El espejo retrovisor

Una vez contemplado el efecto Feijóo me he tirado de cabeza a la «Memoria viva de la Transición», de Calvo Sotelo, dado que fue un gallego vocacional, protagonista del primer debate de investidura puesto que dos años antes Suárezlo eliminó pasando del discurso a la votación con un considerable desgaste para el rey del mambo, mal asesorado como andaba ya. Al único que no contestó don Leopoldo fue a Fraga después de recibir hasta en el cielo de la boca. Para refrendar el clima, al reanudarse la sesión entró Tejero.
A principios de los noventa leí la obra encamado con fiebre. Dada la apabullante seriedad del autor no parecía el mejor remedio. Tras hacer la presentación, Cela dijo que era «uno de los libros de memorias políticas más inteligentes, agudos y llenos de humor del siglo XX». Con él, desde luego, me repuse. Contiene pasajes deliciosos como el de la noche de la legalización del pecé cuando en la estación de Lugo se encontró con Fraga a quien, pese a todo, siempre estimó. Éste lo saludó al son de «la historia os pedirá cuentas». El ministro de ucedé lo invitó a tomar algo en el vagón familiar. Pese a la resistencia inicial acudió y prosiguió con la filípica: «Habéis arruinado la pacificación de España y abierto a la incertidumbre el futuro de nuestros hijos» señalando a los ocho del matrimonio que asistían perplejos antes de que el exembajador se bajase. «Siempre he llegado a Monforte con alegría -recalca el padre de las criaturas-, aunque jamás como aquel Sábado Santo».
El ciclón de Villalba reclamó hasta el último día la mayoría natural para taponar el ascenso del pesoe y jamás la obtuvo. Feijóo ha refrendado la naturalización del compañero de viaje y, con el resto de puertas cerradas, no le da. A Sánchez le toca definir hasta dónde naturaliza a los controvertidos del bloque opuesto ante la amenaza del «nuevo estallido». La suerte de nuestros hijos es contar con el colchón que sus padres alcanzaron a raíz de la Transición, incluídos los intransigentes de un extremo y otro. Qué le vamos a hacer.

La sombra del presente

Cuando Nanni Moretti removió en su interior el guión dormido en torno a la invasión soviética de Hungría en el 56 lo que menos podía pensar es que, al acabar y en medio de la elaboración de El sol del futuro, iba a darse de bruces con una guerra en Europa dentro del siglo XXI. El hombre diría: qué manera de remover.
Este inquieto cineasta italiano siempre ha sido de menear, sacudir y zarandear el statu quo de quienes manejan la cosa tomatosa desde la carga de profundidad a la Santa Sede en Habemus Papam donde el cónclave elige a un pastor que sufre un ataque de pánico hasta el punto que el colegio cardenalicio requiere la presencia de un psicoanalista que no evita la renuncia hasta el desnudo integral que hace hoy en día sobre Netflix y el concepto que fluye en no pocas plataformas en torno a lo que el cine representa que no procede de escuela alguna sino de un algoritmo de esos con el carácter que él tiene.
El mismo que lo ha llevado a ser implacable con los movimientos de derecha extrema como la irrupción en su día de Berlusconi u otros por el estilo y a cuestionar de forma ácida a la izquierda que le cuesta ser de izquierdas recordando que «tendrá que ocuparse de los últimos de la fila, acordarse del motivo por el que nació». La coalición que gobierna por estos lares ha demostrado hacerlo a base de bien, sobretodo durante el quebranto de la pandemia, y sin embargo de entrada ahora está con los mimos a los señoritos del procès porque todo sirve para seguir en el machito que por si faltaba algo suena incluso a «rubialesco».
No sé si esta vez por fin se romperá España. Feijóo se presenta en el Congreso investido por el acto callejero en el que se gritó fuerte contra La 1 y como la pública da La promesa hay quien por eso no la ve, mientras que en este clima guapo Sánchez hace un hueco para recibir en La Moncloa a Terelu y Carmen Borrego no se sabe para qué. Diríase que, en la estela de Moretti, ambos aspirantes son un pelín ácratas. Bueno, vale. Solo un poco, no.

