El exmandamás del ceneí, Alberto Saiz, dijo en el último «Salvados»
que cuando llegó al cargo se topó con una «situación insostenible» de
chantajes, a resultas de los cuales se le pagaba a mujeres para no
hablar de su relación con el entonces jefe del Estado. En cuanto a
Bárbara Rey se refiere aseguró que «recibía contratos de trabajo en la
televisión valenciana a cambio de silencio». Admitámoslo. Aquí sí que
Canal 9 alcanzó una cuota relevante.
El detonador del affaire denunciado por el hombre al que puso en
ese puesto Pepe Bono en contra del deseo de don Juan Carlos,
partidario de mantener a Jorge Dezcallar, fue la prevista aparición de
la actriz en «Tómbola» que nunca se produjo, tal como recoge de modo
pormenorizado «Ciudadano Zaplana. La construcción de un régimen
corrupto», libro del periodista Francesc Arabí. Con anterioridad, el
productor del programita ya había contado que recibió una llamada del
director Sánchez Carrascosa y de la jefa de Medios de la Generalitat,
Vea Reig, conminándole con que, de salir esa señora un segundo en
pantalla, «cortamos la emisión». La vedette fue retenida tras amenazar a grito pelado con irrumpir en el plató, le dijeron que se embolsaría los 12.000 euros, pago que se mantendría con Camps pilotando el libre
albedrío a lo que hay que añadir «En casa de Bárbara», espacio de
cocina en el que a cambio de cinco millones la susodicha se comprometió a no utilizar picante alguno.
No son pocas las voces relevantes para las que «los españoles
merecen unas palabras de explicación de don Juan Carlos», una vez que
Abu Dabi es la capital de su reino. ¿Y qué va a explicar? Desde que se
produjo la fuga viene vomitándolo Pepe Sacristán que algo sabe de
representar un papel: «Siento una ira profunda. El desenlace de
aquella película que empezamos a rodar en la Transición no puede ser
más lamentable». Te pones a repasar la historia y te sale que, el que de verdad corrió peligro haciendo frente en su desempeño a contínuas
amenazas con todo lo que tenía encima, no fue otro joder que Ángel
Cristo.
Mes: noviembre 2021
Vaya con el viajecito
Conozco a un par de parejas que tienen previsto irse por primera vez
juntas a un viaje del Imserso. Empezaron a hablar de la cuestión allá
por julio y se ilusionaron con los posibles destinos sobre los que
apenas tardaron en ponerse de acuerdo: Menorca, Ibiza o bien Las
Palmas en función de la oferta. Como una de ellas debía ausentarse del
domicilio a mediados de septiembre, la otra quedó encargada de vigilar
el buzón propio, dar la voz de alerta si llegaba la comunicación para
efectuar la reserva prevista para aquellas fechas y poner el
dispositivo conjunto en marcha. Así llevan desde entonces puesto que
en torno a las esferas gubernamentales ha venido deslizándose que al
mes siguente saldrían los envios para los beneficiarios. Ni han salido ni los solicitantes se atreven a moverse.
Uno de los cuatro se encuentra pendiente de una complicada
operación, lo cual es un tanto por ciento muy moderado al punto que no debemos descartar que durante la eterna espera hacia la isla que
finalmente fuese se cruce alguna otra dado que el plantel completo
anda sumido en consultas varias. Otro de los pacientes del cuarteto
fue en su día un escolar que, en cuanto llegaba la hora de la excursión programada del curso, su ansiedad por acudir era de tal grado que siempre caía enfermo. La ventaja ahora es que son tantos los achaques que angustiarse es inútil.
Los hoteleros están al borde del síncope. Lo que les corresponde
del programa consideran que es indignante y docenas de
establecimientos que en estas fechas se nutren de él han cerrado hasta
primavera dado que el último barómetro apunta a que los inscritos no
podrán cumplir con el rito anual hasta finales de febrero. La parte
contratante de la parte contratada deslizó que las precauciones por la
pandemia es lo que ha retrasado el operativo pero no han insistido
porque saben de sobra que se les ve el plumero ya que no es la única
ocasión en que se monta todo este baile. Mira eso que nuestros mayores
se llevan por adelantado, tanto quejarse.
