Lo ha dejado caer el mismísimo Iván Redondo: «Si el pepé se hace con la Comunidad Valenciana, casi tiene pie y medio en la Moncloa. Pero si Ximo Puigse mantiene puede haber partido». Con lo que se avecina hasta el puente de la Inmaculada, es lo único que les quedaría por hacer a Sánchez y a Feijóo: vestirse de corto.
Mazón, no obstante, va bien servido. Ante los nítidos mensajitos que fueron llegando de arriba durante el recorrido inicial de precampaña no tuvo más remedio que aceptar la realidad: «Todo lo que no sea ganar y gobernar será un suspenso y no un sobresaliente». Ahí se ve que el psicólogo le había dicho que eliminara el notable y el aprobado. Que la gama de grises no existe para él en su debut. Y como era de prever no para. La otra noche me lo encontré en 13tv, que hay que tener cuerpo por mucho que te mentalices para ir de la mano con los que tendrías que ir de la mano. Es de esas cadenas en las que te hacen la pregunta y te dan la respuesta por el mismo precio. Ferreras se cree que anda muy lejos, pero le queda parecido.
Tras el diagnóstico proyectado por el que fuera director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno lo consecuente sería que, de haber seguido en el puesto, hubiese indicado a su asesorado que no le tirara el trasvase a la cara a quien puede ser decisivo cuando la Moncloa anda en juego. Pero estando o sin estar el intrépido Redondo cuenta con la ventaja de que Sánchez solo escucha a Sánchez a diferencia del contrincante de Mazón por mucho que él los ponga en el mismo cartel. Acaba de encontrarlo también en El mundo: «El presidente valenciano ha gobernado ocupando la centralidad y no suscita rechazo ni siquiera en la parte derecha del electorado. Allí tampoco existen fiebres políticas nacionales ni madrileñas».
Desde que aterrizó, la nueva apuesta gallega del pepé no se cansa de repetir a los suyos que le echen una mano. Dada su desenvoltura puede que una sea poco. Y si la clave reside aquí, pobre Mazón y en qué condiciones va a llegar a las Hogueras.