Como uno más

Siempre me pareció Aznar una persona muy cercana. Esa manera de poner los pies sobre la mesa, similar a la que cualquiera de nosotros emplea cuando está en casa. Pero él no. Él los colocó en una cumbre del G8 representando a su país en un receso junto a Bush, Schröeder y Chirac entre otros mientras fumaba un puro. Mayor naturalidad no cabe. «Que nadie piense que estoy aquí para mostrar una cara distinta a la que tengo», pensaría el mandatario entre calada y calada. Y quién no se ha soltado la lengua en una reunión y más si es con bodegueros para acabar largando algo como «a mí no me gusta que me digan las copas de vino que tengo o no tengo que beber». Ese es el mensaje que le envió en 2007 a la degeté todo un expresidente del Gobierno. He ahí el gran mérito. Tiempo después Miguel Ángel Rodríguez fue detenido por cuadruplicar la tasa de alcoholemia al volante tras provocar un choque con coches estacionados en el distrito de Retiro. La fidelidad a unas palabras que, en fin, no tiene límites.
Pero además de esa afinidad con tantos compatriotas está el tesón que demuestra. Tras el pollo que trajo consigo la boda de la niña en El Escorial tampoco encuentras a muchos que se atrevan a montar un sarao de alto copete a la vista de todos. No es el caso y el padre de la novia aprovechó sus 70 primaveras para regalarse un desfile de modelos en la recepción de los más de doscientos asistentes al Teatro Real. Acudió parte de los invitados al acontecimiento anterior y parte no. Es ley de vida y de la penal. Los convidados presentaron sus mejores galas. Al llegar la «reina» Isabel acompañada de su asesor de cámara se corrió la especie de que ella saldría de la tarta a cantar el «happy birthay» puesto que si bien no había armas de destrucción masiva MAR siempre anda preparado para entrar en acción. Tras despedirse no consta en parte policial alguno. Otro motivo de celebración para los automovilistas.

Un santo varón

Un mes antes del 20 de noviembre del 75 fueron decretadas las guardias en la redacción. A las cuatro de la madrugada se producía el cambio de turno. Durante la interminable espera todo era muy edificante: timbas y jotabé a raudales dentro de una atmósfera saludable a más no poder compuesta a base de winstons y ducados. Para los meritorios supuso un máster impagable y de hecho apenas si veían un duro lo que les proporcionaba una cierta pista sobre el plan que aguardaba. Llegada la noche de autos el periódico fue de los primeros en salir a la calle de Norte a Sur y de Este a Oeste y a mi me pilló sudando la gota gorda, pero con cuarenta de fiebre entre las sábanas, y fue mi madre la que me dio la noticia unas cuatro horas después de anunciado el óbito junto a un vaso de leche caliente. «No se te vaya a enfriar, hijo» fueron las primeras palabras que oí tras producirse el episodio que habría de cambiar el rumbo de la historia.
El imbécil este no hizo caso de las señales y, bañado en ríos de tinta y mares de galeradas, se encontró unos cuantos quinquenios más tarde al frente de una de las naves llamadas a vigilar la singladura de Zaplana. Pronto me percaté de que quien entraba por la puerta no era mi madre por lo que de algo calentito para entonar el cuerpo ni hablamos. Y hubo que ponerse las pilas puesto que para mantenerse a flote frente el contingente de descargas no quedaba otra. Y sin embargo no hace falta incidir en que estamos ante un santo varón porque ya se encarga él de repetirlo.
Así lo pone de manifiesto en entrevistas supuestamente cargadas de espinas. No es nuevo. Siempre mimó a algunos de los que debían controlarlo quienes acababan viendo a un ilusionista sin ahondar en el truco. Dice no disponer de nada sino que se le debe «molt» por el paisaje de apliques emblemáticos que dejó aunque lo que los tribunales escruten sea el erial. Y aún habiendo estado entre barrotes sostiene que no es un truhán. Teniéndolo pendiente una buena temporada es cuando certificas que madre no hay más que una.

