La larga condena

Salimos de ver «Modelo 77». El director de «La isla mínima» acaba de sacarnos una nueva radiografía de las zonas oscuras sobre las que surcó la Transición y nos ha dejado el cuerpo que para qué. ¡Ay las cárceles! Miguel Herranz, «Río» en «La casa de papel», con esos ojos tan vivos, y Javier Gutiérrez son zarandeados por el sistema a pesar del poderío de este por los trienios cumplidos entre rejas y reciben tal castigo que hace que los que se salten las normas de forma atroz sean los que están allí para vigilar a quienes han recalado por presuntamente no haberlas cumplido. Nada más pisar la calle se nos echan encima Trini y Luis que arrastra un maletón de los buenos, con unos pelos vueltos del revés que era para verlo y una carita de estar en las últimas por la paliza que debía llevar encima. Me reubiqué porque me hubiese llamado la atención encontrarlo en el reparto. Pero no. Es que venían en tren… ¡desde Cádiz!
Con motivo del 92 el trayecto por carretera con el Sur se redujo a la mitad cuando la desaparición sin embargo de la conexión entre Lorca y Guadix cercenó el acercamiento ferroviario entre ambos territorios. Lo sé muy bien porque fueron unas cuantas las ocasiones en que enfilé hacia Albacete para recoger a mis padres y proporcionales un transbordo más humano que esperar bajo cero a que llegase el enlace procedente de Madrid, desde dónde si no. Varias décadas después anuncian como gran avance que, para hacer el viaje más cómodo, el cambio se hará en Cuenca. Genial, vamos subiendo.
De modo que al ver así a Luis se me removieron las tripas. Por el enorme afecto y por los recuerdos que me asaltaron. Menos mal que Trini nos hizo partícipes de lo bien que se come en la Tacita y de los estupendos días que habían pasado. Les deseamos que descansaran después de que sucesivos gestores hayan logrado algo casi imposible: que ni ir a Cádiz tenga gracia.

De quitarse el sombrero

Tengo ante mi el encuadre de una mujer a punto de recibir la cuarta dosis en la residencia de mayores, coronada por un reloj de pared que marca las diez y media. Una vez más es la hora. Cuántas citas, cuántos análisis, cuántos controles. Aparece sentada en una silla de ruedas y, en el instante en que ya tiene clavada la aguja, mantiene el bolso sobre sus piernas bien sujeto. Ni en este trance quiere dejar de estar completa. Con su pelo blanco perfectamente acicalado destila elegancia. Y esa expresión de íntima quietud en la cara que lo dice todo. Cabe incredulidad, temor, sufrimiento, halo de esperanza, sosiego y firme voluntad de continuar sobre la dura senda.
Con la vuelta a escena de estos centros de asistencia social golpea nuestra cabeza el manotazo descabellado que los asoló durante la gran embestida y revivir las consecuencias estimadas al respecto abocan al estremecimiento. Que el Gobierno central dictara las órdenes, estableciera cómo debían organizarse con la división en grupos de los residentes en función de su situación, que fueran las comunidades quienes tuviesen la misión de poner en orden las acciones para materilizarlas y escuchar como se escucharon en aquellas horas interminables reproches para quitarse de encima los estragos de una tormenta perfecta no hicieron más que contribuir a aumentar el dolor de quienes asistíamos con incredulidad a semejante falta de escrúpulos y es de suponer que el espanto en sumo grado de familiares y allegados que debían asistir estupefactos a la vil refriega sin opción de intervenir.
Vuelvo a centrar la mirada en la mujer que acaba de recibir una nueva cuota de tranquilidad que añadir para sus adentros al sosiego que su ademán transmite. Tras todo lo que hemos pasado, ante tanto como hemos perdido no hay mejor terapia que plantarse un buen rato junto a la figura de esta dama, extraer enseñanzas y celebrar que el género humano saque fuerzas de no se sabe dónde para hacer frente a los peores azotes. No queda otra.

