Estrellas sueltas

El actor elegido en Cannes para una masterclass, tal como la llamó de coña el invitado, fue Javier Bardem. Repasó vida y obra ante un público entregado: «Mojarme es como tener ojos y el pelo castaño, aunque me haga sumar enemigos. Pero te hace crecer». Jo, así ha crecido. Hasta el punto de compartir con el auditorio la secuencia del primer escarceo con Penélope: «Nos empezamos a besar porque lo pedía el guión y nadie nos decía que paráramos. Cuando nos dimos cuenta estábamos solos, el equipo se había ido… Luego, al casarnos, Woody nos envió la grabación como regalo de bodas». Fijo que pensando en Farrow, como si lo viera.
Solo una peli optaba a la Palma de Oro, sesenta años después de que Buñuel la ganase con «Viridiana», la única que lo ha conseguido. España es un país de nadales, gasoles, ramones y cajal…pero infinitamente menos de proteger a una industria en la que brotan estrellas sueltas, de apostar por la ciencia y la investigación como Dios manda e incluso de evitar hacerse la picha un lío con la trascendencia de la filosofía. Se ha avanzado en la mayoría de terrenos -estaría bueno- pero, además de lo reseñado, cuesta un mundo consolidar una red protectora de los perfiles de población que la precisan para respirar tal como ocurre en horizontes cercanos. Quizá algo tenga que ver el que las leyes educativas no deriven en un Far West.
Resulta instructivo seguir a Emilio Lledó ante la diatriba de que si quien manipula la educación puede manipular la sociedad: «Hay grupos intelectuales y religiosos que intentan dominar la educación, porque es dominar su futuro, sobre todo si es un futuro de insensatos, de indecentes, de gente a la que solo le interesa el dominio económico, aunque se arruine la mente. La influencia de esos intereses es muy grave porque no están sustentados en la libertad». Salvo en la Comunidad de Madrid, profesor, que es donde la fabrican.

El árbol sin sueños

En la previa del choque, Steve Kerr, que fuera base de los Bulls de Michael Jordan y hoy entrenador de los Warriors, compareció demudado: «No voy a hablar de baloncesto. Desde que salimos del entreno unos niños y sus profesoras han sido asesinados. ¿¡Cuándo vamos a hacer algo!? ¡Basta! Hay 50 senadores que se niegan a votar una ley estancada dos años en el Capitolio. Les pregunto: ¿Vais a poner vuestro deseo de poder por delante de las vidas de nuestra gente? ¿Os dais cuenta de que el 90% de los estadounidenses quiere un control de antecedentes para comprar armas?». Aunque clasificados para la final, los suyos perdieron ese partido.
Tengo ante mi el cuadro escolar repleto de sonrisas de las criaturas que ya no están. Apenas salgo de ahí. Tan solo para acercarme a la imagen de Irma García, la «seño» madre de cuatro chavales, que murió como cielo protector y la de Joe, su marido con una cara de felicidad igualita a la de mi Pascual, que dos días después se desplomó al entrar en casa y así se quedó para los restos. La que no ha circulado ha sido la de la abuela del autor de la masacre quien, tras ser la primera diana del rifle, pidió auxilio. El nieto no daba un palo al agua. Dejó las clases y, encerrado en la habitación donde se alimentaba con fuego entre videojuegos y redes, aprovechó cumplir 18 para disparar de verdad y salió a estrenar la compra. En fin, lo habitual.
El 50 por ciento de las armas que en el mundo pertenecen a civiles se encuentran en manos yanquis. Cargado de impotencia, su presidente se ha preguntado: «Por qué esta clase de matanzas casi no sucede en otra parte del mundo. ¿Por qué?». La respuesta republicana apunta a dotar de más agentes a los colegios y a entregar revólver con munición al maestro. Me tiro de cabeza a García Teijeiro, referente de la literatura infantil y poeta: «Mi árbol tenía sus ramas de oro/Un viento envidioso robó mi tesoro/Hoy no tiene ramas/Hoy no tiene sueños mi árbol callado, mi árbol pequeño». Para los descendientes directos del wéstern resulta más crudo refugiarse.