Alerta máxima

A unos cuantos meses vista del paquete electoral que queda de aquí a fin de año, en los cuarteles generales están de los nervios. El enconado duelo de bloques los tiene en alerta máxima. Cualquier plataforma de apoyo o gesto favorable es recibido con un fervor digno de estudio. Y si quien lo lanza es un famoso, la boca se hace agua. Expertos aseguran que la implicación de seres conocidos «permite llegar a un grupo de votantes al que los candidatos no lo suelen hacer y la gente percibe en ellos algo que los políticos han perdido: la cercanía, el lenguaje…». Viéndolo así, madre mía, igual hasta llevan razón.
Vamos directos al grano. Jorge Javier Vázquez, al que Sánchez llegó a llamar en directo a «Sálvame» desde la Moncloa como votante confeso del pesoe que era, se ha decantado por Mónica García, de Más Madrid, y le ha dicho a Ayuso de todo menos bonita. La consecuencia inmediata es que Mediaset ha endurecido las normas prohibiendo opiniones políticas en programas de entretenimiento, aunque deja una ventana abierta en el de Ana Rosa cuyas ideas circulan en sentido contrario al del colega de cadena&condena o lo que es lo mismo: ante el cariz que toman los acontecimientos Berlusconi ha dicho alea iacta est, criaturas.
Digno sucesor de Arfonzo, el replicante más venenoso es el tal Rufián. Su último trending topic ha sido el de señalar que los derechos no obligan, sino las derechas. O sea, «el derecho al divorcio no te obliga a divorciarte» y así sucesivamente. Bien pues, para él, «quien tenga el apoyo de Ibai Llanos gana las elecciones». Illa se apresuró desde luego a propagar que vio las campanadas con el ínclito y nadie va a enseñarle al exministro qué es mejor ponerse. Quedan por saltar al aparato rostros célebres. Pre pandemia Miguel Bosé pasó de la ceja a posicionarse con Podemos. Y pese a tanto ansia, es posible que no haya mucha pelea por reclutar al bandido.

La restitución

Sobre Carmen de Burgos, considerada la primera periodista de nuestras entretelas que llevó el pseudónimo Colombine por bandera, se corrió un tupido velo con el desenlace de la guerra civil. Méritos hizo de sobra. Al alzarse el telón del XX puso kilómetros de distancia con el maridito que le cayó en suerte, se marcó numerosos artículos, ensayos y volúmenes de diferente índole reclamando el voto de la mujer, fue persistente a la hora de pedir la legalización del divoricio y casi en puertas de morir en el 32 se le ocurrió ingresar en la masonería. Efectivamente para quienes cogieron la vara de mando no había por donde cogerla. Resultado: pasó a formar parte con todos los honores de la lista de autores prohibidos y su obra desapareció de la faz de la tierra. El régimen, que otra cosa no, pero magnánimo era un rato.
Cómo sería la capa de silencio que no se empezó a remover su figura hasta que en los setenta una estudiante de Civilización Hispánica en la uni de Nueva York, Elizabeth Starcevic, que pretendía encontrar para su tesis «una autora comprometida que transmita mensajes claros para transformar lo que haga falta» da con la pista que le ofrece un veterano profe natural de Don Benito y, tras rastrear huellas bien sepultadas, ve la luz el arduo trabajo. Y de ahí nuevamente a las estanterías.
Poco antes de la pandemia, Asunción Valdés dio una conferencia sobre ella en el Instituto Cervantes y una amiga le dijo que con dos cositas más podía hacer un libro. Después de cuatro años absorbida están a punto de salir dos tomos sobre la precursora restaurada y queda material por lo que, si se descuida, la entierra. Para eso Asunción fue pionera con puestos de relumbrón como directora del telediario cuando el porcentaje femenino en las redacciones era el que era y al frente de las mismas ofú, en el Parlamento Europeo y en la Casa de S. M. el Rey entre otros. Pero se quedaría con ser corresponsal en el extranjero y el subidón de desvelar historias radiante como se halla por contribuir a que Colombine esté más viva que nunca.

