La plusmarquista

A las puertas del verano, el Constitucional anuló la condena a Magdalena Álvarez por los Ere y tumbó la prevaricación. A la señora Esther la noticia le pilló con su hijo y este soltó: «Pues mira por donde se libra de la cárcel». Su madre lo interrumpió ipso facto: «Pero qué dices si la sentencia no la pedía, sino años de inhabilitación». Quien situó al niño es mi suegra y cuenta con 105 años, a tres meses de cumplir el siguiente. Cuando llegó a mis oídos no daba crédito. Y no porque me sorprendan sus registros, sino porque soy incapaz de situar a quien fuera condenada en su día. Es más, si me esfuerzo mucho suelo confundirla con Celia Villalobos.

     Y no se crean que esa mujer que está a la orden del día vive en La Isla, el rincón gaditano de San Fernando cuna de la exministra, ni junto al Guadalquivir a su paso por la Torre del oro que es por donde se produjeron los desvíos. Nada más lejos de la realidad. En los múltiples ciclos de su existencia, desde que viniera al mundo coincidiendo con la pandemia de la llamada gripe española y con el final de la Iª Guerra Mundial, ha estado radicada en Pucela y provincia salvo durante otra contienda, la nuestra, en que fue a servir a San Sebastián y a Madrid en casa de los Giménez-Arnau cuyo patrón, diplomático y periodista, fue uno de los estandartes del régimen que se nos vino encima. Ni que decir tiene que, desde bien jovencita, de política se empapó un rato.

     Al convertirse en centenaria, y junto a quienes alcanzaron la marca, el ayuntamiento de la capital le rindió homenaje, con ramo de flores incluído de manos del alcalde que no era otro que Óscar Puente así que, como imaginarán, cualquiera es el guapo que, con la personalidad y el carácter que gasta, dice algo en su contra por muy potro desbocado que se ponga. Ahora está que echa las muelas porque ha desaparecido «La promesa» por mor de los Juegos. Como por estas cosas de la vida alguien del Consejo de Administración o de la dirección se pone a su alcance lo lleva claro. Una medalla no es lo que le cae.

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