Se me ha metido en la cabeza y no me suelta la composición de Dick Holler «Abraham, Martin and John», popularizada por Marvin Gaye y que recrearon desde Ray Charles hasta ese pollo de Graná llamado Miguel Ríos, que en sus estrofas comunes pregunta si alguien aquí ha visto a mi viejo amigo, si puedes decirme adónde se fue tras liberar a mucha gente aunque parece que los buenos mueren jóvenes. El detonante del regreso de esta pieza que me atrapó al comienzo de los setenta y que no dejo de tararear está en el aniversario del adiós de Lady Di.
No sé si existe alguna desaparición como la de la princesa de Gales y la del presidente Kennedy que reúnan a su alrededor más teorías de la conspiración. Parece que estoy viendo en el Telefunken las imágenes servidas desde Dallas. Aún siendo un crío resultaron impactantes. Una década antes de estallar el Watergate siempre he tenido para mí que aquel magnicidio fue el detonante de que desde muy pronto me interesara por los informativos y de que años más tarde decidiera inclinar la vida hacia el oficio que los propicia. Nunca se lo perdonaré al asesino.
El 31 de agosto del 97, el equipo de guardia habitual saltó de la cama y el personal se dispuso a preparar el cargamento lo más completo posible, consciente de que todo lo que expusiera el quiosco iba a ser devorado. Era domingo, el suceso había atravesado el globo de cabo a rabo en un pis pas sembrando vaya a saber usted por qué un impacto de tal calibre que si la mismísima reina no llega a cambiar el paso los súbditos que tanto la aprecian le habrían cortado la cabeza. Las especulaciones sobre el siniestro en el interior del puente del Alma no se han apagado, series y documentales estiran el mito, Planeta ha lanzado este verano «Reina de corazones» y sin embargo adolece de una buena canción que explore en la luz de su tristeza. Todas las biografías no inspiran lo mismo.
Mes: agosto 2022
Santiago y abre heridas
Hace un mes Macarena Olona anunció que lo dejaba y por eso ha convocado a sus fieles a enfilar unas cuantas etapas del Camino de Santiago amén de comprometerse a correr con el gasto de quienes no puedan costeárselo. Parece coherente. De no dejar atrás la política habría aprovechado la iniciativa para deslizar que en Andalucía hace mucho calor y que quién sabe si los designios del patrón de España se inclinarán por conducirla en el futuro hacia unos parajes con frescor gallego en cuyo parlamento Vox por cierto aún es virgen. Desde luego ya ha dado pasos de gigante en cuanto a idiosincracia del lugar se refiere: nadie sabe si va o viene.
Es para alegrarse de que, por lo que da a entender, esté en vías de superar su estado chungo. Yo cuando la vi con el amargor en el rictus junto a Santiago Abascal, tras retrasarse en subir al estrado, después de que Moreno Bonilla hubiera pasado de ser su vice, de que el jefe acabara de decirle que ni soñara con volver a la carrera de San Jerónimo y de tener que soltar que iba a entregarse en cuerpo y alma a cumplir su compromiso con una carita que ni Curro al otear que el morlaco que salía no tenía buena factura, pensé esta mujer está muy mal. Ha debido ir recomponiéndose entre Alicante y Panamá. Por lo que cuenta, fundamentalmente en este último destino porque en lo que a su tierra se refiere tampoco es que le dispense demasiadas carantoñas. Bien es verdad que si la formación a la que pertenece no hay por donde cogerla, la tonalidad que presenta por estos pagos es de aurora boreal.
En el núcleo duro nacional -valga la redundancia-, el peregrinaje ha caído como una bomba y ha abierto especulaciones que «La gaceta de la Iberosfera» -del laboratorio de ideas de Vox, sin redundancia que valga- ha sofocado atribuyéndolas a «sepultureros y cenizos» y endiñándole al competidor descrito como «novísimo pepé, claro, de Feijóo, Pons y Arenas». Dentro de la querencia esta de bloques por la que caminamos, a los señalados no les queda sino callar. Y atraerse al santo.
Operación salvamento
Hoy Jennifer López y Ben Affleck no han vuelto a casarse. Bueno, igual esta tarde… Se comprometieron este julio en Las Vegas para retomar la convivencia años después de la ruptura y, tras dejarse caer por París de luna de miel, decidieron «separarse» como mejor forma de afrontar sus carreras y también para poder echarse de menos con más fuerza. No sé ellos, pero a mí me llevaban loco. Lo último sucedió este domingo cuando acabaron los tres días de celebración de la nueva boda que tuvo lugar esta vez en la finca del actor en Georgia con todo tipo de distracciones y remate de fuegos artificiales para los invitados entre los que se encontraban vástagos de diferentes enlaces anteriores de los contrayentes con el susto protagonizado por la madre de Ben que, aunque ya está mejor, hubo de ser hospitalizada en ambulancia. Claro, la mujer no sabría si se festejaba algo o se finiquitaba.
