Pepón Nieto alertó sobre que se había cancelado el «Cine de Barrio» celebración del Orgullo y, al denunciarlo en su cuenta, se emitió. Algo está pasando porque la tele pública ha venido ofreciendo al mismo tiempo hasta maratones en torno al activismo elegetebeí. Hablando Pilar Miró allá por el 79 en «La clave» acerca del erotismo en el cine y en la tele advertía que, aunque ya no funcionaba el mecanismo de la censura instaurado en los cuarenta, tampoco existían normas sino que el plácet quedaba al arbitrio y la subjetividad de un menda lerenda. Esto ya no es lo que era evidentemente, aunque a veces cuesta lo suyo saber dónde estamos según de qué tomate de temporada se trate.
Una ola chunga nos invade. El antiabortismo supremacista de los republicanos estadounidenses está encendiendo llamitas contenidas en las mesnadas feijonianas. Pese a las enseñanzas que dejó Confucio en el orden de la buena conducta en la vida y el buen gobierno del Estado, todo anda muy confuso. El timonel del Ejecutivo, que concedió refugio y asistencia médica a un descollante opositor plantando cara así al régimen alauita, ha declarado «bien resuelto» por la gendarmería marroquí el destrozo humano junto a la maldita valla en línea con lo expresado por el curita de Exteriores. Bien es sabido que la política es el arte de lo posible, que en la última temporada de «Borgen» es en Groenlandia donde los mandatarios daneses tienen el pollo y que en ambos casos Washington es Washington, pero el giro dado por el matador de los próceres históricos de su partido compite con el del referéndum de la otán. De plusmarca en plusmarca y tiro porque me toca.
Electoralmente hablando, la situación económica parte el bacalao. Okey. Y de no reconducirse, el gobierno perecería de muerte natural. Ahora bien, en caso contrario, hay unos que tienen claro el motivo para votar y es ir contra Sánchez. ¿Lo tienen los de enfrente a pesar de tanta y tanta medida anticrisis? Pues qué quieren que les diga. Como no sea en Groenlandia.
Mes: junio 2022
Pequeños placeres
La recojo después de haber estado alejados una eternidad, siete días nada menos. En la estación se nota el bullebulle del estío que se nos viene encima. La mayoría sale disparada con la velocidad en la que se han trasladado metida en vena. Ella, no. Ella aparece tranquila, luminosa con su paso jovial y eso que quien la espera es el marido. Atravesar la ciudad a esas horas y en estas fechas es un suplicio, pero qué más da. Sarna con gusto no pica y, una vez alcanzada la meta, saluda la mesa con un popurrí de restos que tiene su cosa. Tras la sudorosa siesta toca darle al botón de reinicio. Como en cada tramo de ausencia, la selección de periódicos aguarda alineada además de un par de documentos y una peli con toque británico de distinción. Busco con ansia lo que más puede atraerle, aunque cuesta lo suyo. Por fin doy con una versión íntegra del ceremonial destinado a lugar preferente. Es la entrega del nombramiento de hija predilecta de Madrid a título póstumo a Almudena Grandes con la consiguiente evocación en el Español, que desde el primer instante despide calidez. La escritora resplandece a través de quienes intervienen y de los seguidores que pueblan el teatro. Desde que nació, la Glorieta de Bilbao fue el eje en el que brotaron sus historias y desde el que anduvieron dando vueltas hasta que demasiado pronto la autora zarpó. Fuera está la placita de Santa Ana, uno de mis amores. Dentro Sabina rememora lo vivido en el cementerio con la despedida libro en alto a puñados y se quita el sombrero ante aquello. Ni el de Tierno proporcionó tanto pellizco. La gran lectora que tengo al lado permanece con los ojos clavados sin perder ripio. Definitivamente no mora aquí. Forma parte de las páginas que lleva dentro. García Montero pone punto final con versos que empujan a paladear a base de bien lo que tienes porque es lo que la muerte no podrá arrebatar. Dí que sí. En ello estamos.
