En torno a la alternativa

En los instantes previos a la sesión constitutiva de las Corts la reportera se acerca en la calle a Vicente Barrera, este se vuelve, la recibe a un tris de colocarse los brazos en jarra y, ante las acometidas, trastea con los pies clavados en el suelo esgrimiendo serio que se vestirá de luces cuando reciba la alternativa. Y que, hasta entonces, no verbalizará lo más granado de su repertorio el futuro vicepresidente del Consell, hoy prometedor novillero.
El rematarse el ascenso a la cúspide de la especialista en audioprótesis y miembro por tanto de Hazte Oír Llanos Massó, la intrépida informadora aceleró el paso, se colocó a la altura de Carlos Mazón, puso el micro en posición y delineó ante su mentón un «¿Teme usted que su vicepresidente acabe dándole la estocada como torero que es?», a lo que el máximo responsable del cartel que todavía anda en plena cocción respondió: «Hombre, cuando las hacía, las hacía estupendamente bien. Es un artista.. ¿Que Vicente no quiere contestar a nada? Porque es un hombre prudente como buen torero. Las prisas, para los malos toreros y él es buen torero». Diga que sí. Sin duda la afición se queda mucho más tranquila.
Pese a que el próximo inquilino del Palau cuenta con acreditado bagaje a la hora de relacionarse y no solo con los medios, en sus apariciones tras sellarse el acuerdo para las próximas temporadas se muestra sobreactuado. Bueno, nunca normal porque también se cuadra. Es lo que sucedió cuando Feijóo salió del paso anunciando que en la Comunidad Valenciana «la política de Igualdad estará en manos de consejeros del pepé» y horas más tarde el presumible presidente del territorio y mejor delegado consideró que se trata de una «extraordinaria idea». Y no es que quiera acelerar los plazos pensando en el 23J sino que investirse es una perdición para cualquiera ya que los muditos deben estar deseando entrar en acción y es un desafío. Dados los fuegos que habrá de apagar no hay que descartar que pase a los anales con el sobrenombre del «bombero-torero».

Picotazos vienen y van

La proliferación de una plaga de esta dimensión ha conducido a los encargados del control de la misma a plantear un plan de choque para combatir la población de ejemplares adultos. Evidentemente estoy refiriéndome a los mosquitos.
El caso es que las compañías dedicadas a esta actividad advierten que no hacemos nada si el despliegue de medios a base de brigadas terrestres, cañones, drones y helicópteros se deja para verano. Que es necesario aplicar tratamientos preventivos prolongados a lo largo de todo el año a fin de alcanzar soluciones efectivas y no dejarlo como siempre para última hora cuando los picotazos los tenemos encima. No hay más que apreciar las innumerables ronchas de color rojo acumuladas en ciertas zonas de la bancada. A toro -con perdón- pasado, los factores sobrevenidos son fáciles de detectar: sudor, presión guapa, sesión continua rascándose, estrés y un buen surtido de emociones varias.
Para mayor disfrute del tiempo que se nos ha venido encima, los afectados afrontan además noches tropicales en las que se complica conciliar el sueño como si fueran necesarias para sucumbir en la cama con ojos tamaño plato. En cambio a los ejemplares adultos motivo del trastorno medioambiental las olas de calor, que en junio se han triplicado en los últimos lustros, no les afecta ni poco ni mucho dado que, según los estudiosos, son producto del cambio climático. Bien curtidos, para ellos no hay bochorno que valga.
Dada mi composición los especímenes estos me brean. No por nada, sino porque especialistas aseguran que es en los 0+ en quienes más se fijan. Así que me entrego a la lectura que apenas les atrae. A lo largo de 270 páginas me empapo de las candidaturas para la cita que viene y, firmas estelares aparte, aún confía en sacar tajada en ciertas demarcaciones Falange Española y de las Jons entre otros vestigios. ¡Qué grandes! Estamos que lo tiramos.

