A bordo del festival

Ustedes no darán crédito, pero Eurovisión asoma la patita. Falta un mes apenas. Hay gente que ya cuenta los días.
Yo no y, sin embargo, aquí estoy dejándome llevar un año más por las apuestas que circulan. En cuanto la cita se calienta el bombardeo se torna incesante y es difícil abstraerse. Tampoco es cuestión de ponerse estirado cuando lo fastidioso son otras cuestiones. Entre hablar sobre los pronósticos del 13M o de las encuestas de cara al 28 con el derbi entre bloques no hay dudas. Pese a los días señalados de los que venimos, que se flagelen otros.
Lo siento pero hay una clara favorita que es Suecia y que de tocar el cielo alcanzaría la cima junto a las siete victorias de Irlanda. Todos los ojos se clavan en Loreen, ganadora del certamen en el 12, quien con una composición de similar factura desparrama un combinado de pop, dance y trance junto a una puesta en escena de impacto. A continuación coge fuerza como opción predilecta entre los jurados internacionales y un apoyo considerable de los votos del público Finlandia con el rapero Käärijä que fíjense si ensalzará la piña colada en el himno compuesto que el título escogido es «Cha cha cha» y lo más grande es que al parecer, cuando terminas de empinar el codo, se dice así en finés.
También andan dos austriacas petándolo en las redes con tono pegadizo para zurrar al machismo en el sector musical. Y Ucrania e Israel junto a Mae Mullerseleccionada internamente por la «bibicí» en la que la cadena británica tiene altas expectativas para enterrar a Gary Lineker. La revolica, no al comentarista.
Y queda Blanca Paloma cuyo flamenquito es ensalzado aquí, en territorio nacional. Si pese al poderío tampoco se obtiene recompensa no habría que descartar que, dado el rumbo escogido para seleccionar a quien se pretende que nos represente, alguien proponga que sea Massiel quien venga a sacarnos de este «impasse».

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