El jugador número 12

Dado que a finales de los sesenta el Telediario abría con Londonderry y con las vicisitudes de Bernadette Devlin puesto que dentro no pasaba nada digno de mención y con mayor motivo si pasaba, me aficioné a las retransmisiones deportivas. Cuando no era Santana, me estremecía viendo parar a Perramón o a Julio Jiménez imponerse en cualquier escalada, que era lo nuestro. Escalar y escalar a ver si así llegábamos a algún sitio.
Ello me llevó a cruzar la adolescencia de la man0 de firmas seductoras que poblaban las páginas especializadas en todo ese ramillete de competiciones como las de Fragoso del Toro, Antonio Valencia, Fernando Vadillo, Julio César Iglesias que, junto a otras del diario local, te abrían un arsenal de sensaciones. Cerca de cincuenta años atrás publiqué el primer texto que me proporcionó un pellizco similar al que se produce a día de hoy. Nada más dar con los huesos en una redacción vino El butanito al Aula Magna de Derecho, que estaba a reventar. Al igual que ocurriría con el paso de las ediciones al plantarme ante Alberti, Raimon o el temido carácter de Di Stéfano, me dispensó un trato que ni que se hubiera presentado a entrevistarlo Larra redivivo. Eran años en los que el presidente de un club dedicaba su tiempo libre a intentar cortar la cabeza de quien osaba criticarle. Juro que no lo he soñado.
Justo hace una semana, y entre un torrente de soberbias tesis, me topé con esta información en una de esas cabeceras: «El Madrid planifica el futuro con Mbappé y guardará silencio hasta después de la final. El club cuenta con el sí del jugador. Ofertas sin confirmar, mensajes borrados, bofetones de la madre al Barcelona… todo eso y más no han logrado alterar el pulso». Y he aquí al mismo payo, pero el domingo: «La traición que perseguirá a Mbappé toda su vida». Lo que no entiendo es que el oficio ande en crisis. También hay que tener valor para llamar periodismo a esto.

Viento en popa a toda vela

Cuando en medio de escándalos e investigaciones judiciales el rey emérito se dio el piro, su hijo le agradeció el gesto. Tras el «reality» de la temporada que ha protagonizado con el retorno, Felipe VI debe estar contento con su visión de la jugada. Pese a las caídas y a los problemas de cadera, se le olvidó que su padre, regatear, regatea desde hace más tiempo que él.
Mientras el actual inquilino de La Zarzuela se curte para ver cómo maneja su barca, el pepé por boca de Cuca Gamarra se ha dado prisa para liderar el club de fans del soberano de Sanxenxo: «No hay institución que deje viva este Gobierno. Al final, todo lo que hace debilita estructuras. Solo faltaba que un español no pueda venir cuando lo considere oportuno. Es algo muy básico que debiera respetar el Gobierno. Esperemos que don Juan Carlos disfrute de una buena estancia en la que es su casa». Es lo que tiene Vox: que no necesita hacerse el machito para que el tendido aprecie que con el sucesor de Casado come en su mano. Y Abascal, que para eso es Santiago, sabe que, en cuanto a darle consistencia guapa al pulpo, hay que pillarle el punto y dejarlo un poco duro nada más para no tener dificultades a la hora de hincarle el diente. Y entonces: ¡Ñam, ñam!
Son horas frenéticas. El intercambio cultural ­-bueno, llámenle equis- con los paises árabes más cucos se completa a través de la visita del emir de Catar y del juego que se trae Rubiales. El fondo bajo el que se mueve el primero maneja un presupuesto cercano al 40% del pib español por lo que, como nos descuidemos, compra la Piel de Toro, ofrece la dirección del territorio a Piqué y este traería a Pep de gurú plenipotenciario. El presi federativo también ha estado encantado de conocerse al vender que colábamos por la Supercopa avances occidentales y ahora tiene encima el ojo de Anticorrupción porque al final la que ha partido la pana ha debido ser Arabia Saudí. De no actuar, ya sabemos a quién no le importaría darse un garbeo a hacer el saque de honor. A su edad ni Mbappé regateará con tanto cuajo.

