Un mes atrás Muñoz Molina clamaba sobre el maltrato municipal que recibe la flora del Retiro cuando no toca y completaba la percepción de la ciudad que habita con el siguiente trazo: «Madrid es acogedora para los multimillonarios, los especuladores y los demagogos populistas, pero muy inhóspita para casi todas las formas de vida, desde los insectos y las aves hasta la inmensa mayoría de los seres humanos no protegidos por la cápsula del dinero… Hay viviendas cercanas al monstruoso estadio Bernabéu donde en las noches de concierto el suelo vibra y tiembla como un sótano berlinés de música electrónica». Difícil esgrimir que el escritor se deja llevar de la pasión por otros colores al haber puesto de manifiesto que «aquí solo merecen admiración los futbolistas o corruptos con éxito». O sea que muy proclive a la pelota o al pelotazo no se le ve.
El asunto me tiene embebido. Los residentes están de los nervios. Ante las quejas en cascada el club dijo que intentaría insonorizar el recinto, pero el Ayuntamiento admite que «todos los conciertos han superado el límite acústico y que la única acción posible es sancionar al finalizar». Es decir que el var no interviene si el equipo sonoro de Luis Miguel altera las reglas del juego y, en caso de infracciones graves, las multas van desde 601 a 12.000 euros, lo que tiene a Florentino tenso puesto que los cuatro que acaba de dar la eterna rival de Shakira han debido reportar a la entidad cerca de los veinte millones tras la ristra dejada por Taylor Swift. Efectivamente, todo un espectáculo.
Una parte del vecindario, que esgrime afecciones de salud, airea que la zona es un torturódromo y anda recibiendo una bandada de agentes inmobiliarios por si quiere vender. Yo me lo pensaría. En vista del caudal de ingresos no hay que descartar que, al no estar en danza la Superliga, el porrón de partidos menores del fin de semana vaya a Valdebebas para dar paso al estallido musical con posición definida para el ansiado fichaje. Tras la exhibición en la Eurocopa, Mbappé, disc jockey.