Rumbo al cogollo

Desde que la Nasa anunció el lanzamiento del Artemis I me sumé a la misión y aquí sigo sin despegar un mes después. Los críos de mi hornada entramos en la ciencia ficción de la mano de Armstrong con el Apolo 11 y muchos de ellos seguimos con la boca abierta en cuanto Cabo Cañaveral se pone las pilas. Más cuando en esta ocasión el periplo está planteado como el primer paso que debe acabar en unos tres años con la presencia de un hombre y de una mujer en el satélite que se pisó por primera vez en blanco & negro y con la pretensión de más tarde aterrizar en Marte. Dado el avance que despliega la ultraderecha por la faz de la Tierra, para cuando se consiga no sabemos si podrá hablarse aún de planeta rojo.
La novedad en el siglo XXI es que todo aquel que quiera y se encuentre tecnológicamente en disposición podrá realizar el vuelo desde la sala de estar y atravesar parte de la galaxia con la nave espacial Orion gracias a las cámaras que equipan el interior y el exterior si un día de estos logra despegar después de que a finales de agosto una fuga de combustible abortase el plan fijado. En estas horas están realizándose las últimas pruebas tras solucionarse al parecer con éxito otro escape de hidrógeno en el mástil de cola. A este paso está complicándose para los de mi quinta llegar al Artemis III.
No ha habido más que seguir las recientes sesiones de la Onu para constatar lo que cuesta que nos pongamos en órbita. El ruso de Exteriores se ha dado un garbeo por el espacio interestelar mientras medio mundo ponía a caldo el afán imperialista que se traen entre manos, ha hecho acto de presencia en la cámara para soltar su rollo y ha volado. El enviado de Irán, con poderío nuclear, ha dicho que los manifestantes que se juegan el pellejo en su país son unos impresentables y se ha ido tan fresco. A ver si esto es que no remonta porque donde estamos es en la Luna.

Devoto al aparato

De improviso, sin esperarlo ni de lejos me topo con que La 2 va a ofrecer en diez minutos la última de Woody, estrenada en el maldito 2020, que pilló por tanto a gran parte del patio de butacas haciendo bizcocho sin posibilidad de quedar ni de pensar en escapar a solas en plena comida de tarro después de noches y días haciendo de tripas corazón por mantenerte alejado de tus mayores para no darle alas al bicho. Valiente película.
La quincuagésimo cuarta de la factoría del hijo de Martin y de Nettie Königsberg me la traen gratis a casa. Aunque me lo he ganado a pulso, no deja de ser significativo del cambio de paradigma en tantos tercios. Medio siglo atrás la visita anual del comediante neoyorkino a las salas suponía todo un acontecimiento y, por mucho que los melómanos insistieran en que nada comparable a la compañía de Wagner en Bayreuth entre otras citas de alta alcurnia, cuando se acercaba la llegada de lo nuevo que se le había ocurrido al pecoso judío por el horizonte solo se veía en la cabeza de los devotos el puente de Brooklyn. Las colas rodeaban la manzana y en ellas se respiraba a finales de los setenta ansiedad por acceder para descubrir lo que la traviesa mente del galán había dispuesto. Durante años se convirtió en alimento indispensable.
Se le nota cansado. ¡Qué caray si se ha exprimido! Mientras estaba con la postal de San Sebastián, al igual que últimamente con otras que para eso se ha hartado de encumbrar al cine y a los espectadores europeos, me refugié en las páginas de sus memorias en las que el retrato de los padres es para morirse. Por mucho que insista en que el trastoque fawrroniano no le influye sería antinatural para alguien que cuenta con una obra repleta de impresionabilidad e imaginación, salvo que se descubra que no es el autor de nada de lo que hemos paladeado. Ni de «Annie Hall» ni de «Manhattan» ni de «Hannah y sus hermanas» ni de «Match point»… Eso sí que sería un final estruendoso y una forma de captar para la causa a los detractores.

Las enseñanzas

Hubo una época en que Soraya Saénz de Santamaría fue omnipresente dado que su jefe era Rajoy. Finiquitada la etapa pretendió hacerse con las riendas, patinó y desapareció de la faz pública. No se preocupen. Está como una rosa.
En marzo del 19, el afamado despacho de Cuatrecases anunció a bombo y platillo la contratación de la nueva socia para liderar el ejercicio de Corporate Compliance. ¿Y eso qué es? Pues un conjunto de procedimientos y buenas prácticas requeridos por organizaciones para prevenir delitos. Con lo que ella detectó en las cercanías, el despacho no se lo pensó. Esta mujer -dirían-, con pinta de ser más lista que el hambre, debe olerlos a distancia.
Desde que expiró el fatigoso periplo en un primer plano ha tenido contadas apariciones. La última ha sido la más expansiva a pesar de haberse resistido. Fue su compañera en el Consejo de Estado, Amelia Valcárcel, quien la convenció. Precisó de una filósofa para arrastrarla al congreso «La vida buena y el placer» en el que la pucelana confesó haber «redescubierto el gusto del anonimato y por hacer cosas ordinarias». ¿Lo ven? Tonta no es.
Estar bajo el foco es duro. Hay que servir al igual que para resetearse cuando se deja de estar. En su reaparición se la vio con una sonrisa plácida. Aunque con posterioridad el juez habitual dijera tararí que te vi, a esas horas su íntima enemiga era acusada por Anticorrupción de mentir y solicitaba que volviese a llamarla como imputada. Somos humanos y pequeños deleites hay. Soraya no se arredró a la hora de alertar sobre populistas y demagogos que «han aprendido a manejar el sufrimiento de la gente». Ahí la nueva versión gallega al frente del bloque tiene un problema si sube Vox y otro si baja. A pesar de dar por amortizado a Sánchez desde el minuto uno, en caso de saltar la sorpresa Feijóo sabe que tampoco puede quejarse de lo que le espera: la buena vida, Alberto.