Absorto como me hallo con el culebrón casi se me pasan las declaraciones de Inés Arrimadas a la vuelta de su baja maternal: «El mayor reto que tengo por delante es la conciliación ni siquiera salvar Ciudadanos». El «star system» doméstico poco tiene que ver con el «jolivudiense» en cualquiera de sus vertientes. Y si encima la crianza y el cuidado de los pequeños has de compaginarlo con propagar la especie de que «la refundación del partido es un proyecto de renovación total, un proceso de abajo a arriba, participativo y muy bonito; estoy segura de que saldrá bien; España llevaba sin un centro liberal 30 años y lo más difícil ya lo hemos conseguido; nunca habíamos llegado tan lejos como hasta ahora» es posible que un poco de asistencia especializada no venga mal.
La plebe sí lo tiene claro y se ha lanzado para qué engañarnos a por lotería de Navidad. El análisis de perspectiva ha llevado a que, junto al 22 en curso, las terminaciones más elegidas sean 5, 13 y el 69. Parece interiorizado que esto caliente viene.
En alerta continua
Toca regreso dentro del clima sofocante que nos invade. La víspera tropiezo en el portátil con una previa de Champions ante la que, pese a importarme un pijo, me quedo pillado con los primeros planos de la lluvia incesante que cae sobre Glasgow. Menuda sensación de alivio.
Deseando alcanzar la costa para saborear un buen chapuzón aunque se torne menos refrescante de lo deseable escucho que la Sociedad Española de Alergología ha pedido a los bañistas que no infravaloren las picaduras de las medusas. Con lo que llevamos encima, qué vamos a infravalorar. Durante la pandemia nos mostramos incluso obedientes casi al cien por cien. La jindama produce efectos inauditos en una población doctarada en cuestionar lo que sea. Un par de meses atrás estaba prácticamente solo en el agua al amanecer, sentí un contacto, temí lo peor al percibir una silueta sospechosa, salí escopetado, aguanté la respiración, el cuerpo se me cortó hasta la sobremesa y eso que lo más probable es que el ejemplar virulento no fuera más que una bolsa. Dios no me ha llamado por el camino de Robinson Crusoe ni de Tarzán de los Monos.
De ahí que me metiese en MedusApp, una fórmula creada por especialistas de nuestros campus, que sitúa sobre avistamientos y demás. En este instante dice que se han detectado cerca de diez mil y sobre mil trescientas picaduras registradas. Hay notificado el hallazgo de unas cuantas de la especie Pelagia noctiluca urticante tela que, de cogerte por banda, te deja fino. En cambio, por otras zonas han aparecido las conocidas como huevo frito, apreciadas culinariamente por lo que no sé si bajarme la toalla o la sartén. Que a nadie se le ocurra preparársela allí porque es la medusa la convencida de que puede degustarnos cuando dispara las agujas a todo tren e inyecta veneno solo con tocar según los expertos carne apetitosa. ¡Ah, bueno! Entonces ya bajo más confiado.
Temporada de aúpa
Desde que se asomó el verano el candidato del pepé a las autonómicas que nos esperan no levanta el pie. En los primeros 25 días del ciclo se marcó unas 40 apariciones ante los medios. Entre ellas, tomen nota, limpiando el mar en Benissa -no todo, claro-, a caballo de la bici por Paterna, reuniéndose con colectivos de inserción social, del taxi, elegetebeí, de las plataformas católicas en defensa de la religión como materia de estudio, con divisiones educativas, sanitarias, industriales, de la dependencia, dándole su toque a la paella en las fiestas del Grao y enfundándose una camiseta con el lema «Salvem la música» que debió hacer pitar los oídos de Mónica Oltra en un añito para enmarcar.