Toda una consagración
Sobre ocho años atrás un párroco de Monforte del Cid se negó a que una niña con discapacidad realizara la catequesis e hiciese la comunión y el Obispado de Orihuela-Alicante lo respaldó bajo el argumento de que lo sucedido «responde a una disposición que requiere que los niños
comprendan el sentido del sacramento». Cualquiera que vaya al
Evangelio según San Mateo 18, 1-4 se encontrará con la siguiente
escena: «Los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle quién es
allá el más grande; Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y
dijo si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el
Reino de los Cielos». Es lo que tiene estar al frente de una
organización que, en cuanto bajas la guardia, no hay Dios que valga.
En otra localidad, un pastor de la palabra del Creador le negó a un
homosexual ser padrino en el bautizo de su sobrino por «vivir en
pecado» y el hecho de que el afectado se declarara católico no levantó
el «aparjei». No muy lejos en el mapa del episodio anterior ni que decir tiene que un cura se negó a bautizar al hijo de dos divorciados al considerar que no eran «garantes de la fe». Nadie puede dudar, por
tanto, que la institución eclesiástica se rige por unas normas. Las
mismas que posibilitan acoger misas por el alma del Caudillo porque, a
diferencia de la cría de Monforte, aquí sí que todos los participantes
tienen claro el sentido del sacramento y que la bendición de la Iglesia nunca les falta.
Tales preceptos han puesto en un brete al presidente del pepé por
entrar en una ceremonia en recuerdo del difunto 20N al que la Iglesia
permite que se rece en sus dominios puesto que debe considerarlo todo
un garante de la fe y de la que el amigo de Cayetana y de la lideresa
no se ausentó y mucho menos denunció ni condenó con posterioridad tras haberse topado sin saberlo, según el partido, con un acto de
exaltación a quien rigió el destino del país, mínimo de forma
antidemocrática. Ha sido un gran ejemplo. La moderación de Casado, que es superior a sus fuerzas.
Fue bonito mientras duró
Sería una de estas últimas desquiciantes primaveras. En cuanto pude le
escribí a Rosa, un lujo de amiga: «Pon “Mundo Babel” en Radio 3. Se
reconcilia uno con uno mismo». Son sábados que, al terminar de nadar,
en lugar de zambullirte en exigentes debates te dejas llevar por una
atmósfera armónica salpicada de delicias varias. La fórmula ha llegado
a su fin.
Y lo digo por el sello tan extremadamente personalista de su
conductor en los veinte años que unos cuantos cientos de miles hemos
disfrutado con el galán. Fíjense si lo será que, durante su mes de
vacaciones, el espacio emitía cuñas advirtiendo que no era el suyo.
Juan Pablo Silvestre formó en su día parte de una banda –musical, en
este caso– y desde los noventa la radio pública le ofreció un programa
tras otro. En aplicación del proceso de jubilaciones marcado en el
convenio colectivo le ha llegado la hora a unas cuantas voces
históricas pero ha sido la suya la que, a los 73 tacos, ha clamado al
cielo: «Yo no me despedí, no tenía por qué, era un programa más y han
dejado a una comunidad de oyentes que se sienten húerfanos, engañados. Es una política de descapitalización de talento, conocimiento y experiencia». Que las nuevas generaciones, a las que el modo natural de sucesión abre paso, no tienen, ¿verdad, hijo mío?
Coincidente en el tiempo, a Buenafuente no le han renovado el
programa. Debe haber varias claves. Una que, con tanto trasiego, ya no
sabe dónde vive e igual quería menor frecuencia. Pero estoy por
asegurar que algo le dice a este inconformista que aquello no da más de sí. Su forma de afrontar la desconexión ha sido: «Ahora hay que estar agradecidos con los que han hecho posible Late Motiv y con los que lo han disfrutado. Lo hemos dado todo. A por el próximo reto». En su ausencia no solo no se ha desmarcado de quienes lo sustituyen sino que ha creado una escuela de payasetes de alta alcurnia. Por eso tiene
mérito lo de Silvestre. Porque, siendo como demuestra ser, ha logrado
cautivar con un espíritu opuesto el jodío.