El gran revolcón
La victoria de Moreno Bonilla es tan tremenda que resulta más que probable que el próximo consejero de Presidencia de la Junta sea de Valladolid, en cuyo departamento ostenta la secretaría general. Si no me equivoco, el hombre de moda del panorama rumbero nacional recogió a quien perdió frente a él las riendas de Nuevas Generaciones, que luego ha sido veinte años diputado en representación de la ciudad del Pisuerga. El arrullo no es baladí. Madrid será Madrid dentro de España, pero este es el verano en que se celebra el quinto centenario de la primera gramática castellana pergeñada por el andaluz Elio Antonio de Nebrija. Casi ná.
Quienes no perdieron un instante en deslizar que el rey de las urnas más flamencas se ha convertido en el barón de barones fueron los escasos nenes del espectro casadista que aún entonan voces de ultratumba, dándose así el único festín póstumo a su alcance. Cuando Pablo, Pablito, Pablete y su fiel Teodoro se echaron encima de quien pasara por allí convencidos de que eran gigantes cuando eran molinos, a quinientos, seiscientos, setecientos kilómetros del palacio de San Telmo donde reside Juanma se oían comentarios en terrazas y en el transporte público favorables al tono con que se empleaba -«a mi el que me gusta es el andalú»-, incluso sin venir a cuento. La suerte estaba echada.
No hubo más que oir al candidato de Sánchez enunciar su satisfacción porque en campaña se había retomado la conexión con la plebe para entender por qué han dilapidado un millón largo de votos en una década, donde el flujo orgánico e institucional tendió a confundirse junto al petardazo que pegó el club bancario verdiblanco y las poquitas industrias señeras. Los nuevos votantes no creen deberle nada al pesoe ni conocen a Escuredo y lo que les saca de quicio y les moviliza es su futuro. Y este anda ubicado en un moderno ámbito de expansión moldeado en tierras malagueñas, que es de donde procede el indiscutible mandamás y su núcleo duro. El que ahora tiene un color especial.
Cuéntame qué es lo que pasó
Aseguran que «Cuéntame» se ha ido para los restos. Ya veremos. En la promo del último capítulo Antonio acelera para quitarse de la ventanilla un moscardón que lo reconoce, Mercedes le pregunta «¿Se puede saber qué te pasa?», él contesta: «No te lo he contado antes porque creí que iba a superarlo» y sobre el acompañamiento de una sintonía blusera de fondo, la voz en off remata: «Cuando el pasado te atormenta es imposible escapar». Pues imagínense del futuro después del recuento indeleble que nos aguarda.
Al producirse el estreno de la serie más longeva de La 1 que retrotrajo a una época en que aquí nadie tenía arte ni parte en la forma de gobernar salvo un señor bajito con bigote y voz encima aflautada, el paisanaje había entrado ya en el siglo XXI y las temporadas de arranque gozaron de un impacto de consideración no sé si por la fidelidad con que retrataba aquel final de los sesenta o porque suele resultar más placentero refugiarse en la añoranza que salir cada mañana a la calle a darse de bruces con la realidad. El caso es que esta ha ido ganándole el pulso a la ficción, arrebatándole audiencia por lo intrincado del guion y puede también que por el lastre de imagen que la acusación de fraude fiscal que pesa sobre los protas y que, bajo amenaza de trena y multa guapa, tiene a Imanol Arias y a Ana Duato con la Agencia Tributaria y Anticorrupción como pareja de baile. Ya ven, ni distopía ni ná.
La cosa quizá empezó a torcerse al darle la patada a Echanove. Al poco Carlitos tomó las de Villadiego aunque, lejos del papel que marca una carrera, Ricardo Gómez ha crecido bien. Después de un ciclo tan intenso, a Imanol no se le ha ocurrido nada mejor que poner a parir a todo quisque de la tele en la que prácticamente ha estado empadronado para a continuación retractarse con algo así como «lo siento, no volverá a pasar». Otra cosa no pero, cuando de bordarlo se trata, lo bordamos.