Estudios que andan sueltos

Camino del verano me comí el tarro y me propuse dejar de acompañar la comida de cervecita, vino y pan con idea de entregarme al agua bendita. No era la primera vez. Basta con que pases una noche chunga tras cenar fuera más de lo habitual para que digas esto también se acabó. Pero lo que son las cosas. El propósito coincidió con la publicación de un estudio de la uni californiana de San Diego, recogido por la revista «Science», según el cual el hongo utilizado en la elaboración de los tres elementos con los que me había propuesto cortar es una fuente de beneficios para la salud. Vaya tino el mío. Al parecer la levadura de cerveza es un rico portador de proteínas, minerales y vitaminas del complejo B, o sea selenio, cromo y zinc que provoca una mejora de la función inmunológica, la salud digestiva y la de la piel. Empecé a pensar: a ver si lo que va a hacerme daño es el agua. Y sobre todo después de leer que, además de las propiedades nutricionales, la bienaventurada levadura podía ayudar a reducir los niveles de colesterol y mejorar el tono cardiovascular, objetivos de dos de las cinco pastillas que me zampo con el desayuno y la cena. Hay quien pensará qué barbaridad. Esto depende del afectado. De los moradores en episodios de arritmia existen los que prefieren someterse a la ablación. Solo con escuchar el término ya me contraigo. Si encima me da por mirar internet y constato que se trata de introducir tubos largos, catéteres vamos, en los vasos sanguíneos hasta el corazón entonces el vahído llama a la puerta. Cuando años atrás vi que la doctora se inclinaba por esta práctica fui yo el que le planteé si no había un medicamento específico para el asunto y aquí estoy con mi ración dale que te pego. A lo que me pegué como un poseso fue a la investigación de marras que en el tramo final concluía que la levadura podía ser resultona en el envejecimiento celular y la longevidad. Así que como comprenderán no he abandonado en estos últimos meses ni la cerveza ni el vino ni el pan, pero lo que no entiendo es que esté más viejo.

Con espíritu de perdición

No descubro nada si digo que hay plebe comprando vuelos con seguro de cancelación para el 14 de enero con tal de librarse de formar parte de una mesa electoral. Pero, ojo, pese al ambiente de dana que tenemos encima, Sánchez ha sentenciado que habrá gobierno progresista otros cuatros años. ¿Y dónde lo ha dicho? Naturalmente en Galicia, lugar en el que no se ha conformado con eso sino que ha advertido que «vamos a estar con el socialismo gallego para darnos el gusto de acabar con el mando del pepé». O sea que ha ungido a Feijóo al frente de la oposición y ha aventurado que, cuando posiblemente este ponga pies en polvorosa y se vuelva a su tierra con autonómicas hacia junio, pretende brindarle vidilla con otra fuerte dosis de sanchismo. Conociéndose debe pensar que es mejor que se desenganche poco a poco.
Hay que ser muy torero para con la de guapos episodios nacionales que estamos reviviendo dar por hecha la investidura. Las intervenciones de Alfonso Guerra, con publicidad a la salida de su libro incluida, han conseguido el fruto apetecido. Tras aseverar que la concesión de la amnistía sería destruir el régimen del 78, los adalides de la medida de gracia han querido que sea uno de los que estuvo por allí en aquellas calendas, Xavier Trias, quien responda en consonancia y lo ha hecho con una patada en la boca: «Creo que el pesoe estaba detrás del golpe de Estado del 23-F». Tela. Hasta ahora a lo máximo que habíamos llegado es a la incertidumbre sobre el papel del monarca en la jugada, pero semejante maledicencia abre una vía revisionista inexplorada que cualquiera sabe dónde puede acabar. Incluso en Pujol si no fuera porque cuenta con el beneplácito para salir indemne por los cuatro costados de todos los fregados.
Se nos viene, pues, un otoño caliente. Hay pollos, aunque de otra índole a los protagonizados tiempo atrás por los sindicatos. El escenario no puede ser más tremendista, endiablado y complicado de gestionar. En fin, el que le va al ínclito.

Los viajes a ninguna parte

Otra vez el dislate con los periplos del Imserso. Y mira que existe un buen contingente de mayores a los que les da la vida, pero nada que no hay manera. Los conflictos por la adjudicación del programa vacacional, a los que no queda otra que unir la reclamación hotelera porque con la asignación del Gobierno no les llega, llevan camino de convertirse en una tradición que a la vuelta de la esquina se cargue el invento. Los máquinas deben pensar que, como a los que les quedan veinte años o más para entrar en edad de merecer cuando la alcancen igual no hay cobertura que valga, de esta manera van eliminando rastros.
La historia de un aliciente así para la gente que se lo ha currado se remonta al 85, etapa durilla en la que la pensión media se situaba en 33.000 pelas, unos 200 euros, de ahí que el gabinete cambiase el paso actualizándolas al ipecé, una reforma que no le hizo tilín a Nicolás Redondo quien rompió la disciplina de voto oponiéndose al diseño. Está claro que la historia se repite. Aquí tenemos hoy al omnipresente Felipe enorgulleciéndose de habérselo tragado tras montarle con posterioridad un buen pollo al contrario de Sánchez que ha echado por la borda al hijo con tal de no darle el disgusto de amnistiarlo. Lo único que quieren los beneficiarios es que, mientras los gestores se entretienen con mandangas, no los saquen a ellos de sus aguas termales.
El alcalde de Calviá fue por entonces de los que se sentó en el despacho del ministro de Trabajo y dejó caer a Almunia que la idea vendría bien para combatir la temporalidad turística. El plan piloto arrancó con 19.000 plazas, 11.000 en Mallorca y el resto en Benidorm, lo que se convirtió en un pelotazo no solo económico sino como el servicio social que es. Su funcionamiento actual descansa al igual que ella en el departamento de Belarra y la titular de Trabajo tampoco va a interferir estando de uñas. Bastante tiene con esa estancia junto a «mesié waterlote». No se va a preocupar de sonreír también a los abuelos.