Las traiciones

Para aquellos a quienes no les haya llegado, escuchen: «A ver cómo alguien con recta conciencia, sabiendo que el don de la vida es inviolable, puede apoyar a un partido así». La formación señalada es el pepé de Feijóo y quien advierte que «traiciona la causa provida» es el obispo Munilla. Tanto la derecha como la izquierda no han salido de una cuando han entrado en otra. Como dirían los socorridos portavoces, estamos que lo rompemos.
El sucesor de Casado recuperó a Borja Sémper para semejante tarea con idea de dar un barniz modernito, reservarse él todo lo posible e intentar que Cuca continuase los pasos del Loco de la Colina en lo que a sus celebrados silencios se refiere. Por su parte, la nueva voz popular llevaba un tiempo haciendo con cierta resonancia un podcast de nombre «La ínsula» con Eduardo Madina y, tras romperse el invento con su fichaje, reconoció que la tarea que le aguardaba sencilla no iba a resultar anunciando que, en caso de producirse discrepancias con el jefe o acólitos, no tenía dudas en cuanto a la receta que debía emplear: «Frente al conflicto, sinceridad, puesto que con ella se acierta siempre». Qué bonitos son los podcasts para filosofar y qué dura es la realidad.
Ignoro cuánto va a durarle a Borja el tipín que exhibe y no digamos ya esas convicciones inveteradas. Con su cuidada barba de tres días declaró que el aborto «no es un derecho», la cúpula lo desmintió con el mensaje de que sí lo es porque lo ha reconocido el Constitucional y también el propio aspirante gallego a la Moncloa al subrayar que, salvo Polonia, así lo considera Europa entera. Ese Occidente que según el prelado guerrero «su rumbo está marcado por la izquierda desde hace algunas décadas y la derecha va por detrás, en la misma dirección y el freno de mano puesto» en línea con lo que acaba sugerir Abascalen el sentido de que el pepé ahora es de centro izquierda». Claro, comulga.

Un enredo infumable

Atravieso la ciudad. Voy resguardado. La mañana es escarcha y no hay tregua en la emisora. La porfía sobre la «ley del sí es sí» congela el aliento y la aplicación de la reducción de penas ha trastocado el avance que trae consigo no cruzar la línea del consentimiento. Quienes apuestan porque aquellos demonios que andan sueltos sean las verdaderas dianas para desenmascarar el eje del mal en cualquiera de los múltiples asaltos a la intimidad se han enredado, han agrandado las distancias y frenado lazos de entendimiento alimentando así pérfidas sonrisas de quienes estiman que tampoco es para tanto.
El trance se torna helador. La resistencia permanece enfrente con sus fauces siempre dispuestas. Me rasga la memoria el magistrado autor del voto particular del tribunal de La Manada, a cuyo juicio se trataba de un «ambiente de jolgorio» en el que exponía no ver «oposición, rechazo, disgusto, dolor o miedo» y podían escucharse sonidos de placer por parte de la víctima «lo que me sugieren sus gestos, expresiones y los sonidos que emite es excitación sexual». Venimos de donde venimos y seguimos estando donde estamos. No hay dios que entienda que la mujer no reciba en estos procesos el amparo pertinente, el de cualquier mente alineada en condiciones ya sea de la magistratura, de la parte gobernante en tareas legislativas, de la opositora, de ideologías varias y de todo el cuerpo social que haga falta.
Escucho a las ministras comprometidas en el impulso necesario y jode comprobar que se enzarcen en tacticismos, conocedoras de que solo un tanto por ciento ínfimo de afectadas denuncia y que, cuanto más ruido, menor confianza aún. Me inclino por refugiarme en un dial musical en el que me acoge una melodía reconocible de los ochenta: «En algún lugar de un gran país/olvidaron construir un hogar donde no queme el sol/y al nacer no haya que morir/Un silbido cruza/y se ve un jinete que se marcha con el viento/mientras grita que no va a volver». Hasta que entren en razón, me quedo con Ducan Dhu.

