En el nombre de la destreza

Camino de los 63 tacos se resistió en julio de 2015 al nuevo reto
profesional que acababan de proponerle, pero dejar pasar barcos
cargados de formidables desafíos no forma parte de su adeene. Así que
aceptó abordarlo. Y, aunque se invistió de Autoridad portuaria sobre
finales de septiembre, el agosto aquel se lo pasó buceando sin parar
hasta escrutar el último extracto del libro de navegación que
convendría aplicar por lo que a la toma de posesión se presentó con la
hoja de ruta ya enjaretada. Este es el personaje que han conocido a
base bien los diferentes despachos en los que ha llevado el timón.
Ojo, pero Juan Antonio Gisbert no solo se ha puesto al frente de
trasatlánticos sino que también ha impartido clases y ha escrito
artículos completando durante varias temporadas una serie en la que
tomó el pulso a las recetas económicas administradas y avisó de lo que
podía venírsenos encima destacando la seriedad y el rigor que
espolvoreó en una tarea a la que se aplicó con la misma determinación que si fuese la que debía darle sentido a su existencia. De ahí que
resultara tan doloroso para él asistir desde la barrera a la forma en que sus continuadores maniobraron al frente de la Cam hasta abocarla al siniestro total, cuando bajo sus directrices alcanzó las mayores cotas de rendimiento, provocándole el «cajericidio» un rictus de desazón que, cada vez que retornan esas páginas, lo remueven por dentro.
No se puede olvidar que donde ha puesto el acento a lo largo de su extensa trayectoria ejecutiva ha sido en armar equipos de fiar,
convertidos en exponentes marca de la casa. De esos en los que disentir con sustancia se considera prueba de lealtad. Es la ventaja de tener la cabeza sobre los hombros y aplicar al cometido en ruta meticulosidad y esmero gracias al empleo de decisiones sólidamente contrastadas. Los investigadores tienen a mano probar la «gisbertina» como antídoto para combatir cualquier asomo de extravío e incoherencia. No hay más que examinar Alicante para apreciar lo bien que vendría.

Ten un plan para esto

Un menda se acerca a Carlos Mazón y desliza: «No me digas que esto en lo que estás metido no es emocionante. ¿Que tampoco te importaría que lo fuera menos?». Incluso Bonig ha saltado para sugerir ¡Hola, chic@s, qué bien se está sola! Baltasar Montaño, que dedicó todas sus energías al periodismo económico, se hizo la promesa de dejar de currar así a la mitad del viaje y, en la frontera de los cuarenta y cinco, metió los bártulos en la mochila, aprendió a tirar con mucho menos, optó por conocer mundo antes de que la jubilación viniera a verlo y acaba de publicar a los cincuenta un volumen titulado «Sin billete de vuelta» en el que viene a sustentar que «El mejor plan de vida es no tener plan de vida». ¿Lo ves, Carlos? No hay por qué apurarse. Te espera mucho recorrido por delante, otra cosa es dónde.
Sé fuerte, que diría aquel. El trance que te ha tocado a ti y otros pocos es de los que dictamina de qué material anda hecho cada cual. A Ximo Puig le dio por dejarse caer del lado susanista vete a saber por qué y no creo que Feijóo –si finalmente se sube sin bajarse– sea un liquidador de más largo alcance que el avieso Sánchez. Y, sin embargo, ahí tienes al inquilino del Palau: aguardó a que escampase, se centró en lo suyo, dejó que el mapa se recompusiera y apostó por la naturalidad y el sentido común atrayéndose a quien no lo veía con buenos ojos para convertirse en referencia de la baronía periférica hasta el extremo de concitar la atención de la mismísima Ayuso. Con eso te lo digo todo. Lo que pasa es que a ella y a quien la propulsa lo que les renta es hacer saltar por los aires a los suyos, pese a que Teodoro tampoco vaya a quejarse. Por muy malvado que fuera, ahora es toda una leyenda.
Si se administra en condiciones, una ventaja es estar fuera de
Madrid. Fíjense cómo han achicharrado a Almeida que, respecto al
follón, se ha mostrado en el pleno abierto a todo y ya hay quien sugiere que pronto acudirá a «First Dates». En medio de la que hay formada una buena fórmula para tener un plan al alcance es.

