Dentro del cúmulo de despropósitos exhibidos por el tal Rubiales a la hora de responder a lo que se le vino encima, la urticaria me la produjo contemplar que se había llevado a sus crías menores de edad al salón de plenos tras dar instrucciones a la realización de enfocarlas en el instante en que derramaran una lágrima y, por supuesto, en aquel en el que enfatizase que ellas sí que eran feministas y no esas otras falsas de toda falsedad. ¿Hasta qué punto se puede perder el oremus sometiéndolas a presenciar «la ejecución, el asesinato social» que estaba ejerciéndose sobre papaíto? ¿Cómo se puede llegar a ese grado de mezquindad? Porque atisbas que está escapándose de entre los dedos la bicoca, la monumental bicoca que ostentas rebañada después de múltiples manejos y, claro está, es duro de cojones.
Tras consentir también que la madre se encerrara en una iglesia porque hay que ver lo que le han hecho al niño, todo apunta a que ha sido el esposo de ésta el que consiguió hacerle comprender que, de no reaccionar con prontitud y cabeza, encontrar curro de aquí a Oceanía se convertiría en una tarea de titanes. Todos los que secundaron el soniquete de «no voy a dimitir» hace tiempo que no saben dónde meterse. Para el seleccionador de la absoluta masculina, cada comparecencia ante los medios es un suplicio. Él, que suele pasarse diariamente por la iglesia, ahora lo que le pediría el cuerpo sería cambiar de hábitos. Pero la carne es débil y, la cuenta corriente, no digamos.
Dadas las condiciones a las que se ve sometida la mujer en territorio árabe, Pilar Rubio debió ser determinante en la elección de su marido teniendo además en cuenta que cuando este comunicó el destino final la prole dio botes al grito de «¡Con los primos, con los primos!». Aparte de Vox, el horizonte saudí debe ser lógicamente uno de los que contemple el del piquito ya que es el que más le pega una vez que mandó allí unos cuantos partidos de los nuestros. Que sea lo que Alá quiera. Pero, por Dios, que deje a las niñas en paz.