Al borde del soponcio

Durante esta Semana Santa un chaval nuestro pasó unos días en Tabarca. Los parroquianos pidieron el jueves un voluntario para llevar el paso. Al producirse cierta descompensación entre la altura de los porteadores, hubo de encoger las piernas y no solo era para verlo sino que repercutió en el compás de la Dolorosa. El final de la estancia fue de lo más inesperado: por allí estaba Santiago Abascal, rodeado de fieles que le pedían autógrafos y selfis. El improvisado costalero reconoce que captó de inmediato el mensaje de la virgen.
Su sorpresa fue de aúpa por desconocer que Lidia Bedman, «influencer» de moda con más de 230.000 «folowers» a sus espaldas y mujer del menda lerenda, es alicantina. Yo también me quedé con la boca abierta al empaparme de una entrevista con la presidenta de la Red Española de Filosofía en la que Concha Roldán afirma que «cada vez hay más profesionales de nuestra disciplina que son de Vox». Si ya no va a poder refugiarse uno en la pequeña isla ni acercarse a la disciplina considerada por no pocos como la base del compendio de las ciencias modernas, qué nos queda. No, por Dios, mejor no saberlo.
Tampoco eran tantos los que habían reparado en la cuna de Macarena Olona de donde no se evaporó hasta licenciarse en Derecho por la uni de Alicante. En twitter se proclama española y «granaína» de adopción. A Moreno Bonilla no le hace ni pizca de gracia su presencia no vaya a ser que reactive a la izquierda. Qué cachondo. La prueba es la dirección de sus recaditos, incluído este: «Quiero recordar que gran parte de nuestra producción agrícola y ganadera es gracias a inmigrantes que contribuyen al bienestar de Andalucía», a lo que ella, más que lanzada, ha respondido: «Ahí va el guante, ¿está dispuesto Juanma a ser mi vicepresidente?». El empadronamiento exprés para poder aspirar a la Junta la ha llevado a ocultar y despreciar a las claras su lugar de origen. ¡Uf! Algo es algo.

Que sea lo que Dios quiera

Tres días después del regocijo durante 15-J del 77 por recuperar el latido de las urnas auténticas y no de las jons tuvo lugar en Heliópolis la semifinal copera entre el Betis y el Español de entonces e hice la crónica para «Informaciones de Andalucía». El periódico no llegó al siguiente partido. La suerte alrededor de un certero presagio estaba echada.
Una semana después en el Vicente Calderón, tras 19 penaltis, Esnaola le paró el decisivo al Chopo. ¿Y..? Que esa temporada el campeón de Europa fue el Liverpool y que, víctima del recrudecimiento de la artrosis que padecía desde tiempo «molto longo», meses más tarde se despidió de este mundo Pablo VI, el prelado que finiquitó la misa tridentina y llevó a no pocos progres cándidos a las inmediaciones del altar con aires de folk creyéndose los de las pelambreras que eran el Che. Coincidiendo con la muerte de Juan Pablo II en 2005 ¿a que no saben qué equipos alzaron el trofeo de las competiciones mencionadas? Los mismos que visten y calzan, con los «reds» de Rafa Benítez dándole la vuelta de forma asombrosa a los tres goles que tenían al Milan de Ancelotti cantando el «¡Cam-peo-nes, cam-peo-nes!» en la media parte, mientras Wojtyla acababa de alcanzar el descanso eterno.
Otra vez estamos en condiciones de que se repita el estado de la cuestión. Imagino a la curia pasándole los antecedentes al pontífice, conocedora del ramalazo futbolero y de que su San Lorenzo de Almagro encima viste azulgrana. Todo esto me llevó a confiar en que, gracias a su intercesión por propio interés, el Valencia se impondría en La Cartuja. Pero o no lo alertaron o no se puso todo el empeño o definitivamente hay que convencerse de que, Bordalás, un poco diablillo sí que resulta.
Sugestionado, el titular que me echo a la cara reza: «El Vaticano cancela viajes al extranjero por la salud del papa». Lo veo asintiendo a que nuestra historia se desarrolla bajo la mirada de ese Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, «pero adorar, lo que se dice adorar, adoremos a Karim».

Sí, hora de estrenarse

Lo de la autoridad de Pekín contra el covid es de otro mundo. En torno a la aplicación estricta del confinamiento, se ha visto de todo. Ni un paso atrás pese a existir grandes reservas sobre que la política de «tolerancia cero» sea la más efectiva frente a ómicron y su récord. Se han registrado somanta de palos por parte de los vigilantes al salir vecinos del portal. En Shanghái, donde la economía está boquerón, las revueltas han sido finas filipinas. Madres que han dejado unos minutos a la criatura para hacer compra no han podido regresar porque en ese intervalo el edificio quedó sellado. En su día se decretó el test anal obligatorio para visitantes extranjeros, por lo que a la hora de llevar al personal de culo prevalece claramente la igualdad. Para que luego digan del régimen.
En contraste, lo nuestro y el relanzamiento de las fiestas populares con las que no hay quien pueda. Al consejero de Sanidad andaluz solo le faltó el clavel reventón en la boca para ir de caseta en caseta aunque nada se lo impedía salvo el jamoncito. Resultado en titulares: «La Feria y el fin de las mascarillas meten a la ciudad de lleno en la séptima ola». Los radares vienen semanas detectando que, aún sin faralaes, asistimos a un baile de plebe cercana repleto de lunares. Es una plaga de tinte griposo. El propio virus, que es el que es en Shanghai o en Triana, al observar la forma de hacerle frente verá que atesoramos casi tantas variantes como él exceptuando la del término medio no vaya a ser que nos diera por la virtud.
Tras meses de vaivenes, el caso es que ni había disfrutado del de antígenos ni de ná. Creía tener un reportaje cuando mi epidemiólogo de referencia, Oriol Mitjà, advierte que el 30% de la población podría contagiarse y son esos «mayores de 60 sin infectar los de mayor riesgo». Dicho y… Tos, fiebre, malestar, palo nasal y positivo que te crió. Mira que me lo tengo prescrito. Métete menos en las historias, tontolaba.