Atestado el hormiguero

Había quien pensaba que al venir las campañas tan seguidas los mítines y demás presencias habituales de candidatos se sustituirían en gran medida por las redes y aquí paz y después gloria. Pero sin despreciar el influjo de estas, a día de hoy los barandas se han lanzado a por los medios tradicionales. Entrevistas en prensa, radio y tele generalista. Y en esta acaparando programas de entretenimiento. Porque no hay Liga que, si no, sacaban y remataban el córner.
A Pablo Motos, por ejemplo, se le amontona la faena. Ha tenido que descartar a alguno de los comprometidos ya que, de no hacerlo, habría despedido la temporada con cara de pasquín. Y claro Abascal, al ser cancelada su invitación, se ha revuelto. Curiosamente el desajuste ha coincidido con las declaraciones de Mónica López, prota de la serie «Rapa», quien ha esgrimido para no presentarse en «El hormiguero» que el conductor del mismo «blanquea el fascismo y a gente impresentable». ¡Cómo está el patio! El percance se ha producido después de que el partido que de momento ha chocado contra las huestes extremeñas de Hernán Cortés denunciara ante la Junta Electoral el especial constitución de los ayuntamientos por «quebrantar los principios de pluralismo político, neutralidad e ingualdad» en teuveé. Antes de que el órgano resolutivo dictaminase que nanay, Xabi Fortes se tomó la reacción como un elogio. Habrá que ver si Trancas y Barrancas salen indemnes.
Para más inri quien ha alterado la secuencia prevista haciéndose con el hueco ha sido el que duerme mejor sin Iglesias que ha debido estar pensandóselo porque Motos muy sanchista no debe ser. Pero, dado que los cara a cara se desinflan por obra y gracia de Feijóo, al presi le ha entrado tal gusanillo que se ha puesto a entrevistar a miembros del Gobierno. Es lo nunca visto, cualquiera sabe cómo puede acabar esto. Es posible que un lema vaya a ser «atentos a la pantalla». A este paso solo les queda dar el tiempo para las próximas semanas. Preferiblemente Tezanos.

¡Toxinas, fuera!

Estoy por la playa al volante esperando en una rotonda a que el semáforo se ponga en verde cuando se echa prácticamente encima un corredor y advierto que es Mazón con otro el día siguiente de sentarse con Vicente Barrera y demás a fin de sacar adelante en un pis pas la faena. En cuanto pasan escruto el horizonte por si se tratara de un encierro, pero advierto que la pareja trota sola ante el peligro de cruzar por donde no debe. Lo comento en la sobremesa de un cariz electoral que espanta y uno de los presentes aporta que lo ha visto por el centro en el mismo plan. Se ve que necesita perder toxinas. Para una sustancia venenosa que puede eliminar…
Aunque, claro, ha esprintado en su territorio a tal ritmo que lleva al propio jefe de la colla con la lengua fuera y el hombre se descompasa. Es lo que le ocurrió en una de las estaciones del exigente circuito que resta hasta el 23J en el que tuvo que volver a responder por las credenciales del interlocutor sentado frente al velocista alicantino y no se le ocurrió otra idea mejor que acabar el recorrido sobre el perfil pedestre del condenado con un «es que tuvo un divorcio duro y conllevó un abuso verbal hacia su exmujer». ¿Uno? Según la resolución judicial se trató de veintiuna faltas de coacciones, injurias y vejaciones contra su expareja y madre de sus hijos profiriendo epítetos del tenor de «secuestradora de niños, ladrona, puta». En nada, ya saben: estaremos ante «su señoría».
El lindo portavoz del mandamás hubo de salir al quite para intentar matizar el extravío señalando que lo que él recoge «son algunas de las cosas que nos decían para minimizar la importancia del hecho». No sé si es mejor para el aval del defendido ni cuánto le queda esta vez a Borja Semper que, a su edad, ya debería saber cuál es su sitio. Igual que las izquierdas, empecinadas en volcarse en los vaivenes ultramontanos en lugar de dejarle a Feijóo la ración completa. Que para eso es suya, jomíos.

La percepción

La artista está sobre el escenario. Ha costado lo suyo traerla, tanto que se montó al carro de la programación a última hora. Silvia Pérez Cruz va a su aire, tiene su tempo, envuelta como se encuentra en la inmensidad de «Toda la vida, un día». Es un último trabajo el suyo de una laboriosidad suprema, complejo y arriesgado para alguien con un ramillete de melodías populares y de versiones a la espalda con las que tendría el reconocimiento asegurado. Pero no sería ella. Y ha elaborado un cargamento sensorial fuera de todo registro. El público asiste perplejo, sobrecogido en medio de un silencio sepulcral. No ha hecho un disco. Ha dejado un tratado de percepciones para los restos.
Lo que nadie podía esperar por el cariz del concierto es que de postre formara un corro y que, con sus músicos o sin ellos, se cogiera entre otros de la mano de Federico y de Cohen para adentrarnos en los remotos años veinte cuando el andaluz universal cinceló Nueva York como si fuera la Gran Vía poniéndose del lado de los negros, de los desarrapados, de quienes hiciera falta saliendo también del armario bañado en metáforas dentro de ese «Pequeño vals vienés» que baila en cada estrofa: «Te quiero, te quiero, te quiero/con la butaca y el libro muerto/por el melancólico pasillo/en el oscuro desván del lirio/en nuestra cama de luna y en la danza que sueña la tortuga. ¡Ay, ay, ay! Toma este vals de quebrada cintura».
La sala asiste prendada a la fragilidad de esa voz que cuando la saca no hay quien se resista. Una pareja se eleva en el proscenio propulsada por un estallido de colores difícil de describir. Los espectadores son caballos alados en una misteriosa noria que contiene luz, tinieblas, dolor y pasión. No es manco el poso con el que se pone rumbo a la calle para advertir que las estrellas brillaban menos antes de la cita. Hay muchos factores que juegan a bordo. De dónde venimos y a dónde vamos. El cielo anda rasgado con un aire a como lo divisó el poeta un siglo atrás. Y el tiempo, por más soleado que se muestre, es desapacible.

