Llueve, no para. Me refugio en el coche e instalo la sala de espera en
las faldas del castillo sobre un recodo en el que no interrumpo nada.
Frente por frente sobresale una clínica con lo que el trasiego de
sirenas comparte algo más que atmósfera. Sobrepasado, desconecto de
las noticias y retomo el volumen que acaba de regalarme el trío de
vástagos, que no es otro que «Yoga». Presagiaba que no era eso lo que
pretenderían, sabedores de que cuando el fisio me cogió por banda lo
primero que soltó fue «qué bloque eres». Emmanuel Carrère, que sí es
practicante de la especialidad, no la utiliza de eje en su última obra
sino como el papel de envolver de la vomitona que se pega el mesié.
«L´enfant terrible» de las letras francesas, o uno de ellos, relata la
peripercia de sus no pocos naufragios pero el muy canalla lo hace con
arte para dar y tomar por lo que no sume a uno en la angustia, que es
lo único que nos hace falta. Son recursos del ser humano. Cuando
acercarse a repostar o ir al dentista se han convertido en actos de
estremecimiento similar surgen ocurrencias que actúan en defensa
propia. En una de ellas se ve aproximarse al conductor a la garita y,
tras decir que le llenen el depósito, escucha: «Tiene que traer las
tres últimas nóminas y su vida laboral». Y en otra, que se seguramente
le habrá llegado por cualquier vía, es el operario el que pregunta si
quiere 95, 98 o diésel a lo que, desde fuera del coche, halla
contestación: «No, solo estoy mirando». Por mucho que te atrape la
lectura resulta inevitable con la que está cayendo que la cabeza se
vaya de allá para acá. La forma en que baja a los infiernos el
escritor de mi quinta termina proporcionando un halo de luz a la
oscuridad igual que el ánimo del que son capaces de investirse los
refugiados, que también cruzan las páginas elaboradas por el menda
parisino, y la sonrisa arrancada a un reportero de guerra proyectan
una dosis de esperanza en que la reconstrucción no tarde en llegar. No
queda más remedio que intentar concentrar la mente en ello. Desde
luego muy hinduita habrá que ser.