Secuela de la tempestad

Todo apunta a que el festín de borrascas ha concluído, pero la cuestión es que no llovía tanto por aquí desde el arranque del siglo XX. Como para acordarse.
Una de las consecuencias que ha traído consigo este registro es que todo el sur de Escandinavia, Escocia e Irlanda del Norte ha alcanzado en alguna que otra fase de la primavera el doble de horas de sol que nuestra costa, algo en verdad inimaginable sobretodo si, como nuestra hija, te has chupado seis años en Edimburgo. Nosotros le decíamos: «Pero si es precioso…». Y ella miraba con cara de perplejidad como replicándonos no estoy ciega. Lo único, efectivamente, es que pese a estar situada de manera confortable y haber dado allí con su verdadera vocación, creció en la tierra de la luz y, en la capital escocesa a orillas del fiordo del río Forth, que abran de esa guisa seis de los 365 es considerado un buen año. Así que, en cualquiera de sus infinitas tardes plomizas, la chavala hizo las maletas y no tuvo ya más consideración.
Joder, es que el tiempo te influye. Levanta el ánimo o lo apaga. Si estás bajillo, depende el paradero en el que amanezcas para que consigas remontar el vuelo o te tapes hasta la cabeza. Desde unos cuantos años atrás compañías turísticas de envergadura elaboran guías dirigida a viajeros que buscan el sol. La última que ha salido publicada con datos ofrecidos por World Weather Online reafirman los que han venido sucediéndose en las últimas décadas y señalan que, dentro de los destinos más soleados de Europa, Alicante está a la cabeza con 349 horas de luz al mes, Murcia es la tercera y Valencia la sexta con poco, pero algo menos, junto a otras ciudades españolas entre las diez primeras. Y, claro, eso es imbatible.
De modo que, dado lo que hemos tenido en lo que llevamos de año, el 40% de las plazas del Imserso se han quedado sin vender. Igual una cierta cantidad de extraviados hayan tomado rumbo a Copenhague o Glasgow aprovechando el clima sui géneris que nos preside. Pegasus lo sabrá.

Como en el Rick’s Café

A mediados de los noventa, con la osadía propia de alguien provisto en su adeene del multitusos gen Naseiro, apretó el botón rojo desde la sala de mandos extirpándole a la Universidad de Alicante Medicina para entregársela a otra recién creada y que así tomase vuelo bajo su procaz auspicio. Hoy en día la Miguel Hernández se ha ganado un sitio y cuenta con múltiples argumentos para defender su razón de ser. De modo que, ante la decisión del Consell de que la UA recupere la facultad birlada y vuelva a impartir materias en sus aulas, la reacción del rector de la UMH ha sido lógica y, teniendo en cuenta su especialidad en el área de genética que estudia cómo los caracteres hereditarios se transmiten de generación en generación, ha clavado de plano lo ocurrido: «Se trata de una decisión política». Qué bien visto.
Cuando sacó el comunicado en el que vertía ese dignóstico creí que lo hacía con idea de constatar una realidad que a quienes han tenido responsabilidades en los campus que acoge la institución le parecería adecuada. Pero acaba de extenderse al respecto y asegura que el paso dado es «una locura porque no tienen ni edificio y andan diciendo que se van a poner a hacer obras». ¿¡Qué me está contando!? De mirar 26 años atrás igual se encuentra con un caso parecido. También recuerda a otro más famoso que protagoniza en «Casablanca» el capitán Renault donde en el Rick´s Café proclama «qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que aquí se juega» antes de poner la mano, que es lo que sucederá por estos lares en cuanto el reparto presupuestario diga aquí estoy.
Más ha llamado la atención que estos puntos de discrepancia los haya expuesto exclusivamente a través de la radio interna del organismo académico en las horas en que se celebra el «Día de la libertad de prensa» disponiendo de cerrera de Periodismo. De cara a los estudiantes en este caso, tampoco parece un buen ejemplo.