Las nuevas hornadas

La princesa llega en este instante a las puertas del Congreso. Supongo que se habrán enterado. Tengo puesta La 1 después de anunciar una encuesta con tropa joven a propósito de lo que le parece la figura de Leonor pero se queda en nada porque tampoco es cuestión de que Silvia Intxaurrondo presente armas.
Surge de antaño Miquel Roca para situar la acción: «Un acto como el de hoy no es más que la solemnidad de la normalidad», aunque esas trazas a la que se refiere uno de los padres de la Constitución poco tenga que ver con la jornada en que fue el hijo de don Juan Carlos quien la juró. Entonces el lehendakari y el president de la Generalitat abogaron por la continuidad de la realeza, mientras que en esta ocasión miembros del grupo minoritario del Gobierno y el resto de socios que pululan han puesto pies en polvorosa por lo que se revalida el esfuerzo que hizo Rubalcaba, cuando Pablo Iglesias vino a tomar el cielo por asalto, de afianzar al partido nacido en el XIX de las entrañas del republicanismo como bastión de la Corona. ¡Caramba! La propia presidenta de la cámara y anfitriona en Palma en los veraneos de la familia real, que no se ha privado de abogar por una consulta sobre la monarquía a lo largo de su singladura, es la encargada de entonar ¡Viva el rey! en cumplimiento de la obligación institucional lo cual depara un compuesto apreciable que a quienes dimos los primeros pasos con la iconografía de las Cortes franquistas de fondo no deja de darle gustirrinín.
Lo malo para los que aún anidan en su interior las esencias de la democracia orgánica es que los testimonios señalan que las prioridades de la heredera van desde aquello relacionado con la cooperación hasta la inquietud por el cambio climático. Los nostálgicos deben reconcomerse. Todo lo contrario a lo suelto que se vio a Javier Mohedano, presentable chaval de buena dicción al que la cadena puso a esperar a la comitiva. A ver si con el tiempo resulta que, bajo el tiro de cámara, la tradición en este terreno también persevera.

Los reinos de este mundo

Tras recibir el premio Enrique V. Iglesias al «Desarrollo de Espacio Empresarial Iberoamericano» de manos de Felipe VI, el empresario mejicano de origen libanés, Carlos Slim, ha entrado de lleno en el debate surgido a raíz de la iniciativa de pesoe y Sumar en torno a la reducción de la jornada laboral sobre la que ha venido a decir tararí que te vi. Si a la condición de multimillonario se une la de su íntima amistad con Felipe González tampoco le quedaba mucha escapatoria el hombre.
A la propuesta de dejar la cosa de forma gradual en 37,5 horas semanales por parte de la coalición gubernamental en funciones de amnistiar lo que calgui, el empresario en un buen racimo de sectores considera que «la medida es una tontería» ya que lo que habría que hacer es currar «tres días con peonadas de doce horas» con tal de dar cabida a más plebe el resto de jornadas. Al ser un experto en sostener grandes dominios laborales estaba convencido de que plantearía recomendaciones que garantizasen el rendimiento adecuado en el tramo final de una escalada horaria de esa magnitud e, ingenuo de mí, pensé que en algún momento de la disertación saldría la palabra siesta. Pero en absoluto. De modo que como para esperar algo a propósito de la conciliación.
Todo lo contrario. La exhortación se completó con el apéndice según el cual habría que jubilarse a los 75 «y no a la edad actual que cuando se estableció a los 65 la esperanza de vida era esa». O sea, que este señor tan espléndido apuesta porque de la jubilación al hoyo el personal se entretenga lo menos posible. No dejar que conviva con hernias, arritmias y lumbalgias acumuladas frente al ordenador, sirviendo mesas o levantando paredes. Más considerado no se puede ser. Igual que el otrora Isidoro, que le sirvió de enlace con un buen elenco de mandatarios entre los que figuró Mohamed VI, quien no consta que lo recibiera al extraviarse habitualmente de palacio atento como suele hallarse a sus temitas. En este caso igual se tomó otro día de asuntos propios.

