Lo tenía todo bien calculado. Plantarme en el cortinglés en cuanto
abriera y hacerme con las entradas de Serrat que a esa hora salían a la venta para los conciertos previstos. Objetivo: sillas en la primera fila. Ignoro cómo se me habían adelantado unos cuantos, salvo que hubiesen dormido dentro. Pronto la realidad nos despertó de un
plumazo: el sistema ha colapsado.
Enseguida pensé en las mafias de la reventa, resulta inevitable. El
atento personal asegura que nanay, que antes sí pero que la limitación
en el número de adquisiciones lo evita. Tras una hora de pie elocubro
acerca de que fijo que existen grupos parainformáticos que se
distribuyen el territorio y que con su dominio de la cosa tomatosa
controlan lo mollar, tan virtuales ellos. Insisten en que no, que esto es normal y que, en cuanto aparece por medio el elenco de indiscutibles que va desde Nadal hasta los Stones, es la leche. Y tanto porque me vuelvo a casa, enciendo el chisme, me conecto, consigo acceder tras unos cuantos intentos y es entonces cuando va el operador que me suelta: «Estás en una cola de espera, te encuentras en la posición 27556». Por lo menos es precioso para el sorteo del próximo 22… ¡Qué número, Dios mío! Y yo pensando en decirle adió desde un lugar privilegiado. Seré imbécil.
Lo que es el marketing. Ha sido propagar durante cuatro días que se
retira de los escenarios y montarse la mundial. Hay ciudades que se
plantean duplicar cita. A este paso, y con localidades que oscila entre los 40 y los 100 euros, la verdad es que vamos a dejar al Nano
bien «apañao». No es poco lo que él nos ha proporcionado: le dio alas a don Antonio Machado; restituyó a Miguel en el nombre de la elegía y la dignidad; cubrió de lazos los puentes con Latinoamérica; alzó la voz contra los intolerantes; te susurró al oído junto a la mujer de tu vida y, de remate, ha podido con el sistema. Ahora bien, como se le ocurra promover otra gira después de esta, va a ir a verlo la madre que lo parió… y yo.