Durante la madrugada los ave con origen o destino en Cataluña y Andalucía permanecieron en el dique seco tras cascar en Atocha un pantógrafo, mecanismo que transmite corriente eléctrica. Quienes nutren Chamartín salieron esta vez ganando. Pasadas las ocho de la mañana la situación empezó a normalizarse y los que se pusieron en marcha fueron los que enlazan con Barcelona por delante de los del sur. Qué raro. Ya lo dejó escrito Carlos Cano a mediados de los ochenta con Felipe al volante: «Si en vez de ser pajaritos fuéramos tigres bengala, a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula».
Cómo no van dar preferencia a los trenes que conectan en concreto con ese norte si ahí vuelve a estar una vez más la madre del cordero. En medio del sudoku cualquiera es el menda, sin embargo, que se queda ennortado. Las facciones indepes representadas en la Carrera de San Jerónimo no se tragan, bailan la yenka, se retan al póquer y no es fácil determinar la jugada postrera que descubrirá Waterloo desde la mesa de juego. El pepé ha puesto la locomotora en marcha con intención de que a su máximo oponente no le quede otra que mojarse en el Senado sobre la perversa amnistía antes de que llegue la investidura aprovechando que por allí no para Óscar Puente al que portavoces feijonistas no les importaría que se convirtiera en el gancho de los vagones pensando por supuesto en el bienestar de Renfe.
De ganadora a ganador, Yolanda ha optado por tirarse un farol esgrimiendo estar lejos de un acuerdo con el pesoe al tiempo que sus socios le reclaman silla gubernamental incluida, joder, la de Irene Montero. Falta nada para que Arfonzosuelte que le sobra hasta la peluquera. No hace falta que les diga que, en medio de este berenjenal, Sánchez anda convencido de formar Gobierno «muy pronto», mientras alguien tan cauto y cabal como Ancelotti, cuando le preguntan por Modric, responde que «hay siete jugadores para cuatro puestos y tengo que tomar decisiones muy complicadas». Venga, hombre, Carletto.