En pleno dale que te pego
El Cis ha sacado a la luz datos obtenidos en torno a las relaciones
sociales y afectivas en la época más dura del confinamiento de los que, al introducir la variable política del recuerdo de voto, se
extrae que quienes metieron en la urna la papeleta del pesoe o la de
Podemos fueron los que más se masturbaron. Ahora bien, sobre si eso es buena o mala señal de cara a las próximas ni mu lógicamente. La cocina onanista, que no es moco de pavo.
En ciertas reseñas se vislumbra de fondo la querencia a endosarle un trastorno al mandamás actual de dicho organismo cuando no es la
primera vez que este realiza una encuesta acerca de actitudes y
prácticas sexuales. Tengo a mano, con perdón, la que se llevó a cabo en enero de 2008, que fue todo un monográfico al respecto, siendo director del controvertido centro el profe universitario y politólogo, Fernando Vallespín. Aunque no dispongo del histórico completo para saber con qué otros sondeos contamos en el campo de las relaciones íntimas con sus gozos y sombras correspondientes, sí es posible que el más reciente sea el primero que ha espolvoreado el picante del voto sobre el dale que te pego. Nadie va a discutir tampoco que, a Tezanos, la marcha le va.
Pero una vez que hemos probado esta nueva sensación yo animaría al
Cis a que siguiera facilitando ese factor conforme vaya acercándose la
cita electoral y, de ese modo, deduciremos en cuanto se sepan los
resultados si ponerse uno mismo a tono es señal de satisfacción o de
descontento hacia nuestros colores. Con vistas a la próxima entrega,
una vez que Enrique Arnaldo viene frotándose a sus anchas en el puesto del Constitucional, no estaría de más conocer si los seguidores del gobierno coaligado vuelven a imponerse en la práctica en cuestión,
siempre que el trabajo de campo condujera hasta el cómo y el porqué:
si con mayor fruición, para olvidar… o nos topamos con que, a
consecuencia del sapo ingerido, no hubo forma. En cuanto se venía a la
cabeza el miembro de marras, más se encogía el campeón.
La persecución
Escucho a Óscar Aibar detallar cómo se le vino a la cabeza contar la
historia que relata «El sustituto» estrenada a finales de octubre: «Fue hará diez, quince años. Un verano acabo en un bar de Calpe, me fijo en la pared de fotos de famosos y veo lo típico, una pequeñita en color con seis personas vestidas de la SS y la Wehrmacht, peinados muy
sesenteros, pienso que es un rodaje, pregunto y me dicen que no, que
son los alemanes que viven en Dènia. Y ahí se abre la caja de Pandora». Se calcula que fueron unos cuarenta mil los que no necesitaron refugiarse ni en Paraguay ni en Uruguay sino que se quedaron a tres horas de vuelo a Berlín, amparados hasta mucho después que expirara el régimen del Pardo y celebrando tan ricamente entre nosotros la «Fiesta de la primavera» coincidente con el cumpleaños del Führer. Para felicitarnos no parece.
El sustituto policial que llega y agua la verbena es Ricardo Gómez, el popular Carlitos de «Cuéntame», que ha debido hacer un ingente
esfuerzo a fin de dejar atrás tan prolongado desempeño, algo que se
halla en vías de lograr con papeles de enjundia también sobre los
escenarios, a diferencia de los esbirros del Tercer Reich que no cambian ni en broma. Aún hay paisanos a quienes irrita que se
rememoren hechos así –no digamos ya que se subvencionen– y no que
sucedan. Más ahora que, en el hemiciclo de San Jerónimo, los fans de
esos uniformados están que lo petan.
Sin embargo yo me volví loco para poder verla y sigo sin conseguirlo. Dos meses atrás no me costó nada acudir a la «mejor película francesa del año», que uno se pregunta cuántas caben bajo ese paraguas y, una vez vista, solo piensa en cómo será la peor. Bien, pues la realizada sobre nazis en la costa, además de contar con pases en su mínima expresión, aparece y desaparece de salas sin que nadie descuelgue el teléfono cuando corresponde para facilitar alguna pista, hasta el extremo de preguntarte: ¿Estarán ellos detrás? De modo que tiene toda la pinta de ser fidedigna. Cuesta más echarle el guante a la peli que a los mendas.