Salvo en Alicante donde sí es conocido, las encuestas vienen delatándole a Mazón que lo suyo algo de tomate tiene puesto que se apuntó en primera fila a la feria de la popular hortaliza en El Perelló. Y tras la mascletà andaluza si no compareció antes que Moreno Bonilla poco le faltó. Por mucho que el viento sople a favor, que sopla, sabe que el contrincante no es moco de pavo. Lo advirtió por esas calendas el audaz González Pons: «El peligro para Puig es ser víctima de Sánchez». El aspirante suspira por extremar al rival, pero el inquilino del Palau calmado es. Y al igual que Juanma además gestiona y despliega el mapa con la instalación de la gigafactoría de Wolkswagen, el relanzamiento de la Ciudad de la Luz y la inversión anunciada por Ford. Diferentes sectores están pendientes por si al candidato hiperactivo le da por volver a pisar el acelerador o cae en la cuenta de que estamos en pleno agosto.
Algo de esperanza se ha desparramado al verlo recluido en la institución que preside pendiente de los ciberataques detectados en la red desde Rusia que se han multiplicado por cinco alcanzando casi 6.000, cientos de ellos calificados por los expertos como muy graves. El frenesí de los hackers en encriptar información por la que luego exigir algún rescate es posible que obligue al ínclito a cambiar la hoja de ruta. Putin está que se muerde las uñas.
El descanso improbable
Llego al pueblo. Solo de pensar que tantos agostos ha habido que echarse una mantita para pasar la noche se me hace la boca agua. O puede que fuera un espejismo porque a día de hoy no solo angustia taparse sino que se suda a babor y estribor. ¿¡Cómo puede ser!? Por mucho irreverente científico que abomine de la cantinela, si esto no son las perrerías del estropicio climático que venga Dios y lo vea. Y hay moscas para detener un tren. Ahora mismo se ha parado una sobre la última palabra tecleada. Allá ella.
Me levanto, pues, hecho misto y con tal de refrescarme me meto en el cuerpo el vídeo completo de Rosalía por el litoral mallorquín. Esta chica nació bañada en swing. Nada más retomar el ritmo tradicional tropiezo con las motomamis de la Zarzuela paseando en plan mini por la isla salvo la abuela con atuendos de Zara al alcance de cualquiera. La familia tiene todavía que someterse lo suyo a recetas contra el dispendio para que la iluminación del escaparate no se apague lentamente. El pesoe, como siempre desde la era felipista, le echa capotes a la institución con su alma republicana a buen recaudo y manda al limbo la actitud del monarca frente al paso de la espada liberadora de Bolívar. Posiblemente dentro de 150 años se abra la carpeta blindada para saber si se levantó o permaneció sentado como Zapatero ante la tela estadounidense en una presunta coincidencia contestataria propia de nuestro secular revoltijo.
Ante tanta desafección histórica solo pienso en sacarme la espina del tormentoso descanso con una siesta de las que hacen época. Lo malo es que en la previa me topo con el estudio de una clínica de medicina del sueño en Arizona donde se advierte que ir al sobre regularmente tras la comida dispara el riesgo de desarrollar hipertensión arterial y las probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular. No sé si llorar, desfilar o clavarme la espada.
A ver si nos va dar un aire
Salimos de viaje a las cuatro de la mañana, aunque no sé si en respuesta a algunas de las recomendaciones del plan de ahorro energético. Reconozco que me he perdido. De momento compruebo que el coche mantiene las luces encendidas. Allá él. Antes de abandonar la ciudad surge un imprevisto: nos encontramos inmersos en un control policial. Observo el semblante de los uniformados y llego a la conclusión de que van a comprobar si lo tenemos acondicionado por debajo de los 27 graditos. Además de un «killer», bueno es Sánchez. Dada nuestra edad provecta nos abren paso. Son ventajas de las que tampoco es que pueda alegrarse uno por completo. En fin, allá vamos.
A las tres horas de ruta siento cierto cansancio. ¡La humedad ha dado una nochecita..! También se rebelan las cervicales. Han tenido toda la sesión al ventilador apuntándolas. Y ahora lo que faltaba: el distintivo anunciador de que entramos en la Comunidad de Madrid. ¡Ale! En buena parte del continente han apagado luces para pasar menos frío en invierno dentro del objetivo de superar el 90% de la capacidad de las reservas de gas antes de alcanzar octubre. Pero el personal sabe que Europa no es Madrid recluido en sus adentros y de ahí que el director general de Economía de la misma que viste y calza acabe de marcarse el siguiente mensaje a través de las redes: «Hielo. España. El paraíso del cubata o del gintonic, del Cacaolat con Licor 43. En ningún otro sitio del mundo ponen las copas como aquí. Que falte hielo es igual que si no tuviera arena el Sáhara. Nuevo éxito del socialismo». Estoy tentado de poner el aire por debajo de los veinte grados durante la travesía del mentado territorio. Lo mismo desgrava.
