El efecto consiguiente

Una de las diatribas que tendrá su peso en la balanza electoral a los ojos de no pocos reside en la entente del osado Sánchez con los independentistas. Para los menos templados y más alegres del coro azulado esta deriva hará a Feijóocampeón mientras que en la dirección contrincante vaticinan lo contrario convencida ella de que esos arrestos normalizadores les serán rentables. Uno de los pocos comodoros periféricos que hizo suya desde el primer instante la peripecia emprendida por el mando en el traicionero rompeolas catalán fue Ximo Puig en tanto que el iconoclasta castellano manchego de la misma orden le ha dado a la apuesta por delante y por detrás. El efecto consiguiente ha consistido en dejar con el culo al aire y sin el agua necesaria para la sed del territorio al primero y en mimar hasta la extenuación a su menda lerenda a ver si de este modo Page se mete la lengua donde le quepa y el embrollo resulta más fácil.
Y, claro, como era de esperar la Sociedad Española de Investigación de Fenómenos Extraños se ha traído para acá el primer Congreso de Parapsicología a celebrar en Sax los próximos 10 y 11, conocedora de que la candidata del molt a la alcaldía de Alicante es sajeña y no le importará pasar y recoger conclusiones. Lo que salga sobre todo de los apartados sobre telepatía y clarividencia le interesa.
Se espera que el congreso depare sorpresas. No se descarta el estudio de las vallas «Sonríe, ya se van» junto a las fotos del presidente de la Generalitat, de Oltra y del piloto monclovita con expresiones que ojú y la pregunta de cómo es posible que se trace esta campaña de trazos diabólicos por parte de un negociado que en su día no vio al aspirante sacar ninguna con Zaplana, Campsy Rus contando billetes.
Son situaciones a las que ni la transcomunicación instrumental ni las voces paranormales pueden responder. Es la llamada del poder sin más. Pero que asusta.

En compañía de King Kong

Es viernes en el trance de elegir ocio al que acudir o quedarse tan ricamente en casa después de una semana meteorológica guapa. Finalmente me decanto por la presentación del libro «El grito silencioso: una aproximación a King Kong y a la evolución del imaginario contemporáneo norteamericano». O sea, pasar la tarde entre el rugido de un impresionante simio golpeándose el pecho. Pues sí. Es difícil sustraerse a la tentación.
Y, miren por donde, acierto de pleno. La sala está a rebosar. La tesis se sustenta en que «el cine de terror aumenta en los momentos de crisis» con la pretensión de que «contemplando el miedo ficticio se logre que desaparezca el real». O se relativice. El caso es que hay cuatro películas con el gorila rugiendo. La del 33 como respuesta al crac del 29; la del 76 tras el jaleo del petróleo; la de 2005 con el animal cayéndosele la baba ante Noemi Watts -y artísticamente a quién no- con el episodio de las Torres Gemelas de antesala y una de 2017 en plena depre por la guerra del Golfo que Molina Foix remachó con un «que solo has debido ver tu» dirigido al autor con el envenenado dardo de admiración. La he buscado para que deje de ser el único pero lo cierto es que no la he encontrado.
Resulta fascinante la cantidad de veces que Juan Antonio Roche, catedrático de Sociología de la Cultura y las Artes, habrá tenido que acercarse a los diferentes «remakes» para llegar a las conclusiones que alcanza y a todo lo que subyace sobre el género humano hasta concluir que «no estamos ante un monstruo ajeno a nosotros, se trata también del monstruo que cualquiera llevamos dentro».
A la inmensa mayoría de asistentes la que les arrebató es la primera en blanco y negro y, a diferencia de allende los mares, hubo coincidencia en que aquí el ser despierta empatía. En una nación sabia regada por tantas culturas no tienen cabida alteraciones sin sentido. De meterse en nuestra vida se le despellejaría en cuanto le pusieran el foco . Sí, en todas las versiones queda claro que Tamara no es su tipo.