De Chanel número 5

Cuidado: «Si hoy se celebrase el Festival de Eurovisión ganaría
España». Es la conclusión de uno de los sondeos que circulan por ahí
realizado en este caso por la apepé My Eurovision Scoreboard entre los
eurofans que nos rodean. Todos no puede hacerlos el cis.
Ahora bien, el próximo que recoja el eco provocado por las
recientes actuaciones, morbo va a tener. A Tezanos, que ya está de
vuelta y con la retranca que se gasta, debe hacérsele la boca agua
fantaseando con la cocina. Ni la escena entre Jack Nicholson y Jessica
Lange en «El cartero siempre llama dos veces» le pondrá tanto. Estoy
seguro de que, si por aquél fuera, daría unos resultados en los que el
pepé arrasa. Sin horquillas, para qué. Con el ciclón que se ha
levantado sobra. ¿Se imaginan la cara de los solistas que llevan la
voz cantante? Qué harían, ¿protestar? Son capaces.
El caso es que La 1 no hace más que airear el viento a favor que
desde su perspectiva se cierne sobre Chanel en un momento en el que
Sánchez puede quedar perfectamente en segundo plano después de
comprobarse una vez más que su suerte, joder, sí que es alargada. Así
que ha sonado la hora de la canción que nos representará el 14-M y no
de Rigoberta Bandini ni de Tanxugueiras porque, aunque no hay que
descartar que entre en liza un congreso extraordinario tras el festival, cualquier gallego que se precie sabe que Feijóo se refugiará en la «terra» tocando la pandereta antes de que se lo trague Madrid por mucho esa hermanita de la caridad que aún la regenta pregone que
es España dentro de España.
A la ganadora del Benidorm Fest le toca gira por Europa donde es
súper conocido Casado por quejarse del reparto de los fondos mientras
escrutaba papeles del espiado Díaz Ayuso en su desprendida
«colaboración» durante los peores tragos de la pandemia. Solo queda
esperar a ver por dónde siguen los viajes. Todo resulta una incógnita,
salvo quizá el futuro de Teodoro. La cosecha de olivas está temblando.

Perdonen que no me levante

Me siento y lo primero que me entra por los ojos es el anuncio de que
Rusia retira algunas de sus tropas desplegadas en las proximidades de
Ucrania. ¡Uf! Como para levantarse. Ni me muevo por si acaso.
Aunque cualquiera es el guapo que canta victoria, las múltiples
gestiones cruzadas y los encuentros mantenidos en el propio Kremlin
pueden haber hecho virar lo que desde el Pentágono se veía inminente.
La intervención española en la crisis está contribuyendo a mantener a
cada uno en su sitio como se pudo apreciar en las imágenes de la
reunión entre Putin y Macron, sentados a unos cuatro metros y donde
nuestra mano aportó gran firmeza y estabilidad. La espectacular mesa
en la que se vieron las caras procede de Alcàsser. Extrañamente,
Sánchez aún no se ha colgado ninguna medalla.
Puesto que el Pisuerga pasa por Valladolid, debe haberle pillado
disperso y con razón. Su candidato, que iba remontando según todos los indicios, ha perdido siete escaños por lo que cabe preguntarse desde
dónde venía. Abascal –que a este paso será el primero en rendir
pleitesía a la representante del mueble valenciano en la otra punta de
Europa– disparó a todo lo que se mueve en la celebración subrayando
que ellos están en la calle. Y lo están. En las instituciones montan
chous pero los fines de semana los utilizan para desplegar carpas en
tela de sitios, dar la vara y acercarse a los caladeros sin ambages
mientras que a competidores de todos los colores no se les ve el pelo.
Aprovechan cualquier excusa, eso sí, para despedazarse orgánicamente
asímismo que da gusto.
El entorno de la diva del chotis y Cayetana dejaron hueco en la
agenda para meterle el dedo en el ojo al jefecito de no alcanzarse el
objetivo y allá que fueron. De cara a la investidura castellano leonesa, el pepé tiene la posibilidad de cogerse a tres de grupos rivales y darles un master en la escuela Casero para enseñarles cómo hay que votar. Y reconozcamos que, con la estrategia impulsada, el futuro de Casado garantizado está de sobra. En Vox, claro.

