La sombra del presente

Cuando Nanni Moretti removió en su interior el guión dormido en torno a la invasión soviética de Hungría en el 56 lo que menos podía pensar es que, al acabar y en medio de la elaboración de El sol del futuro, iba a darse de bruces con una guerra en Europa dentro del siglo XXI. El hombre diría: qué manera de remover.
Este inquieto cineasta italiano siempre ha sido de menear, sacudir y zarandear el statu quo de quienes manejan la cosa tomatosa desde la carga de profundidad a la Santa Sede en Habemus Papam donde el cónclave elige a un pastor que sufre un ataque de pánico hasta el punto que el colegio cardenalicio requiere la presencia de un psicoanalista que no evita la renuncia hasta el desnudo integral que hace hoy en día sobre Netflix y el concepto que fluye en no pocas plataformas en torno a lo que el cine representa que no procede de escuela alguna sino de un algoritmo de esos con el carácter que él tiene.
El mismo que lo ha llevado a ser implacable con los movimientos de derecha extrema como la irrupción en su día de Berlusconi u otros por el estilo y a cuestionar de forma ácida a la izquierda que le cuesta ser de izquierdas recordando que «tendrá que ocuparse de los últimos de la fila, acordarse del motivo por el que nació». La coalición que gobierna por estos lares ha demostrado hacerlo a base de bien, sobretodo durante el quebranto de la pandemia, y sin embargo de entrada ahora está con los mimos a los señoritos del procès porque todo sirve para seguir en el machito que por si faltaba algo suena incluso a «rubialesco».
No sé si esta vez por fin se romperá España. Feijóo se presenta en el Congreso investido por el acto callejero en el que se gritó fuerte contra La 1 y como la pública da La promesa hay quien por eso no la ve, mientras que en este clima guapo Sánchez hace un hueco para recibir en La Moncloa a Terelu y Carmen Borrego no se sabe para qué. Diríase que, en la estela de Moretti, ambos aspirantes son un pelín ácratas. Bueno, vale. Solo un poco, no.

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