De lo más granado

No sé lo que ha tomado Macarena Olona pero lo que haya sido debería estudiarse. Lo último que ha esgrimido la exdiputada de Vox es lamentar «profundamente» sus discursos contra la violencia de género desde la tribuna del hemiciclo y dar así «alas a quienes viven en la caverna y niegan la violencia machista, que por supuesto existe. A los negacionistas les falta educación». Es probable, no seguro, que Feijóo diese lo que fuera necesario por hacerse con la fórmula del compuesto que esta mujer ha ingerido para suministrárselo a sus compañeros de viaje y no digamos ya Borja Sémper antes si es posible de las citas electorales y de que a la otrora estrella cascabelera de Abascal empiecen a llamarla feminazi, temblorosa de placer se mire en este caso por donde se mire.
La selección ultra en cualquiera de los puntos cardinales da mucho de sí. Hay que esmerarse en la tarea de extraer lo más granado pero convengamos que lo consiguen hasta extremos difíciles de imaginar. Y, sin embargo, ahí están sobresaliendo que da gusto. El predecesor de Macarena en el intento de asaltar la Junta de Andalucía ha sido procesado por un supuesto fraude de subvenciones y estafa tras conseguir un préstamo millonario del ministerio de Industria y desviarlo para otros quehaceres. No se preocupen, enseguida lo van a situar. Se trata de Francisco Serrano, juez inhabilitado y posteriormente restituido, el mismo que a raíz de la sentencia de la Manada alertó sobre la gravedad de la misma puesto que a su saber y entender «altera todas las garantías constitucionales establecidas por la jurisprudencia» dado que «hasta un gatillazo o no haber estado a la altura de lo esperado por la mujer podría terminar con el impotente en prisión». Con decir que su propia formación lo desautorizó está dicho todo.
Hoy ya es otra cosa. El más alto cargo institucional es el vice de Castilla y León y lo que vale es su criterio. Para qué más.

El mensaje de una mujer

Había sido aupada por el tilín que le hizo a sus compatriotas la determinación y cercanía que mostró tras el peor atentado de la historia de Nueva Zelanda y en abril del 20 hice alusión a ella por cómo se había aplanado por aquellos confines la temida curva después además de haber donado junto con su gabinete el 20 por ciento del salario a la cruzada contra la maldición. Meses más tarde, en otoño, con los estadios albergando a cincuenta mil espectadores instaurado el territorio en la envidiada normalidad, Jacinda Ardern sacó mayoría absoluta y, en lugar de jactarse, lamentó que se hubiese «perdido la habilidad de ver el punto de vista del otro». Sé que están pensando que les recuerda a algo y no saben a qué. Al menos en eso creo que estaremos de acuerdo.
Pero si desde entonces esta primera ministra me tenía arrebatado he comprendido que no era nada comparado con la decisión de dejar el cargo a pesar de haber pasado «los cinco años más gratificantes de mi vida» pero al encontrarse con el depósito vacío y sin la «suficiente energía para hacerle justicia al puesto». Es verdad que los negacionistas de la sensatez en cualquier campo han venido haciéndole la vida imposible a ella y a los suyos y, sin embargo, ¿a cuántos cargos públicos próximos hemos visto aferrarse al sillón dentro de una trayectoria repleta de desaguisados y cuando gracias a descubrirse algún que otro desmán todo quisque sabía que estaban muertos menos ellos?
Y dentro del capítulo de los servidores honestos, que es el mayoritario, se siguen dando casos de quienes no comprenden ni aceptan que, tras una dilatada carrera al frente de tal institución, los mismos que los propusieron estimen que ha llegado el momento del relevo. Y se revuelven a veces de forma estrafalaria, convencidos de que nadie podrá ejercer la representación a la altura alcanzada. No obstante hay esperanzas. Podemos concluir que otro comportamiento es posible al ver lo sucedido en Nueva Zelanda. Pero no sé. Efectivamente, quizá algo lejano sí que parece.

Ese mundo paralelo

Sale Nadal. Son allí las tres de la tarde del lunes en que arranca el torneo y el coliseo de Melbourne está a reventar. La grada vibra con la aparición del vigente poseedor del título por quien nadie daba un duro en la final contra el ruso Medvédev, cuyo fuerte está lejos de ser la empatía, durante la que no hubo cristo que resistiera sin estar al borde aunque los capítulos postreros de Rafa en el año que se evaporó quedaron con renglones torcidos. La familia se ha acercado al completo hasta las Antípodas. En la previa de ver el partido inaugural para los contendientes he regresado andando y no muy lejos me he topado con un padre dándole lecciones a quien supongo que es su hija. No es la primera vez que me detengo por la de voces y presión que le mete a la chiquilla conminándola a que devuelva la bola tal como le indica y, sin embargo, es para verlo golpear a él. El McEnroe que llevo dentro está a punto de gritarle: ¿Lo ves, hombre? No solo los número 1 son de otro planeta.
Ha empezado el choque en el que el objetivo nítido del manacorí es recomponerse para dar de sí todo lo que pueda como siempre ha hecho, ahora ya en el tramo final de la carrera que a saber cuánto durará con ese nunca darse por vencido que lo ha caracterizado manteniéndolo en la cumbre ni se sabe. Tiempo atrás Rod Laver no era un estadio central como es este en el que se disputa el primer Gran Slam del calendario sino un zurdo de diamante que liquidaba contrarios en cualquier superficie mientras que los nuestros solo pitaban si acababan rebozados en tierra. Con la era moderna eso pasó a mayor gloria y ahí está el más grande de la hornada en el afán de continuar alimentando la leyenda. Para ello ha de superar a un rival cuyo apellido es el mismo del protagonista de «Mad Men» que no cedía un centímetro en su pelea por conservar la cima alcanzada. A Draper, pero Jack no Don, aún le queda para asomarse a ella si es que alguna vez lo logra pese a dar guerra medio cojo y con un cortocircuito en la tráquea.
Por lo que más quieran: ¡Salvad a la cría!