El mercado de invierno

El pesoe y Sumar han sellado el acuerdo para investir a Sánchez. Tremendo. No obstante, en la fuerza mayoritaria queda aún la consulta obligatoria y vinculante a la militancia sobre el pacto de coalición que conlleva sus plazos hasta que las urnas sean colocadas y se emita el voto. A todo esto en la pregunta que se elaborará para refrendar el acuerdo no habrá alusión alguna a la amnistía. El cuadro de especialistas en psiquiatría del que se echó mano desde el principio con buen criterio se sabe que no anda bien. Necesita ayuda.
Esto ha dado margen a que Feijóo vaya y venga no se sabe bien hacia dónde al igual que ocurrió en el mesecito que empleó en no llegar a ningún lado con aquella investidura que se sabía estéril. Ahora, además de los mítines de fin de semana para volver a hablar de lo único que se casca a diario, el sucesor deCasado aprovecha para darse un barniz de apoyo al autogobierno en el mismo Gernika y para propiciar tanto ahí como en Cataluña un cambio al frente de la formación por ver si después del enésimo es posible un siglo de estos sacar cabeza. Pero como tiene tanto tiempo libre se sabe que viene dándole vueltas a sustituciones en la cúspide interna lo que debe tener aquello con una atmósfera complicada de describir hasta el punto que la sección de psicoanálisis del colegio de psiquiatras ya no da abasto.
El caso es que el pesoe ha prolongado hasta febrero el contrato de su gurú electoral por si acaso el 10 de enero tenemos fiesta. Aleix Sanmartín es quien puso en órbita a Juanma Moreno, el que volvió al enjambre socialista en el que se inició como asesor del grupo municipal cordobés y que, tras el trastorno de mayo, aventuró que había partido dada la escasa pérdida de votos. Proporciona un software de datos que permite captar el voto indeciso a través de las redes. Lo malo es que le funciona y que, cuanta mayor incertidumbre, más trazas de precisar ayuda tienen los candidatos y más engorda él. Le han ampliado porque, si no, en la repetición de la jugada se va con los otros el pavo.

Por esos mundos de Dios

Un estudio del beuveá advierte que el turismo empieza a agotar su capacidad de crecer. Apenas comienza, todavía queda la parte mollar de la curva si es que se mantuviese la tendencia y, sin embargo, no he visto más gente que va y viene.
Parece que lo regalan. Los recovecos low cost y la autogestión de los destinos desde el sofá ha girado el mapa. A las tres de la madrugada los aeropuertos de los núcleos más potentes en medio mundo parecen la playa el 15 de agosto. Y luego están los sitios con magnetismo que no dan más de sí. El descompuesto por excelencia es Venecia que en los 50 contaba con ciento sesenta mil parroquianos de los que hoy resisten cien mil menos. Hay que echarle bemoles para residir en el cogollito. Los gestores se repiensan el que los visitantes de un día reserven para acceder y, a base de tarifa, disuadirlos. Lo meritorio es que, con la de trasatlánticos que se posan en la laguna, la Virgen con el Niño permanezcan en Santa María de la Salud y no se hayan ido de crucero.
A tenor del análisis de los expertos, la demanda interna tomará por estos pagos el relevo como principal motor de la actividad. No es extraño. Una vez catados algunos de los parajes icónicos del viejo continente la conclusión es que la planta hotelera de este país les da unas cuantas vueltas. Y del condumio ni hablamos. Hay un yanqui suelto en las redes que no para de ensalzar nuestro modo de vida, loco como anda por una tostada con aceite de oliva. La atracción por la cocina es tal que si ofreces a alguien una ruta para una escapada en un puente por cinco bares de tronío e incluyes tres edificios históricos el resultado será que lo ha degustado todo y que, los monumentos, en otra ocasión.
El gran boom turístico se ha producido con simpáticos controles en las terminales, que hay previsto relajar. No sé si es lo conveniente. El otro día en Manises un setentón temió ser retenido al no entender por qué debía quitarse la faja que protegía la hernia. Y nada. Ni aún así se frena el ansia viajera. Me preocupa… el beuveá.

