La proliferación de una plaga de esta dimensión ha conducido a los encargados del control de la misma a plantear un plan de choque para combatir la población de ejemplares adultos. Evidentemente estoy refiriéndome a los mosquitos.
El caso es que las compañías dedicadas a esta actividad advierten que no hacemos nada si el despliegue de medios a base de brigadas terrestres, cañones, drones y helicópteros se deja para verano. Que es necesario aplicar tratamientos preventivos prolongados a lo largo de todo el año a fin de alcanzar soluciones efectivas y no dejarlo como siempre para última hora cuando los picotazos los tenemos encima. No hay más que apreciar las innumerables ronchas de color rojo acumuladas en ciertas zonas de la bancada. A toro -con perdón- pasado, los factores sobrevenidos son fáciles de detectar: sudor, presión guapa, sesión continua rascándose, estrés y un buen surtido de emociones varias.
Para mayor disfrute del tiempo que se nos ha venido encima, los afectados afrontan además noches tropicales en las que se complica conciliar el sueño como si fueran necesarias para sucumbir en la cama con ojos tamaño plato. En cambio a los ejemplares adultos motivo del trastorno medioambiental las olas de calor, que en junio se han triplicado en los últimos lustros, no les afecta ni poco ni mucho dado que, según los estudiosos, son producto del cambio climático. Bien curtidos, para ellos no hay bochorno que valga.
Dada mi composición los especímenes estos me brean. No por nada, sino porque especialistas aseguran que es en los 0+ en quienes más se fijan. Así que me entrego a la lectura que apenas les atrae. A lo largo de 270 páginas me empapo de las candidaturas para la cita que viene y, firmas estelares aparte, aún confía en sacar tajada en ciertas demarcaciones Falange Española y de las Jons entre otros vestigios. ¡Qué grandes! Estamos que lo tiramos.