Démonos un vuelta

Viajemos y tomemos como referencia episodios sonoros registrados en
las últimas horas para avistar lo que nos rodea. Taparse los ojos es
una opción.
Acerquémonos a Estados Unidos. Es inevitable. En un canal
trumpero, la congresista Taylor acusó como sabrán a la presidenta de
la Cámara de Representantes, Pelosi, de regentar una «policía gestapo»
por espiar a miembros del Congreso y en su lugar dijo «policía
gazpacho». Lo extraño sería que situase algo en su contexto adecuado,
de ahí que se les vea venir incluso cuando no asaltan el Capitolio. El
diario «Público» hizo esta referencia: «La inofensiva sopa de tomate
convertida en organización paramilitar». ¡Ojo! Que si lo tomo me pongo
a parir porque el pepino me descuadra el organismo. El modo en que nos alimentamos puede dar paso a animales de compañía algo excitados.
Sigamos con los aliados. En Alemania se ha publicado lo que han
denominado «bochorno por el vínculo del excanciller Schröder al Nord
Stream». O sea, días antes de perder frente a Merkel el mandatario
recibió a Putin, rubricaron un plan para construir un gaseoducto a
través del Báltico, la sucesora lo rubricó, el socialdemócrata entró
en el consejo de la empresa, acusó hace nada a Ucrania de practicar,
claro, «ruido de sables» y la presidenta del «land» a cuya costa ha de
llegar el Nord Stream 2 es de la formación del compañero consejero. Un
desembarco pelín más sibilino que el de Normandía, desde luego.
Y recalemos donde los intereses que urden próceres importan lo
que importan. Aquí, con lo que han reventado las redes es con un
«amor» de Casillas. Se trata de la influencer sevillana Rocío Osorno,
que tuvo dos hijos con Coco G. Robatto y del que se separó al año
siguiente de casarse. Él, hijo del presi de Pescanova, es senador de
Vox clavado a Abascal. El exguardameta, autor del beso que cautivó a
España, ha intentado detener la ofensiva con un twit a la portada de
«Lecturas» en el que dice sobre la relación «Ave María Purísima». No
hay quien lo dude. El gazpacho es nuestro.

Turulato perdido

No consigo quitarme la imagen de la cabeza. Pertenece a una de las
incontables puestas en escena de Casado desde que el alarido sobre las
macrogranjas embadurnó la cita electoral que viene. El coleguilla por
excelencia de Ayuso aprovechó para salir al paso de otro aspecto de la
actualidad: «Lo que pediremos es que la investigación se haga en todos
los casos de pedofilia y pederastia. Que nadie vuelva a poner la mano
en un niño. Vamos a dejarnos la piel para acabar con esta lacra infecta que aqueja a todos los países, pero me voy a comprometer muy mucho en que no afecte al nuestro. El pepé va a ir hasta el final, sea quien sea, lo haya cometido un cura o un político como ha pasado en la Comunidad Valenciana». Lo que me dejó turulato perdido fue contemplar que se refiriera a una cuestión de esta naturaleza, en la que
sobrecoge pensar sobre los momentos de terror pasados por las
criaturas y que al tratarse de la materia que se trata se supone que es preciso por lo tanto abordar con un tacto especial y que lo hiciera
rodeado de jamones por todos lados. Me pareció que los afectados por
tales abusos merecen una escenografía en consonancia con el dolor que
no logran sacar de su interior y no con una magna exposición del cerdo. Pero no sé, seguramente el que tiene el problema soy yo.
Él no tiene ninguno. En octubre del 18, ni tres meses después de
coger las riendas tras doblegar a Soraya, dediqué un recuerdo a
Raphael, aunque tranquilos que enseguida sale el otro. El de Linares
había hecho una parada con 12.000 espectadores en Madrid entre una
turné americana y otra europea cuando el relevo de Rajoy soltó que «la
hispanidad es el hito más importante de la humanidad, solo comparable a la romanización» por lo que rematé así: «A día de hoy es superventas y ha dejado atrás la fragancia destilada por la diabólica loción del pasado. Casado, no; ropopompón, ropopompón». Responda por favor a una pregunta: ¿Cuál de ambos cree que seguirá en condiciones de hacer giras dentro de tres años? Así es, efectivamente.

