Por razones fáciles de comprender, en los últimos años diferentes galenos no paran de endosarme analíticas y, sea el día de la estación que sea, tanto en el centro de salud como en el hospital aquello es una romería. En fin, cierro los ojos y pinchazo va, pinchazo viene. De hecho ya ni me desmayo.
Así que de otras no, pero de la situación sanitaria puedo hablar con propiedad por lo que la vista y el olfato propician para intuir las penalidades a la que se enfrenta el personal. He aguardado a que saliera el informe anual de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública donde se constata que no he detectado mal el olor que la atención desprende. Según la valoración del documento que examina 35 variables, la sanidad en la Comunidad Valenciana es la que «peores servicios» tiene. Indica la falta de citas, el bajo número de profesionales y el patente incremento del gasto individual en la privada entre otros factores. De ocupar el puesto 15 del listado con 73 puntos el año anterior a colocarse en última posición con 62 frente a los 106 de la mejor valorada que es Navarra. El bloque de cabeza es norteño y la cola la satura la zona mediterránea y el sur peninsular. Los datos se han dado a conocer en torno a la cremà alicantina en la que, pleno de sensibilidad, el presidente de la Generalitat dijo: «No sabemos de dónde ha salido más agua, si de la manguera de los bomberos o de los ojos de las belleas del Foc, que han estado muy emocionadas». Días antes el propio Carlos Mazón dejó caer que «seguimos cumpliendo y avanzando en atención primaria para garantizar la sanidad pública que merecen los ciudadanos». Efectivamente es difícil contenerse.
Por si esto fuera poco, la proyección del Instituto Nacional de Estadística señala que la población en Baleares y aquí serán las que más aumenten con un 19% debido a las migraciones exteriores lo que representará ganar un millón largo de habitantes en 15 años. Es lo único que nos hacía falta. Los médicos, enfermos perdidos.