El ejemplar del piquito

Dentro del cúmulo de despropósitos exhibidos por el tal Rubiales a la hora de responder a lo que se le vino encima, la urticaria me la produjo contemplar que se había llevado a sus crías menores de edad al salón de plenos tras dar instrucciones a la realización de enfocarlas en el instante en que derramaran una lágrima y, por supuesto, en aquel en el que enfatizase que ellas sí que eran feministas y no esas otras falsas de toda falsedad. ¿Hasta qué punto se puede perder el oremus sometiéndolas a presenciar «la ejecución, el asesinato social» que estaba ejerciéndose sobre papaíto? ¿Cómo se puede llegar a ese grado de mezquindad? Porque atisbas que está escapándose de entre los dedos la bicoca, la monumental bicoca que ostentas rebañada después de múltiples manejos y, claro está, es duro de cojones.
Tras consentir también que la madre se encerrara en una iglesia porque hay que ver lo que le han hecho al niño, todo apunta a que ha sido el esposo de ésta el que consiguió hacerle comprender que, de no reaccionar con prontitud y cabeza, encontrar curro de aquí a Oceanía se convertiría en una tarea de titanes. Todos los que secundaron el soniquete de «no voy a dimitir» hace tiempo que no saben dónde meterse. Para el seleccionador de la absoluta masculina, cada comparecencia ante los medios es un suplicio. Él, que suele pasarse diariamente por la iglesia, ahora lo que le pediría el cuerpo sería cambiar de hábitos. Pero la carne es débil y, la cuenta corriente, no digamos.
Dadas las condiciones a las que se ve sometida la mujer en territorio árabe, Pilar Rubio debió ser determinante en la elección de su marido teniendo además en cuenta que cuando este comunicó el destino final la prole dio botes al grito de «¡Con los primos, con los primos!». Aparte de Vox, el horizonte saudí debe ser lógicamente uno de los que contemple el del piquito ya que es el que más le pega una vez que mandó allí unos cuantos partidos de los nuestros. Que sea lo que Alá quiera. Pero, por Dios, que deje a las niñas en paz.

La que se avecina

En plena marimorena provocada por el laberinto de la amnistía, Felipe presentará pocos días antes del intento inicial de investidura unas nuevas memorias de Arfonzo en lo que supondrá el primer encuentro de ambos en un acto público desde hace tres décadas que se dice pronto. Lo que no consiga Sánchez
La pareja sevillana, que mandó a tomar viento al pesoe histórico de Rodolfo Llopis porque entre otras razones veía imprescindible preparar a la organización para el futuro, ha decidido mojarse en una campaña contra la medida de gracia, la misma que se abstuvo de hacer ante la posible llegada de los ultras al Gobierno. El que fuera lugarteniente del niño de Willy Brandt ha vuelto a desatarse como en sus mejores tiempos, solo que con más de ochenta castañas. Cierto es que el que se mueve no sale en la foto, pero dado que él es el autor del aserto se ha ganado el derecho a ser indultado. Tanto es así que está saliendo en una pila de vídeos fabricados por la productora de Génova largando fiesta sobre la que se avecina junto al colega extraviado además de los García-Page, Nicolás Redondo, Jaúregui, Jordi Sevilla o cómo no Joaquín Leguina, unos desde luego más artistas que otros. Feijóo, Cuca and company se muestran satisfechos con las andanadas recogidas aunque las cambiarían por cuatro votos de los que de verdad cuentan.
Las mesnadas de «O rey» Pedro se han lanzado a los micros. Es tanto lo que han de explicar y desdecirse que, en caso de cumplirse los pronósticos, el tiempo reglamentario hasta otra sesión en la que jugársela a ellos se les va a hacer corto. Si el morador de Waterloo permanece en sus trece resultará apasionante ver cómo se las maravilla el ínclito con su manual de resistencia. No es descartable que renuncie en el último instante a presentarse envuelto en una enorme rojigualda o que, por el contrario, agite lo frustrante que para cualquiera representa no alcanzar la independencia. Y entonces, nada. Habría que dilucidar si es falta grave o muy grave.