Llegamos al destino donde el calor seco no reconduce sensaciones hacia un mejor descanso, envuelto en las discordancias de la caterva de próceres sobre cuáles son las políticas de eficiencia para hacer frente a las fatiguitas reinantes. Ignoro por qué la gente se va fuera si con recorrer un trecho esto tampoco es que entiendas «demasié».
Rival del sol
Fue la primera vez justo aquel verano de adolescente en el que la impaciencia suele ser un arma cargada de futuro. Entonces irrumpió con aquella camisa blanca ajustada, los primeros botones desabrochados descuidadamente, la sonrisa en la cara con la melena haciéndole la ola sobre ese par de lunares como sugerentes remates al porte de unos andares, ¡ay! esos andares que desde el Luna Park al Bellas Artes de Ciudad de Méjico pasando por nuestros pueblos y rincones nos cogió de la cintura trayéndonos hasta aquí no fuera a ser que, sin el flujo de esas melodías, nos escurriésemos por el desagüe de un entorno demasiadas veces peregrino.
Bien pronto hizo justicia poética. Con el régimen ciego llevando aún al cinto la ejecución de postreros estragos, devolvió ataviado en vinilo al poeta que sintió el pesar de su desventura al enfilar la frontera con el aliento en reserva y el ánimo hecho trizas bajo un cielo plomizo, él que vio la luz en un huerto claro donde madura el limonero. Por si el aporte de reconciliación jonda no fuera suficiente sacó al pastor del rebaño desbordante de silencio, lo musicó, hizo que se le recompusiera la fisonomía sepultada para que en la dentadura sintiera el ardor del rescate y restañar de alguna manera el oprobio que en este país se cometió con quienes dentro del agujero al que fueron enviados contestaban con unas letras dirigidas al crío de ocho meses desde las que le hacía llegar que era su risa la espada más victoriosa, vencedor de las flores y las alondras, rival del sol, porvenir de mis huesos y de mi amor.
Al mismo tiempo nos advirtió en origen que el río ya no es el río, nos previno sobre que nos han declarado la guerra sin dejar por un instante de componer estrofas contra la indecencia. Y todo ello haciendo gala de un magnetismo tal que llena plazas a las que se suman no pocos de aquellos que a la hora de votar ni siquiera necesitan taparse la nariz. Llámenme transversal dirá ese tipo que hoy le ha dado por contar que se va y que no estará más con nosotros. Por una vez no sabe lo que dice.
Aterriza como puedas
Al no pertenecer ya al espacio Schengen, los británicos que aterricen deberán acreditar en el control de entrada estar en disposición de una cantidad que alcance en euros el 10% del salario mínimo interprofesional en bruto vigente en cada momento o su equivalente legal en moneda extranjera por persona. Lo que antes se hacía con cinco suizos ahora toca con cuatro millones de fans de la reina. A los viajeros que parten les toca disfrutar quitándose las botas, el cinturón y lo que «cante» de la maleta y, a los funcionarios receptores, auditar el Brexit hasta los huesos. El caso es pasárselo cada vez mejor.
Algunos turoperadores han arremetido contra la medida y de los tabloides qué les voy a contar, salvo que les va la marcha. Todo lo que ellos quieran, per0 cuando te empeñas en dejar esto hecho un mapa tampoco es buena señal llevarte las manos a la cabeza. Vean si no, «creatures». Una vecina ha estudiado e investigado en Londres. Al ser la pobre brillante se la ha traído el «cesic» una temporadita y, si no quiere dejarse en el camino la nacionalidad en la que se ha formado, tendrá que hacer una solicitud que sale por mil quinientas libras y someterse a unos requisitos entre los que figura una prueba nada banal sobre cultura británica. De no retrasarse todavía le cae el volumen editorial de Boris Johnson y pinceladas sobre el mismo. Lo raro sería no encontrártelo.
Él no tiene que viajar para divertirse. El pasado fin de semana, otra fiesta. En este caso el convite de su tercera boda celebrada un año atrás en los jardines de Downing Street y que debido a las restricciones apenas contó con una treintena de invitados. No había derecho y también por eso se resistió a dimitir al haberle echado el ojo a un recinto oficial para la última recepción. La fecha le ha pillado con el dúo de sucesores jugándosela. Uno de los recientes debates se suspendió al desmayarse la moderad0ra, jefa de información política de la cadena, lo que apenas extrañó al espectador. El mérito es haber llegado hasta ese día con las neuronas en su sitio.