A unos cuantos meses vista del paquete electoral que queda de aquí a fin de año, en los cuarteles generales están de los nervios. El enconado duelo de bloques los tiene en alerta máxima. Cualquier plataforma de apoyo o gesto favorable es recibido con un fervor digno de estudio. Y si quien lo lanza es un famoso, la boca se hace agua. Expertos aseguran que la implicación de seres conocidos «permite llegar a un grupo de votantes al que los candidatos no lo suelen hacer y la gente percibe en ellos algo que los políticos han perdido: la cercanía, el lenguaje…». Viéndolo así, madre mía, igual hasta llevan razón.
Vamos directos al grano. Jorge Javier Vázquez, al que Sánchez llegó a llamar en directo a «Sálvame» desde la Moncloa como votante confeso del pesoe que era, se ha decantado por Mónica García, de Más Madrid, y le ha dicho a Ayuso de todo menos bonita. La consecuencia inmediata es que Mediaset ha endurecido las normas prohibiendo opiniones políticas en programas de entretenimiento, aunque deja una ventana abierta en el de Ana Rosa cuyas ideas circulan en sentido contrario al del colega de cadena&condena o lo que es lo mismo: ante el cariz que toman los acontecimientos Berlusconi ha dicho alea iacta est, criaturas.
Digno sucesor de Arfonzo, el replicante más venenoso es el tal Rufián. Su último trending topic ha sido el de señalar que los derechos no obligan, sino las derechas. O sea, «el derecho al divorcio no te obliga a divorciarte» y así sucesivamente. Bien pues, para él, «quien tenga el apoyo de Ibai Llanos gana las elecciones». Illa se apresuró desde luego a propagar que vio las campanadas con el ínclito y nadie va a enseñarle al exministro qué es mejor ponerse. Quedan por saltar al aparato rostros célebres. Pre pandemia Miguel Bosé pasó de la ceja a posicionarse con Podemos. Y pese a tanto ansia, es posible que no haya mucha pelea por reclutar al bandido.