
Churchill, quién si no: «Estamos en Europa, pero no en ella. Estamos
vinculados, pero no comprometidos», lo que en manos del actual
mandatario podía representar un «cacao maravillao» teniendo en cuenta que el libro de familia ya le cuesta ponerlo en orden. Proclama que la crisis energética es mundial, y por increíble que parezca escuchándolo de su boca es cierto, pero lo que obvia es que, al cerrar puentes, el territorio se ha quedado sin quien le siministre, los transportistas han dicho que el visado se lo meta ahora donde le quepa, está dándole vueltas a ver si hace un erasmus en el ejército para el reparto y la escasez de mano de obra por las restricciones migratorias de esa ocurrencia que llevan grabada a fuego colapsan otras áreas. A este paso, y de cara a las navidades que se presagian, corre peligro hasta el consabido pase de «Love Actually». Sobre lo suyo, en cambio, no colocó barreras de ningún tipo: «Aunque da mucho trabajo es fantástico compaginar la paternidad con el cargo y eso que cambio muchos pañales». Criaturas.