La niña de nuestros ojos

Durante una estancia por Argentina en 2005, Aznar concedió una entrevista en la que sentenció que «España está en riesgo de balcanización» y consideró que, tras un año de legislatura, el de Zapatero era «el peor gobierno de la democracia». Casi dos décadas después Feijóo ha alertado acerca de que nos aguarda un «horizonte similar a los Balcanes» refrendando de este modo el caudal de ideas propias que atesora, lo que no hace falta ni señalar en todo un aspirante a llevar las riendas de una gran comunidad. Vamos, es de cajón.
Como lo es, al escuchar el amplio abanico de reflexiones, que desde tiempo inmemorial contamos con los mejores adalides de la derecha europea y no es mi intención quedarme corto. El caso es que he soñado con Merkel, dado que ya no tengo dieciocho años. Sí, esa niña que creció en un pueblecito de Alemania oriental en el que, por si el régimen hacía ademán de captarla, los padres la instruían para que dijera que era incapaz de mantener un secreto, que lo bosaba todo cuando en realidad a tímida no le ganaba nadie. De moza se doctoró en el Instituto de Física de la Academia Central de Berlín y a diario debía coger el cercanías en Friedrichstrasse, la estación conocida como «Palacio de las Lágrimas» convertida en paso fronterizo y desde la que ella escuchaba los trenes que partían a destinos que le estaban vetados.
Dio un volantazo a su vida con la reunificación y entró al gabinete en el cupo mínimo que Kohl otorgó al Este. Los aires de libertad propiciaron cantarle las cuarenta al régimen del que procedía y de paso a la Stasi a la que no le regaló medalla alguna, sin por ello levantar muros contra nadie en la convicción de que la democracia hay que regarla entre todos para no perderla. Y cuando pillaron al canciller en un renuncio reconoció sus otros méritos pero expuso que no tapaban los fallos. Igualmente se la jugó al abrir las puertas a miles de refugiados porque en alguien criada donde ella se crió suponía un desgarro inasumible para gente de bien hacer lo contrario. ¿Que soñar no cuesta nada? Ya, ya, claro.

Ramalazo imperialista

Desde tiempo inmemorial cuando un trasatlántico quedaba encallado en las Maldivas, un grupo expedicionario a una de las montañas más visitadas en Asia se veía sorprendido por riesgo de alud o un avión que debía llegar a España esta mañana permanecía retenido en las pistas del John F. Kennedy que el mal tiempo había dejado impracticables, el redactor jefe indicaba que alguien se hiciera con la lista de viajeros porque fijo que habría alguien de Elche. Si una empresa radicada en la ciudad fue la encargada de entrar en la carrera espacial, en el Día de las Fuerzas Armadas la ilicitana María del Carmen Gómez Hurtadose doctoró como la primera paracaidista en desplegar la enorme enseña y posarse con tal precisión que fue muy difícil no quedarse con la boca abierta. Otros celebraron más decirle de todo menos bonito al presi y el paso del chivo, aunque por afinidad igual les decepcionó un pelín que no fuese una cabra.
Hay quien ha querido subirse al carro de la omnipresencia de los nativos de Iulia Ilici Augusta y coronarse por corto y por derecho. Es el caso del jefe de Nuevas Generaciones y asesor del área de Fiestas del gobierno municipal, que encima se llama Diego Maciá, quien ha sugerido a sus contratadores la colocación de una estatua a Isabel I de Castilla por «su gran importancia en la historia, no solo de España, sino del mundo tal y como lo conocemos». Esto viene después de que Vox propusiera en el ayuntamiento de Móstoles crear un punto de homenaje permanente a la bandera, iniciativa que se encontró con la respuesta del portavoz de Más Madrid: «Es un tema de una importancia crucial. Todos somos conscientes de la honda preocupación que hay entre el vecindario. Menos mal que han venido ustedes a hacer política útil, de lo que de verdad importa y mejora la vida del municipio. Y, sin embargo, tengo que decir que vamos a votar en contra porque la iniciativa se nos queda corta». Así es, Diego. No olvides nunca, excelso patriota, que tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando.

La destilación

Anduvo ocurrente Alberto Núñez: «No vamos a parar hasta que haya investidura». Como si una vez que esta se produjera fuese a venir una tregua. O dos.
Ese fue el número de viejos zorros que coincidieron en el título de su colaboración en una de las cabeceras que marca la hoja de ruta antes de que Sémper recurra a «Cuéntame» para aventurar que la tragedia que se barrunta en su final será un cuento de hadas en comparación con el que le aguarda al colega de Óscar Puente. De ahí que, tras lo vivido en Barcelona, los columnistas endosaran a Sánchez el aviso de la «España leal» a los acordes de una conocidísima canción: «Resistiré». Los mismos que enseguida dejaron de entonar y que promovieron el cese del aplauso a los sanitarios la rescatan para enaltecer la división. Pues sí tienen fans y, en el desfile del 12 de octubre, una legión.
Ana Rosa animó la celebración invitando a uno de los ahora adeptos a la composición del «Dúo dinámico» con tal de que soltase la ristra de motes compuestos esencialmente para los miembros del Ejecutivo en funciones que, en lo tocante a la promotora de Sumar, concuerda con la estela deslizada por Guerra. No son pocos quienes vaticinan que, de consumarse, la legislatura será ingobernable. Un objetivo, pues, estará centrado en torpedear la estabilidad de los bloques aunque no es descartable que entre los componentes del mismo se basten y se sobren.
El llamado progresista cuenta para ello con un amplio historial. Y en el conservador, que el ex de la Xunta no quería ni a tiros pero no tuvo más remedio el hombre, saltan calambrazos un día y otro también. La mismísima Monasterioenfundó el atril para denunciar que Telemadrid está al servicio de Ayuso y que en la reciente mani contra la amnistía dedicó más del 70% del tiempo al pepé: «Es increíble, ¿no? Esto me recuerda a la televisión cubana». Mujer, igual Isabel se ha despistado. Con el perfil de bloques conformado más todo lo que es preciso destilar no es fácil reconocer quiénes son los nuestros.