Recetario antisofoco
Me acerco al centro de salud y comento que querría una cita con el de cabecera al que creo no conocer. Desde que nos enfundamos la mascarilla donde me mantienen a raya es en dos plantas del hospital, recetas de la media docena de pastillas diarias incluidas, un registro que me llena de esperanza en alcanzar las nueve con las que mi madre se fue hasta los 98 envuelta en una calidad de vida que confío en heredar. Me dan cita y sí, el doctor es otro. Le destripo el mal cuerpo y los sofocos. En el transcurso del interrogatorio sobre lo que me he metido por el cuerpo en los últimos días le confirmo que el par de debates íntegros más unos cuantos de los locales sobre la realidad de allá abajo. Me calma y añade: «Demasiado bien le veo».
El dictamen tiene una explicación. De cara a lo que se avecinaba me vacuné a base de bien. Nada menos que en tres ocasiones con cargas de dramaturgia exquisita por si las moscas. La primera proporcionada por Carlos Hipólito quien, zambulléndose en «Oceanía», abraza el testamento artístico y vital de Gerardo Vera con una sencillez y de una forma tan cálida que le confiere al legado credibilidad aumentada. La segunda propinada por Blanca Portillo. ¡Qué chute! Su interpretación en «Silencio» sobre el texto del discurso de Juan Mayorga de ingreso en la Academia es una barbaridad. Pero aún así sabía que necesitaba una de refuerzo.
Puesto que iba a arrancar la campaña debía contener… Y teniendo a Alberto San Juan con «Poeta en Nueva York» ríete de AstraZeneca. Escuchas esos textos y martiriza pensar en cómo esta tierra se lo quitó de en medio. De no ser por su estruendoso esplendor ignoro cómo hubiese podido digerir las apariciones de quien propuso al presidente andaluz ser su vice en un despliegue de insolencia, ignominia y cerril ignorancia de todo cuanto se cuece. De haberlo podido presenciar, esta vez Federico se habría quedado en Harlem.
Un bote, dos y tres botes
Doy un bote con un titular sobre una noticia de impacto ocurrida décadas atrás: «La vida anónima de Lorena Bobbitt tras cortarle el pene a su marido y el intento de él de ser actor porno». Hizo un par de incursiones después de que en una operación de diez horas le recompusieran el miembro cuya mitad arrojó su mujer al jardín de una casa cercana. Antes de probar suerte lo agrandó. No, el jardín, no.
A renglón seguido tropiezo con Toni Cantó, otro que se toca lo que haga falta que ahora es su libro: «No hay un gobierno mejor donde estar que en el de Ayuso, que es el fenómeno político más importante en años y entre un equipo con gente como Miguel Ángel Rodríguez con el que aprendo muchísimo». Confirma hallarse contento con el estipendio de 75.000 euros para una agenda que este mes muestra dos días con reuniones: «La parte fundamental de mi trabajo es atraer estudiantes de español porque se dejan bastante dinero. Andamos en preparar la segunda fase del sueño de Madrid, que es un reconocimiento a los hispanos mientras ayudamos al resto de inmigrantes que han de aprobar el español y trabajamos en las residencias con ancianos para recuperar palabras que casi no se usan porque quiero hacer algo con ellos». La verdad es que sí, que se queda uno sin palabras.
Me capta la presencia de la comisionada de la Nueva Economía de la Lengua, Cristina Gallach: «El objetivo es coordinar los esfuerzos de la inversión pública y privada para lograr que la Inteligencia Artificial, que es el combustible de la próxima revolución industrial, piense en español. Si no hacemos esta transformación, los asistentes de voz nos van a hablar en la lengua española mejicana. De no entrar las cooficiales en el circuito desaparecerán como lenguas digitales». Con su máster en Relaciones Internacionales por Columbia es la única mujer española en pasar por puestos de relevancia en la UE, la onu y la otán, pero al contrario que Toni no ha paladeado el apreciado néctar de Miguel Ángel Rodríguez. Cuánto le queda por aprender.