Ir a curarse de mal rollo

Ya hace unos años que se jubiló, pero con el de cabecera que más tiempo estuve ocurría una cosa: que nada más sobrepasar la puerta de la consulta estaba riéndose. Y era una risa contagiosa. Tu ibas apurado y, en cuanto se pegaba la segunda carcajada llamémosle, el agobio desde luego se había ido. Le salía de modo natural, era su carácter. Aunque después llegaría el tratamiento, a los dos minutos la neura fenecía en tal clima. Un método del entrañable borde de eficacia probada.
Hoy por lo general la atmósfera en los centros de salud es la opuesta. El personal anda desbordado y, el paciente, atacado. Como sabemos, la enseñanza también se ha visto envuelta en crisis de identidad. Antes, los maestros resultaban intocables y, para los padres, una referencia a la que el vástago debía seguir y obedecer. En cuanto el planteamiento quebró -se decía- y la sartén por el mango pasaron a tenerla los críos el ambiente en no pocas aulas se transformó en irrespirable. Pero en Atención Primaria quienes la arman son los mayores fundamentalmente. Las agresiones, los insultos y amenazas que se registran ante el mostrador o la mesa del facultativo vienen protagonizadas por plebe talludita que hace tela dejó atrás al tutor del insti que guiaba su comportamiento. O que, para ser precisos, lo intentaba.
La distorsión arrastra tras de sí una sobrecarga asistencial, falta de recursos y planificación chunga. Las plantillas nunca están al 100% y los currantes advierten que, en verano, cuidadín. Un médico tiene asignados un mínimo de 50 acongojados al día con bastantes de ellos exponiendo hasta cinco dolencias para aprovechar la visita. La pandemia nos ha dejado tocados del ala y ha sobrecargado el sistema, aunque tampoco nos engañemos porque con anterioridad las administraciones de distinto color rivalizaban por ver cuál supera a la anterior en récord de listas de espera. Los afiliados tienen todo el derecho a reclamar. Pero si atacan a quienes les auscultan que luego no se quejen. Además de la atrocidad habrá más para ser atendidos.

En línea caliente

Me meto en la cama con Iglesias, Calvo y GarcíaMargallo dispuesto a pasar un rato provechoso en todos los sentidos. El primero acusa a Errejón, comunes y Compromís de vetar la entrada de Podemos en Sumar y la exvicepresidenta le para los pies al parlamentario europeo después de que este largara fiesta del pesoe y de sus socios. Vaya con el poliamor.
Tras haber disuelto, el presi puso en marcha una línea caliente colocando seis debates en la casilla de salida. Se le nota mucho que necesita desfogarse y a saber lo que tiene aún en cartera. Es que el varapalo es de los que dejan marca. Siguiendo con atención lo que iba sucediendo en cascada, en el pasado recuento me pareció ver doble a GarcíaPage y me dije que si yo había tenido esa percepción cómo no sería la de su jefe de filas. Y resulta que acabo de corroborar que el mandamás manchego es gemelo. No son demasiadas las buenas noticias que llevarse a la boca en Moncloa. Por supuesto también han recibido la respuesta a tanta invitación para quedar los lunes ante las cámaras y Feijóo no ha caído en la trampa de responder que bueno, que dos encuentros por disimular y que no parezca que tiene prevención después de los repetidos enganchones en el Senado. No, lo ha hecho porque está seguro de que su pérfido contrincante aceptaría encantado proponiendo que, dado que la serie pilla en tiempo de ejercer la presidencia del Consejo de la Unión Europea, el segundo cara a cara fuese en inglés cuando con el español el gallego tiene de sobra. Y de poner de fondo a Springsteen ni de broma.
Por si sirve de termómetro, una mesa de al lado se quejó de lo que habían tardado en traer los menús. La dueña pidió disculpas, dijo que no habían reforzado porque las reservas se produjeron a última hora y que la noche anterior solo acudieron extrañamente cuatro clientes: «Como no sea que todo el mundo estuviera ante la tele viendo la boda de Kiko Matamoros…». Pues eso mismo, sin más, es lo que a todas horas ansía Sánchez: «Sálvame».