En el cruce de caminos

La mañana luce fresca en la coqueta Russell Square, donde la arboleda recibe con los brazos abiertos y las hojas amarillean el suelo. Los bancos jalonan el cruce de caminos en los que llaman la atención unas placas. «A dream has come true to be next to you (Stephanie escribe que un sueño se ha hecho realidad: estar a tu lado) o el dedicado a Catherine De Sousa (1926-2018) «a quien le encantaba sentarse en estos jardines» y, extraído de un poema de W.B. Yeats, «No hay extraños, solo amigos que aún no has conocido». No estaría mal contar con un recuerdo así el día que pase la última página. Para eso la urbe en la que habito tendría que resultar melódica en sus rincones y no es el caso.
A dos manzanas fue por donde Virginia Woolf y la cuadrilla de Bloomsbury desparramaron inhibiciones para escándalo del vecindario victoriano. Es hora de escalar al segundo piso del bus en ruta hacia el Big Ben y, al tomar tierra, se establece un debate sobre si fue por este puente donde el joven compatriota encontró el final con la valerosa acción de socorrer a una mujer o si fue por aquel otro. Nada más dejar atrás la desventura sale de unos soportales en dirección a Westminster los acordes del «Aleluya» de Cohen entonado por el saxo de un negro con el alma blanca.
La travesía de St. James´ Park viene que ni pintada para terminar con el compendio de salchichas, huevos, pan y judías en salsa de tomate al que es difícil resistirse. Como lo es para toda una romería adentrarse en las entrañas de Buckingham que deja bien a las claras por qué apenas hay quien tosa a la monarquía. Sunak trata de explicarse en la bibicí sobre asuntos que le asolan, pero es peor. Ese sábado una multitud toma la calle demandando el retorno a la Unión Europea y que se les devuelva su estrella. De noche los asientos metropolitanos son ocupados en su mayoría por migrantes en dirección al quinto pino en el que por una habitación les piden de mil a mil quinientas libras dejándose vencer por el tute que arrastran antes de reparar en lo que llaman la dura vida del turista.

El tren de mercancías

Durante la madrugada los ave con origen o destino en Cataluña y Andalucía permanecieron en el dique seco tras cascar en Atocha un pantógrafo, mecanismo que transmite corriente eléctrica. Quienes nutren Chamartín salieron esta vez ganando. Pasadas las ocho de la mañana la situación empezó a normalizarse y los que se pusieron en marcha fueron los que enlazan con Barcelona por delante de los del sur. Qué raro. Ya lo dejó escrito Carlos Cano a mediados de los ochenta con Felipe al volante: «Si en vez de ser pajaritos fuéramos tigres bengala, a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula».
Cómo no van dar preferencia a los trenes que conectan en concreto con ese norte si ahí vuelve a estar una vez más la madre del cordero. En medio del sudoku cualquiera es el menda, sin embargo, que se queda ennortado. Las facciones indepes representadas en la Carrera de San Jerónimo no se tragan, bailan la yenka, se retan al póquer y no es fácil determinar la jugada postrera que descubrirá Waterloo desde la mesa de juego. El pepé ha puesto la locomotora en marcha con intención de que a su máximo oponente no le quede otra que mojarse en el Senado sobre la perversa amnistía antes de que llegue la investidura aprovechando que por allí no para Óscar Puente al que portavoces feijonistas no les importaría que se convirtiera en el gancho de los vagones pensando por supuesto en el bienestar de Renfe.
De ganadora a ganador, Yolanda ha optado por tirarse un farol esgrimiendo estar lejos de un acuerdo con el pesoe al tiempo que sus socios le reclaman silla gubernamental incluida, joder, la de Irene Montero. Falta nada para que Arfonzosuelte que le sobra hasta la peluquera. No hace falta que les diga que, en medio de este berenjenal, Sánchez anda convencido de formar Gobierno «muy pronto», mientras alguien tan cauto y cabal como Ancelotti, cuando le preguntan por Modric, responde que «hay siete jugadores para cuatro puestos y tengo que tomar decisiones muy complicadas». Venga, hombre, Carletto.