Galones en el circuito

Junto a las vivencias del peregrinaje de los restos, un mismo nombre en sus múltiples versiones acapara la atención: Carlos III, Carlitos, Charles, Charly… aunque solo sean dos humanos. Ambos han alcanzado el trono simultáneamente y, de conducirse el futuro por el cauce deseado, el tiempo reglamentario que les aguarda puede ser por el estilo. No obstante, uno de ellos cumplirá el recorrido teniendo que haber esperado algo más que el otro. Sobre medio siglo más o menos.
Ahora hay que ponerse manos a la obra. Los consejeros de Charly, que es como prefiere que le llamen el emperador de Nueva York, enseguida han expresado el propósito de que el pupilo pise la tierra. Mantenerse es más duro que llegar, majestad, y para algunos participantes de un modo especial. La clasificación de la atepé palaciega establecida por la consultora de cabecera en la previa al fallecimiento determina que el segundo puesto en popularidad tras la reina lo ocupa Kate Middleton con un 66%, nueve tan solo por detrás de la finada. A dos puntos le sigue su esposo y heredero, mientras que la princesa Ana alcanza el 53% de respaldo. Dirán ustedes: ahora ya vendrá él, ¿no? Qué más quisiera el hombre pero el caso es que en quinto lugar, pásmense, la afición coloca a la hija de la anterior, Zara Phillips, a la que acabo de conocer y a la que sus paisanos otorgan un 42% como jinete de élite, premiada deportista del año en su día por la bicicí. Dada la pasión de la abuela por los caballos, quién sabe si la votó.
Gracias a que los desencuentros descolgaron a Harry, que a día de hoy sigue siendo el preferido entre los jóvenes, el rey es situado en sexta posición por sus súbditos con un 42%. Estos resultados son anteriores a que el galán obsequiara a la parroquia torciendo el gesto de forma avinagrada al encontrarse con que, cuando se disponía a estampar la rúbrica a su nombramiento, la pista no se hallaba en las condiciones más favorables. Situados a la espalda, su mujer miró de soslayo a Guillermo pensando a ver si va a quitarle el turno.

La fascinación

En el barrio en el que crecí había maestros, peluqueras, polis, traficantes de hachís, revoltosos para los que el pecé era revisionista, pero monárquicos, lo que se dice monárquicos no entraban en los planes de desarrollo como no fuera el pulso que se traían seguidores de la banda de Liverpool y de sus satánicas majestades. Destronarlos suponía una tarea ingente.
En julio del 69 el príncipe Juan Carlos fue nombrado heredero. Lo malo es quién lo designó en medio del polvorín contestatario cuando antes fue menospreciado por un grupo falangista al grito de «¡Fabiolo, Fabiolo!». La izquierda lo bautizó como «El breve» y los ultras como «El tonto», que es de lo único que no se le puede tildar aunque ambos se lucieran con el pronóstico. En este contexto, y pese a la popularidad alcanzada por el monarca, tiene lo suyo conectar con la fascinación que el orbe británico siente hacia Isabel II, intocable hasta para los independentistas escoceses. Tras su adiós, ojo que Australia e Irlanda del Norte llevan tiempo tentados por descolgarse de la corona.
Penetrar en el ser de la mujer que nunca expresó una opinión es tarea ardua. Pero entonces llegó el guionista y dramaturgo Peter Morgan quien a través de «The Audiencie», «The Queen» y «The Crown» nos ha hecho creer que Helen Mirrer y Olivia Colman son la reina y, al igual que él, hemos caído rendidos al tocarnos la fibra la cantidad de renuncias que hubo de hacer desde jovencita y la impenetrabilidad para no contaminar su cometido. El hijo, al menos, ecologista es o se lo hace. También ofreció un recital de tampones. Carlos III ha de trazar un estilo sin que tenga por qué estar patrocinado por el jeque de Qatar que le dio un pastizal. Ante la que se le viene encima ya dijo: «No soy idiota; sé que tengo que cambiar». Lograrlo a la edad que le ha pillado, y de la mano de Camilla ,tendría tanto mérito como el reinado de su madre. Ficción sí que parece.