Como para no creérselo

En 1946 si los Busto, Antúnez y Arza no perdían en Las Corts conquistaban la Liga que, de sucumbir, sería para el Barça. Ya desde Córdoba el paso de los campeones tras el empate cosechado fue tela marinera y, al ser detectados por el radar de la Giralda, un delirio. En ese recibimiento se encontraban las dos ramas de mi familia al completo, con mis padres empezando a cogerse de la mano. En la temporada que nací, los Campanal II, Antoniet, Pepillo y siempre Arza condujeron al club a estrenar zamarra en la Copa de Europa. Parecía que el bebé no podía quejarse de la cuna que le cayó en suerte.
Ja, ja. Que se lo había creído. Bueno, en el 62 se alcanzó la final de Copa en una de las primeras retransmisiones. Como ni Dios tenía tele invadimos la casa del único en varios kilómetros a la redonda, con unos nervios que para qué en espera de que los Ruiz Sosa y Achúcarro resistieran al Madrid en el Bernabéu con Franco en posición. Era mucho resistir. Hasta el punto que, en cuanto el árbitro pitó el saque inicial, la nieve tomó la pantalla y la imagen volvió al terminar aquello con el 2-1 de Puskas en el último instante, que fue cuando apagamos la radio a la vez que el otro chisme volviéndonos por donde habíamos venido.
Fueron pasando las tardes dominicales en Gol Norte con mi primo y amiguitos costándonos entender que esa fuera la herencia recibida y no digamos cuando a mediados de los sesenta nos fuimos a Segunda de cabeza. La única pica en Flandes la puso Suker de falta sobre la bocina para superar dieciseisavos de la Uefa en Atenas, que es donde los de Nervión jugarán seguramente ante Pep la Supercopa al tocar plata en el Puskas Arena con Mou flamenquín. Algún ángel debió pasar en el curso del Centenario para que, tras 45 años a dos velas, la de agosto se convierta en la vigesimosegunda final de mi equipo en 17 años. Era mucho más tranquilo lo de antes.

Contrastada infalibilidad

En las postrimerías del franquismo uno de los que pasaba por el periódico a intentar que este se hiciera eco de las acciones previstas era puntal de la Joven Guardia Roja. Se trataba de un nieto del dueño de la principal fábrica del contorno, un chaval entregado a la causa. Las movidas en el campo obrero y en la uni se volvieron contínuas. Durante una de ellas los antidisturbios entraron a caballo por los pasillos de Derecho con la aquiescencia del rector y desde la balconada llovieron mesas y sillas. Lo que podría haber supuesto un acorralamiento del establishment desembocó a cuento de la estrategia empleada en un mayor distanciamiento entre los convocantes que ya se profesaban odio africano. El peté contra el emecé; el pesoe y el pecé a porfía por decirlo suave; el… Puede que esto fuera lo que inspirase a Franco para decir que lo dejaba atado.
También podía haberme remontado a los sartenazos que se propinaron en la Segunda República. Por eso lo que más me ha llamado la atención es que haya causado sorpresa la situación en la que tenemos a la izquierda. ¡Coño, la de siempre! Belarra y Montero saliendo del Consejo de Ministros para desmarcarse de las medidas tomadas en el mismo. Es decir, alentando a sus votantes a que se queden en casa con lo poquito que necesitan para hacerlo. O a Iglesias con la cara hasta el suelo el día que se anunció lo del 23J porque el malvado Sánchez acababa de sustraerle unos cuantos meses de marear la perdiz e incendiar el granero desde la tramoya, con lo bien que él se lo pasa.
A la hora de aniquilarse entre sí son infalibles. En cambio el pesoe logra con su conducción parámetros económicos que ya quisieran los países que nos rodean y no obstante aún hay quien intenta descifrar en qué basó la campaña. Entre tanto, los compañeros de viaje no se preguntan por qué en el mitin del candidato de Podemos con presencia de Yolanda y todo la gran mayoría de asistentes era gente mayor. ¿No les da qué pensar a los máquinas? ¡Pero, por Dios! Hasta ahí podríamos llegar.