Una vuelta por el orbe
En el instante en que voy a meterme con esto entran Ayuso y Almeida en la Almudena y se ha oído murmurar a la virgen: «¿No podían darme algo más facilito?».
La verdad, Señora, es que ¿será por encargos finos, filipinos? Ya está aquí el nuevo impuesto de plusvalía después de que el Constitucional tumbase el anterior por lo que el contribuyente ha disfrutado durante unos cuantos días de un oasis en el que vender o heredar ahorrándose el tributo. Sí, ese que el propio alcalde de Vigo y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias venía advirtiendo desde tiempo ha que era preciso revisar porque algunos de sus componentes olían, pero donde el alto tribunal se ha dado prisa en resolver que, para el pagano, no tiene efecto retroactivo. ¿Lo ve, Señora? Si en este órgano reside nuestra salvaguarda, que venga Dios y lo vea.
Y como no todo van a ser las fatiguitas que le quedan por pasar a
Casado para mantenerse en el púlpito de la confesión a la que
representa, también está el caso del jefe militar que, cuatro meses
después de retirarse, ha sido contratado como asesor por una empresa
armamentística a la que durante su generalato favoreció con un
suculento contrato y sobre cuya peripecia los grupos mayoritarios del
Congreso prefieren lavarse las manos. Pues, claro, todo por la patria
como bien reza el lema.
¡Uy! Ahí quería llegar, al concepto de patria esgrimido por Xavi
Hernández durante su estancia en Qatar, sobre suyo régimen dijo: «El
sistema aquí funciona mejor que allá» Comparándolo con el del Barça,
es probable. Pep no solo lo pondera sino que a su estilo profundiza
para encumbrarlo al tiempo que se lo lleva crudo sin necesidad de vivir siquiera en el Golfo Pérsico. Yes, Alá es grande.
Tras un recorrido así hagan el esfuerzo de volver a lo de Madrid,
sin poder evitar en mi caso acordarme de la antropóloga Natassja
Martin atacada por un oso: «Mientras me mordía la cara podía ver su
boca, fue horrible». Pues, eso. Imagínense cómo debe estar pasándolo
el madroño.
El circuito completo
Uno de mis guías favoritos en esto de retratarse a través de los
escritos me conminó a que nunca dejara de desnudarme. He recordado el trance al ver a Mercedes Milá entrevistando a quienes fueron sus
invitados para dar una vuelta de tuerca al circuito completo. Se nota
que arrancó cubriendo carreras de motos.
Iniciamos la andadura en la misma redacción. Junto a otras
pioneras, se introdujo en el periodismo deportivo, tan masculino él, y
poco tardó en ponerse ante de las cámaras con su juguetón estilo, ese
que le ha llevado a retomar historias con mucha miga. Frente a Massiel
son dos leonas. La ganadora de Eurovisión detalla cómo el año
siguiente se lo pasó sin salir en la tele, proscrita, hasta que se decidió a escribir a Fraga trasladándole la angustia. Fragmentos de vida intensa, de compatriotas triunfadores que no obstante han pasado
lo suyo y que muestran las pulsaciones de un tiempo, de un país con
telarañas.
El pulso entre dos devoradoras sube de tono al hilo de que la
cantante manifestó que José Sámano fue el hombre de su vida pese a
estar apenas tres años con él cuando a renglón seguido fueron veinte
los que la presentadora compartió con el productor de postín. Es un
diálogo rebosante de ternura que se reproduce en el capítulo con Lola
Herrera después de que la actriz deje patidifuso al espectador que no
lleva la cuenta al señalar que jamás la han llamado de un teatro
público, en privados toda la trayectoria. ¡Jesús, qué dislate! Entonces es
cuando reseña su admiración por Delibes y su predilección por Sámano –tranquilos, que no tuvo nada con él y otro que desfila, José María García, creo que tampoco– a quien invoca antes de cada función tras llevarla de la mano en «Cinco horas con Mario». Pero la expresión a tener en cuenta es la de quien escucha sin mover un músculo dejando a la intemperie que, aún con el tiempo transcurrido, no lo ha olvidado.
Desnudarse es poco, ella hace lo que quiere. Bien se pega una serie con el perro o, si se ve tocadita, transmuta al medio y lo convierte en su terapeuta.
