Feliz año de contratiempos

Alguien cercano tenía previsto pasar el fin de año en Londres con hijos y nietos incluidos en el paquete. Es precioso viajar, pero en fechas como estas reconozcamos que hay que echarle moral. Sin ir más lejos British Airways arrancó las fiestas pidiendo disculpas a sus clientes después de que los vuelos en Estados Unidos y en otros países quedaran interrumpidos horas y horas por problemas técnicos que dejaron colgado el sistema de planificación de vuelos. Esto te pilla en cualquier terminal del mundo rodeado de prole y te hace una gracia que para qué. Y más si no has podido embarcar las zambombas.
No pude contenerme y mandé en las horas previas un recadito de los nuestros al susodicho: «Ignoro cómo, pero me ha llegado un mensaje de Boris Johnson en el que dice que para Nochevieja se le han trastocado los planes y que, si queréis, os anima la velada». Otra cosa no, pero en eso es de fiar. Así que, lanzado y aunque él cuenta con una cartera de locales muy superior a la que yo pueda imaginar, le recomendé por si les encajaba Bombay Brasserie, un indio de estilo colonial con un piano a bordo en Kensington y un precio más que razonable que en su día nos dejó un muy buen sabor de boca. Lo que no tardó en llegar fue su respuesta a lo del invitado sorpresa: «Me he animado solo, he pillado el bicho». Hasta ayer no dio negativo por lo que no me he atrevido a preguntarle dónde caerían las uvas no fuera a ser que me trasladara que, ante el estado que él presentaba, ya le había mandado mi dirección al expremier.
También anda cerca un tipo al que la cuestión de las tarifas es superior a sus fuerzas. Gastar le duele lo que no hay en los escritos cuando además siempre ha estado loco por pillar habitación en establecimientos lujosos que devora. Métete en ellos por la web, le hemos dicho, y tras relamerte reserva en la pensión de al lado. No solo ahorras sino que ganas dinero.

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