Dios mío, pero quién da más

Tengo ante mí en la cocina una sandía con pepitas, de esas que han subido el precio hasta en un 450% a causa de las altas temperaturas que han provocado un acusado descenso en la producción, por lo que no sé si abrirla o adorarla. Opto por lo segundo para que, al pasar allí un buen rato mirando a la cucurbitácea, no caer en la tentación de poner en marcha el lavavajillas a hora inapropiada ni ducharme con agua caliente antes de que Von der Leyen y los ministros del ramo de la Energía le metan mano al mercado eléctrico porque al resto de los mortales ganas de meternos mano es que no van quedándonos. Además en cuanto nos diera por vencer la resistencia saltarían a porfía Sánchez & Feijóo con tal de atribuirse el mérito como ocurre con cualquier paso que vamos dando y da mucho coraje.
Pero, claro, como vivimos en un grado de excitación permanente desde hace tanto resulta que aquí y ahora nos encontramos en alerta ante la posible llegada del ciclón tropical Danielle. Las previsiones meteorológicas advierten de que la zona de inestabilidad registrada en medio del Atlántico conseguiría organizarse formando primero una depresión que tiene un 70% de posibilidades de cuajar en los próximos días dentro del seguimiento que se trae el Centro Nacional de Huracanes estadounidense. Debe ser el único ingrediente de inestabilidad que nos queda por agregar a la cesta. Viendo la temperaturita que registra el mar no había que ser un lince para intuir que debíamos ir haciéndole hueco.
Los expertos señalan que no puede determinarse si nos afectará, pero que en caso de formarse el fenómeno se desplazaría lentamente por el noroeste, viraría rápido hacia el este donde alcanzaría su mayor intensidad que podría llegar a tener características de huracán categoría 1 desde el martes hasta el jueves mínimo. Pues creo que voy a liquidarme la sandía.

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