La estela que perdura
No, no pude ir al camposanto donde reposa desde julio y tampoco es que haya hecho falta para tenerla presente al despertarme o bien entrada la noche, en los paseos junto al mar o al ir a llamarla como
habitualmente y dar un respingo poco antes de marcar. Aún sin poder
cogerlo, está. Y tanto que está.
Pervive en la elección de Jonás Trueba, de los Trueba de Billy
Wilder de toda la vida, al considerar a Barbara Stanwyck su
predilecta. En opinión de todos los que la conocieron, mi madre era
clavadita a la actriz nacida en Brooklyn a principios del XX. En el
repaso de fotos con la estética formal de los años cuarenta uno
advierte en la expresión de quienes la acompañan que, al fijar su
mirada en aquella risueña joven recién salida quizá de echar horas en
el departamento de García Vinuesa, parecen preguntarse qué hace ella
aquí si se ha puesto en marcha «Perdición» por las colinas de
Hollywood. Antes de convertirse en un clásico muchos planos afrontaron por esa época su buena peripecia en una casa que mezclaba la arquitectura española con el art decó y en la que Fred MacMurray y
Eduarg G. Robinson dieron la réplica bajo la atenta mirada de
vigilantes a los que hubo que contratar porque en el todopoderoso
gigante tampoco se libraron del racionamiento ni de algún que otro
intento de robo.
Para el realizador de «Todas las canciones hablan de mí» su
intérprete favorita «es casi un género en sí misma». No sospechaba que
conociera hasta tal extremo a la señora Eloisa, con ese manejo de un
compendio de suertes que la llevó como a tantas otras a ser capaz de
hacerse a treinta años de viudedad tras más de cuarenta con su Paco.
Recordándola me dispuse a ver «Belle Époque» no solo por el racimo de
emociones que transmite, sino porque el director comentó en su día que el rodaje resultó de lo más «armónico» en línea con la atmósfera que una de las Stanwych –la que mejor conozco– se hartó de propiciar en sus dominios sin darse importancia de ningún tipo. Bárbara, ya les
digo.
¿Qué pensarán de sí mismos?
El alcalde de La Nucía está encartado por inmunizarse en una
residencia de su localidad cuando aún no lo habían hecho ni los
mayores ni el personal del centro, mientras que las diligencias abiertas a otros cargos públicos no han tenido mayor recorrido por llamativas que resultaran. Pero déjenme que fije la atención en los mandamases de El Verger y Els Poblets, casados entre ellos, tal como tituló un digital en el arranque de este año que, al igual que el anterior, dificilmente olvidaremos.
Ambos deberán comparecer ante la jueza para explicar por qué se
vacunaron contra el covid sin que les tocara. De mantener lo que
esgrimieron dirán que para que no se estropeasen las dosis. En aquellas primeras escaramuzas las imágenes con las que en general se ilustró lo sucedido fueron las de un dueto desenfadado, confiado en su actuación y hasta risueño. En cambio las que acompañan a los actuales capítulos, pese a ser igualmente de archivo en su mayoría, muestran a la pareja con la expresión perdida y un semblante incluso cariacontecido. Parecería que la instantánea ha sido tomada en el plano preciso en que se certificó que la denuncia de la Fiscalía los ha conducido hasta el estrado. Y no es así.
Habría que ver en qué estadio se encuentran. Después de constatar el esfuerzo realizado por colegas de las administraciones, profesionales sanitarios y demás participantes en un operativo que salvo excepciones ha funcionado como un reloj y del ansia de los afectados que somos todos por recibir el mensaje con día y hora para empezar a sacudirse angustia ¿siguen creyendo que se comportaron como debían? ¿Que en el golpe ejecutado al unísono, con lo difícil que resulta a los convivientes coincidir al cien por cien en los pasos a dar, no se sintieron más listos que nadie? ¿No creen que ha pasado el suficiente tiempo para reconocer lo que cualquiera ve? ¿Ni les parece que han podido dejar de contar con la confianza de aquellos con quienes se cruzan? Si piensan que les miran igual, les convendría pasar pronto por el oculista no vaya a ser que tenga que darles cita.