La polvareda que acecha
Andalucía está que vota y Juanma, Espadas y Marín se pasaron por el Rocío antes de calentar las cuerdas camino del plató. Tras la presencia del trío devoto de rezar tela, la virgen concluyó la procesión sin completar recorrido debido a la rotura en las nuevas andas. En concreto, en la parte delantera izquierda. Madre de Dios, qué precisión. La Blanca Paloma ya ha dictado sentencia cuando las carretas demoscópicas empiezan a recoger muestras.
Al adalid del aspirante Feijóo le gusta el moreno que luce. Mientras el resto de competidores coincide en lanzarle dardos de todos los colores, él se recrea con el resplandor de su corbata y en el momento procesal oportuno levanta la vista pavoneándose: «Se ve que soy el hombre de moda». El candidato póstumo de Ciudadanos le hace la faena de aliño correspondiente por si hay milagro aunque, para alguien de la formación zarandeada por Riverita y arrimada a continuación al precipicio, ostentar una vicepresidencia de algo tiene su mérito. Alcanzar objetivos va a costarle un mundo al sucesor de Susana. Ha tardado lo suyo el partido en ponerlo en danza para ser tan poco conocido en demarcaciones alejadas de la Giralda. Alguno ha debido quedarse en aquellos años radiografiados por Arfonzo a su manera: «En el pesoe presentamos de candidato a una cabra y gana la cabra». Pues sí, de la que se ha librado el animalito.
Que sea Olona quien salga a relucir ahora es pura coincidencia. Después de haber tapado la cuna entró así en campaña ante los andaluces: «Soy de Alicante, orgullosa de mis raíces». Y como no ha renunciado por si las moscas a su acta en la carrera de San Jerónimo, también se le fue la mano con el mapa: «Sus políticas son hirientes. Así que muestren algo de decoro por el sufrimiento en los hogares españoles». Le da a tantos por tantas historias que pierde el sentido sobre a quién endiña, pero enardece a los hastiados. Ojo con la que se avecina. Como la arme, lo mismo se pide Luceros para festejarlo y el alcalde contesta que claro, que ¿qué daño hace?
Vía crucis a la lonja
Da miedo la bolsa. La de Nueva York ni pajolera idea, pero la de aquí tiene un «tocao». Salgo a hacerla. La lista es menguante producto de un cónclave en el que los participantes se comen cualquier atisbo de caprichito porque aún quedándose en lo sustancial tiene tomate. Ya estoy ante el desafío y, para empezar, falta aceite. Me sitúo frente a los envases. Miro, vuelvo a mirar, comparo mentalmente con los precios del arranque de año y me quedo ensimismado. Ignoro si dará para regar la tostada o habrá que conformarse con acompañarla oliéndolo. Porque esnifarlo, tampoco.
No hace falta recalcar que lo básico se encuentra por las nubes. Ya digo: de entrada, antojitos ni pensarlo bajo amenaza de conflicto serio. Ocurre como con la cumbre de la otán, que es muy complicado satanizarla en medio del horror ucraniano y con dos de los países nórdicos más suyos llamando a la puerta para que les dejen entrar. Cierro la del coche y, nada más encender el contacto, el circuito avisa de que el depósito quiere la golosina. Dudo entre arrancar o entregarme. Enchufo la manguera de 95 y constato que el que ha ensanchado es el buga. No sabía que su estómago pudiese engullir tanta pasta.
Vuelvo tras la excursión y preparo una ensalada. Nunca me ha gustado el verde pero desde hace un tiempo me he aficionado a un compuesto a base de rúcula con parmesano sobre el que esparcir pasas, pipas de girasol, tomate cherry o manzana, bien regado con aceite y vinagre de Módena. Prefiero no decirles en qué ha quedado el invento, es muy triste. Al primer bocado lo acompaña el diagnóstico de un entendido sobre el avance de la viruela del mono: «Vamos a un escenario en el que van a registrarse casos en muchos sitios durante tiempo. Ya existen múltiples cadenas de contagio activas. El colectivo con un enorme riesgo es el de las personas que tienen una vida sexual trepidante». Menos mal. Al fin algo tranquilizador.