Del despecho a la pachorra

Cuando me enteré del asunto a las pocas horas de ponerse en danza, la canción contaba con treinta millones de reproducciones. En el instante en que tecleo esta referencia me he perdido y debe andar sobre el doble, el triple o vaya usted a saber. La velocidad a la que se consumen los productos para ser deglutidos por las redes es de vértigo y las reacciones supongo que infinitas. Yo he echado el freno en dos de las que me han llegado. La primera de Ibai Llanos, al que pese a tratarse de un recién nacido no hace falta presentar, amiguete del tipo que cambia un Rolex por un Casio y que en su tuit de inicio se pregunta al respecto: «¿Creéis que lo de Shakira va por Piqué?». Y la segunda más institucional de un menda autoproclamado Hannibal Lecter que suelta: «Menos mal que la reina Sofía no es cantante».
El caso es que, nada más quedar resuelta la custodia, la estrella colombiana ha dicho aquí estoy yo. El debate gira en torno a si el sesgo que contiene el estruendo formado es lo mejor para los críos de ambos y en si eso se le hace a la otra en danza. Entre la diligencia con que la intérpetre ha solventado su nudo y la forma en que Yolanda Díaz está resolviendo el espacio al que se comprometió debe haber un término medio. Ya sé que lo que se dirime es de naturaleza bien distinta pero no me negarán que el tiempo apremia. Sin ir más lejos en el pesoe están de los nervios conscientes de que la unión a su costado hace la fuerza. Es posible incluso que barrunten que un solista o alguna pareja de Unidas Podemos -no se me ocurre cual- esté componiendo un rap dedicado a las ronchas que levantan en la vice verse inserta en lo que para ella ahora es la esquina del tablero, con estrofas referidas a la simpática centralidad de Sumar y a la ingratitud que supone dejar en el olvido a Pablo dedicándole arrumacos a Pedro. Tranquis, que los dividendos están asegurados. Para Shakira, almas de cántaro.

La afición es que tiembla

No pasó desapercibida la presencia en el estadio olímpico de La Nucía de Carlos Mazón con la bufanda del Valencia clausurando en cierto modo su etapa representativa en la Dipu alicantina dando paso así a la caza del voto. Dado que es culé hasta la médula al día siguiente no tuvo que resaltarlo con prenda alguna sabedor de que se sentaría al lado de Laporta. Visto el cariz que va tomando la competición me volví loco para ver a Ximo Puig la tarde en que su equipo visitaba La Cerámica pero o no fue o se resguardó entrenado como está con las acometidas que le propina su propio «mister» desde la acción del Gobierno central. A veces no hay quien entienda este juego.
¡Qué temporadita nos espera! Hay que estar preparados para los resultados que se produzcan en primavera/otoño con los calentones en el post y en otros campos embarrados tipo Atocha. El expresidente del Constitucional se ha ido repartiendo coces pendientes de cómo se reordena un tribunal en el que ahora mismo Mateu Lahoz pasaría desapercibido. Quien se deja querer con fuerza en este mercado invernal es Macarena Olona que acaba de ponderar la figura de Yolanda Díaz al contrario que Unidas Podemos y que ella con la «troupe» de Pablo, Pablito, Pablete que no es más que el modo habitual de calentar de la multi izquierda ante cualquier cita con con las urnas. Por el extremo contrario la que fuera punta de lanza de Abascal en las andaluzas ha señalado que el asalto de Brasil es golpismo y que sin democracia no hay libertad tras reaparecer deplorando la violencia machista. Ignoro qué ha tomado esta mujer, pero desde luego la magdalena de Proust no ha sido.
En el espíritu del vendaval argentino levantado en Qatar anida la escena de aquella película inconmensurable en la que se proclama que «el tipo puede cambiar de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión». A ver si dentro del ciclón que se viene encima no nos la desgracian también.

