Sensaciones inesperadas

Unos pilotos avezados han hecho por primera vez que se sepa el recorrido entre Calp e Ibiza en globo, alzándose hasta 2.500 metros y cogiendo los 30/40 kilómetros de velocidad para tomar tierra a las cuatro horas y media sin contratiempo alguno. Llevaban años rumiándolo pero por hache o por be no se habían puesto a ello y, aunque pensaban encarar el reto desde Dènia, al comprobar el viento a las diferentes alturas decidieron peregrinar unos cuantos territorios al sur para correr el menor riesgo posible. Me impactó la aventura. Mi único acercamiento entre comillas a uno de estos artefactos ocurrió cuando tuve el lujo de encarnar a Baltasar y al día siguiente la organización citó a los tres magos de Oriente a subir por el aire para realizar otra entrega de presentes en determinados centros. Un buen número de criaturas se quedó sin la presencia del rey negro y en el aterrizaje Gaspar se fracturó la pierna. Lo sentí en el alma pero qué le va hacer uno si Dios no le ha llamado por ese camino.
Me dirijo hacia el aeropuerto sin globo alguno. Todo lo contrario. He comprobado el estado del vuelo y he visto que acaba de despegar. Pese a que queda hora y media para que aterrice no puedo contenerme. Voy como a aquellas primeras citas pero con cincuenta tacos más envuelto en una emoción incontenible, estremeciéndome sin esperarlo por dentro, lo juro, en un estado de excitación que pocas situaciones provocan a estas alturas ni siquiera Cuca Gamarra cuando dice allá voy que también tiene lo suyo.
Dejo el coche estacionado en buen estado y alcanzo la sala de llegadas. Cuerpeo y me hago hueco. Quiero divisarlos. Salen pasajeros y más pasajeros. Cientos. Se entremezclan. A los únicos que sitúas con precisión es a los que vienen de Palma. Ya saben. Se reparten abrazos y se sueltan lágrimas en todas las posiciones. Veo un carrito doble ¡Ahí vienen! Chasqueo los dedos. Es la señal. Miran, se revuelven y sonríen. Qué más quiero si están para comérselos. ¿Me los como? Freno ya que me da.

Deja un comentario