Adiós a las catacumbas

Con el ansia con el que han sacado la testuz para cercenar los avances propulsados en materia de igualdad y no solo se encontraron con que la afición les paró los pies, sino con que a continuación la selección femenina de se ha puesto internacionalmente al nivel de la masculina en cuanto a balompié se refiere. Esto ya es demasiado.
El estigma del que han tenido que ir desembarazándose las chavalas hace que se desenvuelvan con espíritu amateur. Por fuera no disponen de la cohorte de agentes y de representantes que solo se agita al olor de las grandes sumas. Y en el campo, de producirse cualquier entrada medioqué, normalmente va acompañada de una disculpa. Es más, no se suele contemplar que rodeen a la jueza echándose encima como cualquier grupo pandillero para influir en su decisión. Habituado al formato habitual no es fácil de asimilar. Pues no les digo la espera en el área del lanzamiento de córners habituado como se está a que se hagan hasta llaves inglesas con mandobles simultáneos que, más que de cartulina, sería para esposarlos. El otro día la guardameta española recibió un golpe involuntario en la rodilla de una oponente al saltar sobre ella y, cuando se levantó como un resorte y ambas se dieron una palmada de complacencia, la cabecita se me fue a aquella escena de western entre Futre y Buyo en la que este se puso a hacer cabriolas como si le estuviesen disparando con un Colt 45 en una acción que debe tener interiorizada porque a día de hoy sigue dando vueltas y más vueltas en torno a cualquier estupidez, solo que en «El chiringuito».
A lo largo del campeonato resulta difícil detectar un mal gesto durante una sustitución y, sin embargo, ha habido golazos, errores, despliegues, control, virguerías y juego eléctrico. Esperemos que a Mou no le dé por pasarse a este territorio. Tampoco el var se excede de protagonismo. Parece coherente, pues, que el Mundial acabe en las Antípodas. Con ellas el fútbol se vuelve muy chocante. Sabe a deporte.

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