Por los pasos del deleite

Atravieso los canales, está en uno Casablanca, soy incapaz de dejarla y me adentro una vez más en el Café de Rick. Hay mucho bullicio. El capitán Renault ha dispuesto un operativo para quitar de la circulación al enlace que debe facilitar los visados a Víctor Laszlo, quien poco después entra en el local con su mujer. Llsa detecta al pianista y, tras un intercambio de recuerdos, reclama «tócala, Sam». Aunque Dooley Wilson era en realidad baterista y no tenía ni pajolera idea de cómo darle al teclado, eso no evita que se me salten las lágrimas al escuchar «El tiempo pasa». A Humphrey y al actor austríaco, que al seguirlo la Gestapo necesita pillar como sea ese vuelo hacia Nueva York, no debió costarles lo más mínimo mostrarse secos a lo largo de toda la peripecia porque el activista se llevó a parir con el resto del reparto, consideró al que finalmente le salvó la vida en el drama romántico «un actor mediocre» mientras que, para Ingrid, el tal Henreid no pasaba de ser una «prima dona». El ambiente, desde luego, no podía ser más bélico.
Me lo pasé pipa con el descaro del gendarme al frente del departamento y la soltura de su afilado lenguaje a lomos del guión. Tanto es así que al terminar me fui como un poseso en busca de Sueños de un seductor, esa peli en la que el autor de Annie Hall se enfunda el anhelo de convertirse en Bogart. Pero me contuve ante el riesgo de sufrir una sobredosis y por el deslumbramiento de conocer que, tras atravesar el canal camino del Lido, el estreno de la obra número 50 del pecoso judío neoyorquino ha levantado entusiasmo. Es el no va más para alguien que el último tramo de su existencia lleva la cabeza separada del cuerpo y que, de ser tal como relatan por Venecia, habría vuelto por sus pasos para deleite de quienes no serían los mismos sin la química de Annie y Alvy besándose con el puente de Brooklyn al fondo aunque sepa que cuando lo llame para que mate una araña lo que el tipo se cargará será el cuarto de baño. ¡Qué escándalo, qué escándalo, nadie es perfecto!

Círculo familiar

Voy a buscar para el sorteo del 22 de diciembre el número con la fecha en la que este mes nacieron los gemelos. No hay manera. Y eso que emprendo la persecución antes de que saliese la campaña del sorteo de Navidad, esa que año tras año suele hacernos tilín. En esta ocasión el anuncio se ha rodado por aquí y evoca aquellas vacaciones en las que nuestros padres metían con fórceps en el seita a ciento y la madre para descubrir el nuevo mundo del apartamento en la playa, algo impensable para quienes precisaban del pluriempleo a la hora de sacar a los tres niños adelante. Representaba tal esfuerzo lograr esa meta que cualquiera era el guapo que se le ocurría quejarse del tostón que significaba pasarse pegado a la arena hasta que por fin anochecía, dos horas de digestión incluídas. Eso sí, había mocosos y mocosos. A los enamoradizos se les hacía la jornada más llevadera sobre todo cuando bajaba María Isabel coincidiendo con el agosto en el que lo petaron Los Payos. Y si además se le ocurría devolver la mirada con media sonrisa, el único temor giraba entonces alrededor de que se oyese una voz diciendo que había que irse sabedor de que al día siguiente era volver a empezar. Para tantas horas en torno a la sombrilla, el círculo familiar solía dar de sí lo que daba compuesto por múltiples silencios provenientes de desencuentros con la rama paternal o maternal a los que no había forma de acceder y cuyos misterios tardarían quinquenios en desvelarse. Con lograr que en casa no faltara de nada, el padre se daba por satisfecho convencido de que ahí terminaba su obligación. Hoy los veraneos nunca se sabe adónde te pueden llevar dentro de una masificación tal que no moverte de casa se convierte en uno de los destinos favoritos y los chavales han subido el listón de exigencia mostrándose abiertamente inconformistas con que en la sobremesa se instauren zonas prohibidas. De modo que si ha dado con el número, desea compartirlo y está en condiciones de hacerlo con la familia al completo ya le ha tocado la lotería.