Firmeza en el desconsuelo

Ocurrió en Mislata durante el arranque del pasado año. El castillo hinchable de la feria salió disparado y con él un racimo angelical de criaturas. El impacto se llevó para los restos los latidos de Cayetana de ocho años y de Vera con tan solo cuatro. Los padres de esta última han saltado para ver si de una vez por todas es posible que se tomen las medidas adecuadas. Las que están estipuladas en el espacio avanzado al que pertenecemos y no se dejan estas atracciones al arbitrio de quienes hacen volar la codicia a una velocidad por encima de la de los cacharros. En este caso el de la sujeción de un invento cuya consistencia no puede ser sino el primer mandamiento para su apertura.
Todo conduce a indicar que no lo fue. Los sufridores que han quedado huérfanos la describen como un manantial de chapuzas con «cuerdas y cintas desgastadas sujetas a un árbol, un banco y una farola». Y que el artefacto de marras estaba plantado en el peor sitio posible, el más abierto y desnudo ante las ráfagas de viento amenazadoras previstas con la antelación correspondiente. Produce estupor, se abren las carnes. La instrucción ya detectó desde el primer momento síntomas de sospechosa dejadez. Pero ese primer momento se eterniza y el cúmulo de preguntas sin respuestas aumenta el dolor. Ni determinados casos donde el impacto producido representa una tortura diaria corren mejor suerte que el repertorio de sumarios que recorre su rumbo al ralentí. Suma y sigue un curso judicial tras otro, a bordo de una epidemia mortal de necesidad contra la que no hay manera a lo que se ve de obtener vacuna efectiva.
Quienes claman para que nada de esto se repita también han echado en falta que el ayuntamiento indagara con decisión en la dirección que debía. Señalan que no han recibido ni un mínimo de calorcito. De ser así tiene bemoles. No hay más que imaginarse lo que habrán sentido en estos días las familias afectadas cuando a lo que ha dejado paso los regalos a las niñas es a un ardiente vacío. Las muñecas eran ellas.

Sensaciones inesperadas

Unos pilotos avezados han hecho por primera vez que se sepa el recorrido entre Calp e Ibiza en globo, alzándose hasta 2.500 metros y cogiendo los 30/40 kilómetros de velocidad para tomar tierra a las cuatro horas y media sin contratiempo alguno. Llevaban años rumiándolo pero por hache o por be no se habían puesto a ello y, aunque pensaban encarar el reto desde Dènia, al comprobar el viento a las diferentes alturas decidieron peregrinar unos cuantos territorios al sur para correr el menor riesgo posible. Me impactó la aventura. Mi único acercamiento entre comillas a uno de estos artefactos ocurrió cuando tuve el lujo de encarnar a Baltasar y al día siguiente la organización citó a los tres magos de Oriente a subir por el aire para realizar otra entrega de presentes en determinados centros. Un buen número de criaturas se quedó sin la presencia del rey negro y en el aterrizaje Gaspar se fracturó la pierna. Lo sentí en el alma pero qué le va hacer uno si Dios no le ha llamado por ese camino.
Me dirijo hacia el aeropuerto sin globo alguno. Todo lo contrario. He comprobado el estado del vuelo y he visto que acaba de despegar. Pese a que queda hora y media para que aterrice no puedo contenerme. Voy como a aquellas primeras citas pero con cincuenta tacos más envuelto en una emoción incontenible, estremeciéndome sin esperarlo por dentro, lo juro, en un estado de excitación que pocas situaciones provocan a estas alturas ni siquiera Cuca Gamarra cuando dice allá voy que también tiene lo suyo.
Dejo el coche estacionado en buen estado y alcanzo la sala de llegadas. Cuerpeo y me hago hueco. Quiero divisarlos. Salen pasajeros y más pasajeros. Cientos. Se entremezclan. A los únicos que sitúas con precisión es a los que vienen de Palma. Ya saben. Se reparten abrazos y se sueltan lágrimas en todas las posiciones. Veo un carrito doble ¡Ahí vienen! Chasqueo los dedos. Es la señal. Miran, se revuelven y sonríen. Qué más quiero si están para comérselos. ¿Me los como? Freno ya que me da.