Ingria es un municipio del Piamonte rodeado de parajes de ensueño. Pero por lo que ha dado la vuelta al mundo es porque, de los 47 habitantes, 30 se presentan a la alcaldía con la peculiaridad de que más de la mitad con derecho a voto reside fuera. De estar en plazo se trata de una oportunidad que ni pintada para Paco Camps. A los dirigentes del partido al que tanto quiere les daría una alegría.
Se palpa tanto en el ambiente que, al conocerse que la resolución definitiva de la Gürtel en la que el ex resultó absuelto se retrasa lo suyo tras la petición de algunos acusados de aclarar el fallo, más de uno ve la mano de la organización ante la campaña que el amiguito del alma de aquel otro gachó ha emprendido con tal de recuperar su condición de candidato a lo que sea. Y más cuando el recurso linda en el tiempo con la forma destemplada en la que el exjefe del Consell se revolvió en À Punt contra Bernardo Guzmán conminándole a que no le preguntase ni media bajo el imperativo «¡No le permito hablar!». O sea que sí que ha vuelto a departir tan campante con su antecesor en el cargo con quien tantas judiadas se dedicaron y, en cambio, le embarga la palabra a un periodista por osar criticar la trayectoria. Pues el prota de este peculiar regreso al futuro, de tonto no tiene nada: el socio de Mazón en el Palau sí que debe haberlo metido en agenda tras airear cómo se las gasta.
Es lo que ocurre con esta noble actividad de la política en la que a veces es difícil adivinar por dónde puede venir el tiro. Lo que menos imaginaba el actual regidor de Indria es que su propia madre formase parte de la lista de su mayor rival y ella lo ha explicado sin ambages: «Tanto mi hijo como yo queremos lo mejor para la comunidad y esta es una oportunidad para dar voz al punto de vista de las mujeres sin debilitar lazos familiares». Ella no tiene la culpa de que el otro haya compuesto un equipo mayoritariamente de mujeres, mientras que su niño cuarentón reconoció que pensó en incluirla. Es sin duda un buen sitio para Camps. Se sitúan igual.