El viaje de invierno

Entro en la edad a la que mi padre se fue para los restos tres décadas
atrás y sobre la que siempre que he pensado me han venido unos sudores fríos que para qué. Por si fuera poco me levanté no hace mucho de madrugada y miccioné de un color rojo intenso. La buena noticia es que no me caí redondo ni vi pasar la vida en un minuto, lo cual les aseguro que no es un logro cualquiera. Eso sí, a la prueba a la que fui sometido acudí ataviado con antifaz para no ver el tubo que
habrían de meter por el aparato reproductor y con tapones con tal de
ahorrarme el sonido ambiente. Sería sorprendente que no sacaran fotos ni que aún anden descojonándose. Sobre esos mismos días tocó revisión en la planta de cardio y volví a hacer la espera contemplando el vídeo de primeros auxilios que pasan en bucle en el que un hombre cae una y otra vez al suelo. Al verlo siempre pienso: pues no estoy tan mal.
Camino del problemático aniversario me da por meterme en el
cuerpo «Viaje de invierno», ciclo de canciones sobre poemas de Wilhelm Müller compuesto por Schubert, considerado una obra maestra de «enorme belleza para enseñarnos la condición pesimista del ser humano», según especialistas en la materia. Uno que se enganchó fue Samuel Beckett quien confiesa en una carta haber pasado muchas sesiones sin hacer otra cosa que escucharlo «estremeciéndome con el lúgubre viaje». Se trata de 24 «lieder». La tercera pieza lleva por título «Lágrimas heladas»; la novena, «Fuego fatuo»; otra, «Soledad» y hacia el final aparecen «Última esperanza» y «La mañana de tormenta». ¡Madre de mi vida! Ya les digo a ustedes que, de meterse seguidos por el cuerpo estos registros al piano y con un barítino en condiciones, uno que anda suelto por ahí no invade Ucrania ni a la de tres y Boris Johnson declara el 10 de Downing street «house» de clausura destinada al recogimiento y la meditación. A la reforma laboral es lo único que le ha faltado a la pobre.
Así que ya ves, papá. No me esperes todavía que esta feria da coraje perdérsela.

De hallazgos y reacciones

Esto es lo último. Investigadores españoles han desarrollado un test
cutáneo que permite descubrir si la tercera o la cuarta dosis es o no
necesaria en cada caso. Ya saben ustedes que ahora no hay Dios que
sepa qué grado de inmunidad celular tenemos ni cuánto tiempo de la
misma alcanzamos con los pinchazos ni hasta dónde llega la generación
de anticuerpos para los que han pillado el bicho. Bien, pues esto que ha salido a la luz es clavado a la prueba de las alergias. Mide de un modo barato, rápido y sencillo el proceso con lo que, al determinar con precisión quién y cuándo las necesitan realmente, se ahorrarían gran cantidad de vacunas. Olvídense, pues.
Mientras tanto acudo a Josep Corbella, periodista de «La
Vanguardia» especialidad en ciencia y salud, a ver cómo percibe el día
a día este que no se termina nunca y me detengo en su disección: «Aquí
lo importante va a ser el descenso de la ola que, probablemente, será
largo puesto que hemos relajado las restricciones por motivos obvios». Y a continuación me intereso por algunas de las cuestiones candentes
que le plantean desde fuera: «¿Que si yo soy contacto estrecho de un
positivo tengo que hacer cuarentena? En el momento actual en España no se recomienda porque hay tantos, millones vamos, que si todos
hiciéramos sería disruptivo. Pero cada cual conoce su situación
personal y hasta qué punto el contacto ha sido estrecho. No es lo mismo si has permanecido quince minutos en un espacio cerrado, separados por una mesa con una persona que ha dado positivo que si has estado haciendo el amor con tu pareja toda la noche».
Casi me da algo. Pero, ¿se producen casos, y más en las condiciones que arrastramos, de plebe capaz de alcanzar esos registros? Dada la confianza que me inspira estoy convencido de que se apoyaba en datos por lo que aquí sigo una semana después esperando que desarrolle el apartado no vaya a ser que se conozca algún tipo de reacción que te ponga en órbita y no me haya enterado. Con lo que cuesta dormirse, por lo menos que pienses que estás soñando.