Clavado en Queens

En octubre de 2018 estuve en Flushing Meadows. El complejo es la pera y la pista central, capaz de albergar a veinticinco mil espectadores, turbadora. Un mes antes, Djokovic y Osaka se habían hecho con el torneo, esta derrotando con cierta suficiencia a Serena Williams. Lógicamente cuando fui no quedaba nadie. De modo que la presente edición me la he tomado como una forma de completar la visita y acudo a las jornadas de mañana, tarde y madrugada. Mis ojos están contentos.
Los partidos estelares a priori son los de los nuestros por lo que el primer padecimiento llegó con las derrotas de sendas jugadoras que relucen en el escalafón y a las que les cuesta Dios y ayuda mantener la regularidad que la clase de la que disponen demanda. Alertado por ese tipo de citas que uno no debe perderse tomé asiento ante el que podía convertirse en el último capítulo de ese vendaval de mujer que es Serena y quedé prendado por el comportamiento de la chavala australiana que tuvo enfrente, capaz de sobreponerse al ambientazo unánime a favor de la gran diva. Al final la preeminencia y el homenaje fueron para la derrotada, mientras la vencedora permaneció recogida en su banco asistiendo como un espectador más al subsiguiente tributo. No recuerdo ni su nombre, pero soy muy fan suyo. Al menos confío en que sea australiana.
De serlo, un compatriota, Kyrgios, está ganándome. Primero porque juega tela, después porque tiene un estilo muy distraído y, finalmente, porque debe ser uno de los pocos que cuando lleva un rato tranquilo se descentra. Necesita dar una buena bronca para ser él y, si es a su palco, se sobreexcita. En el polo opuesto resplandece el talante del chico del Palmar que, tras cometer una pifia incompresible, se recompone marcándose una sonrisa. Cada uno es como es y, pese al meteórico ascenso, ha comprobado en sus carnes lo difícil que es ganar un torneo de los grandes, no digo ya tres y, qué voy a contarles, catorce o veintitantos. Con solo leerlo, a mis ojos se le han caído dos lágrimas.

Dios mío, pero quién da más

Tengo ante mí en la cocina una sandía con pepitas, de esas que han subido el precio hasta en un 450% a causa de las altas temperaturas que han provocado un acusado descenso en la producción, por lo que no sé si abrirla o adorarla. Opto por lo segundo para que, al pasar allí un buen rato mirando a la cucurbitácea, no caer en la tentación de poner en marcha el lavavajillas a hora inapropiada ni ducharme con agua caliente antes de que Von der Leyen y los ministros del ramo de la Energía le metan mano al mercado eléctrico porque al resto de los mortales ganas de meternos mano es que no van quedándonos. Además en cuanto nos diera por vencer la resistencia saltarían a porfía Sánchez & Feijóo con tal de atribuirse el mérito como ocurre con cualquier paso que vamos dando y da mucho coraje.
Pero, claro, como vivimos en un grado de excitación permanente desde hace tanto resulta que aquí y ahora nos encontramos en alerta ante la posible llegada del ciclón tropical Danielle. Las previsiones meteorológicas advierten de que la zona de inestabilidad registrada en medio del Atlántico conseguiría organizarse formando primero una depresión que tiene un 70% de posibilidades de cuajar en los próximos días dentro del seguimiento que se trae el Centro Nacional de Huracanes estadounidense. Debe ser el único ingrediente de inestabilidad que nos queda por agregar a la cesta. Viendo la temperaturita que registra el mar no había que ser un lince para intuir que debíamos ir haciéndole hueco.
Los expertos señalan que no puede determinarse si nos afectará, pero que en caso de formarse el fenómeno se desplazaría lentamente por el noroeste, viraría rápido hacia el este donde alcanzaría su mayor intensidad que podría llegar a tener características de huracán categoría 1 desde el martes hasta el jueves mínimo. Pues creo que voy a liquidarme la sandía.