En los instantes previos a la sesión constitutiva de las Corts la reportera se acerca en la calle a Vicente Barrera, este se vuelve, la recibe a un tris de colocarse los brazos en jarra y, ante las acometidas, trastea con los pies clavados en el suelo esgrimiendo serio que se vestirá de luces cuando reciba la alternativa. Y que, hasta entonces, no verbalizará lo más granado de su repertorio el futuro vicepresidente del Consell, hoy prometedor novillero.
El rematarse el ascenso a la cúspide de la especialista en audioprótesis y miembro por tanto de Hazte Oír Llanos Massó, la intrépida informadora aceleró el paso, se colocó a la altura de Carlos Mazón, puso el micro en posición y delineó ante su mentón un «¿Teme usted que su vicepresidente acabe dándole la estocada como torero que es?», a lo que el máximo responsable del cartel que todavía anda en plena cocción respondió: «Hombre, cuando las hacía, las hacía estupendamente bien. Es un artista.. ¿Que Vicente no quiere contestar a nada? Porque es un hombre prudente como buen torero. Las prisas, para los malos toreros y él es buen torero». Diga que sí. Sin duda la afición se queda mucho más tranquila.
Pese a que el próximo inquilino del Palau cuenta con acreditado bagaje a la hora de relacionarse y no solo con los medios, en sus apariciones tras sellarse el acuerdo para las próximas temporadas se muestra sobreactuado. Bueno, nunca normal porque también se cuadra. Es lo que sucedió cuando Feijóo salió del paso anunciando que en la Comunidad Valenciana «la política de Igualdad estará en manos de consejeros del pepé» y horas más tarde el presumible presidente del territorio y mejor delegado consideró que se trata de una «extraordinaria idea». Y no es que quiera acelerar los plazos pensando en el 23J sino que investirse es una perdición para cualquiera ya que los muditos deben estar deseando entrar en acción y es un desafío. Dados los fuegos que habrá de apagar no hay que descartar que pase a los anales con el sobrenombre del «bombero-torero».