Vox recurrió en Ceutí las municipales de mayo por irregularidades en el recuento, la Junta Electoral aceptó la denuncia, acaban de repetirse y el grupo que lo ha propiciado suma el edil extraviado en el cómputo fraudulento de donde se deduce que llevaba razón. Dada semejante infrecuencia, como para no resaltarlo.
Se trata de elecciones en un municipio de 12.ooo habitantes, las primeras con el barullo de la amnistía y el resultado ha sido que la candidata socialista repite mayoría, aunque precisará del apoyo de Ciudadanos para gobernar, pero el pesoe aumenta en votos y el pepé disminuye. El escrutinio llega a mi conocimiento mientras degusto una tostada de queso fresco aderezada con mermelada de higo fabricada en la localidad, dosis que necesito para subir el azúcar tras escuchar el asesinato a cuchilladas de una chavala joven y de su niña en Carabanchel dentro del volumen insoportable de esa violencia machista en torno a la que el socio preferente de la escuadra de Feijóo niega su existencia.
El caso es que el hombre que renunció a ser presidente de la nación incluso aunque no le salieran las cuentas ha realineado a sus mesnadas y ha puesto al frente de la portavocía en el Congreso a alguien de estricta obediencia en el afán de diseñar un frente tela de duro como si lo desplegado hasta ahora hubiese sido poesía pura. La encuesta calentita de esta casa señala que, de ir a las urnas de nuevo, podría con Abascal dar para gobernar consolidándose así como «rey de los sondeos». Por encima de Andalucía y Comunidad Valenciana, Castilla y León congrega el mayor rechazo al pacto con Puigdemont, la tierra de la familia de Zapateroman a la que se refirió en una reciente arenga: «Al verme, mi padre de 92 años me dijo que estaba más contento que cuando yo gané». Otra paisana de 105, mi suegra, con la cabeza mejor puesta que usted y que yo, respalda al mismo que viste y calza siendo felipista y qué decir tras elevar a los altares a Óscar Puente que le dio el ramo por vecina centenaria. Pues más vidas tiene Sánchez.