Será por cante

Raphael entonó «Yo soy aquel» convencido tras su actuación de haber arrasado y al quedar séptimo con nueve puntos en Eurovisión del 66 no tuvo remilgos: «El festival ha muerto», sentenció. El caso es que en el 67 repitió hasta puntuación, fue sexto y lanzó la carrera porque aquel chaval de Linares es «La voz», nuestro «chansonnier» melódico. Y para completar calendario nostálgico se cumplen cincuenta años del «Eres tú» que tampoco ganó y del que sus intérpretes celebran la efemérides en grupos diferentes entre acusaciones y demandas cruzadas. Medio siglo después no se sabe ya ni quién es quién.
El certamen viene acompañándonos de un modo u otro y coge impulso cuando parece que más moribundo se encuentra a base de vueltas de tuerca. La más significativa llegó de la mano de Rosa de España con «Operación triunfo» y otro revulsivo ha venido con el Benidorm Fest que ha rescatado el espíritu que anida en la ciudad desde que Julio Iglesias plantara la primera de su rosario de semillas. En Tiktok la reciente edición ha registrado unos 425 millones de visualizaciones. Yo me pierdo pero en año electoral ya saben quiénes no, sino que por el contrario se les ha visto acarameladísimos. El alcalde de Elche vio la semi en El Altet junto a familia y amigos de Blanca Paloma y la final en directo. El presidente de la Generalitat compartió con la vencedora rueda de prensa en la que señaló el triunfo como «acto de justicia histórica en el año Nino Bravo». Lo más inquietante es que Mazón se lo perdió por estar con los tres tenores, los expresidentes del Gobierno y el meritorio. Teniendo en cuenta que el candidato ausente en el día cumbre del «Eaea» exhibe pasado musical y que la cita en Liverpool es quince días antes de la de las urnas, igual intenta formar parte del cuerpo de baile que es lo que persigue que ocurra el 28 M. Ojo, por tanto. Como a la chavala le dé por ganar, qué coreografía le espera.

Longevidad traicionera

Si la memoria no me falla fue con Tamames con quien se lió cuando en plena Transición se supo que se había ido de crucero. Eran tiempos ideológicamente fuertes y en los que esa manera de viajar estaba reservada para los muy pudientes dejando a un lado a los que se quedaban con la boca abierta cuando veían al capitán Stubing dar la bienvenida a los pasajeros de «Vacaciones en el mar» entre los que figuró una pléyade de estrellas desde Gene Kelly a Ursula Andress pasando por Mickey Rooney, Gina Lollobrigida, Tim Robbins, Tom Hanks y el mismísimo Andy Warhol. Aquí los que no paraban eran Alfredo Landa y Pepe Sacristán trasladando batallitas en las que se veía reflejada una inmensa mayoría. Esa de la que se quedó muy lejos el pecé, convencido como estaba de que la lucha en la clandestinidad lo sacaría a flote por delante de quien pretendiera hacerle sombra.
En el caso de que la facultad de recordar me haya hecho un interruptus no voy a volverme loco en unas horas en las que se da por seguro que el hombre que, una vez fuera del trasatlántico, entró en el Congreso junto a Ibárruri & Carrillo ha aceptado encabezar, bajo la mediación de Dragó, la moción de censura con la que Abascal viene llenándose la boca para que Feijóo entre en el juego y vaya acostumbrándose antes de que las cosas se pongan bien en las urnas y apenas si quede escapatoria.
Después de conseguir con Franco vivo que hasta los de Letras nos metiéramos por el cuerpo su «Estructura económica de España» fue teniente de alcalde con Tierno y acabó haciendo una breve travesía en el bote del cedeese en el que zarpó Suárez para poner millas de distancia con los suyos. Tanto en los análisis como en los medios a los que se ha arrimado para exponerlos ha ido avisando por los rumbos que navegaba, pero con el envite de que «la situación de España necesita una profunda reflexión» chapotee en tales aguas se ha doctorado. A la hora de deshojar la trayectoria queda para los restos su legado a las clases populares: el crucero.