La hora chanante

Algunos lo recordarán. Sucedió en el programa de WyomingJoaquín Reyesrealizó en plena ebullición del prucés una parodia caracterizado de Puigdemonten pleno parque al aire libre, un jubilado llamó a la poli y esta no tardó ni cinco minutos en ir a detenerlo. También es verdad que se trataba de Torrejón de Ardoz. Así cualquiera, que diría Page.

     Es muy fácil crucificar a los mossos, pero hay que reconocer que estarían como el resto yendo de una prueba a otra, del Grand Palais al estadio náutico de Vaires-Sur-Marne en una tarea agotadora. Además, a la hora en que era posible que el vecino de Waterloo hiciera otra de sus estudiadas piruetas, el taekwondo y el piragüismo estaban que lo rompían. La cosa es que Craviotto andaba ya calentando para la final sin olvidarnos de que el campeonísimo es policía. Y todo el mundo es conocedor de que los miembros del cuerpo de seguridad perteneciente a la Generalitat están divididos y que en esa mañana de autos había una tensión evidente entre los que querían que ganara el súper medallista español y quienes ansiaban que volcara la embarcación. Que, en este caso, coincidiera con estos últimos el deseo de no pocos números de la Benemérita es algo que no se le escapa a nadie dentro del tradicional espíritu de colaboración a tres bandas y las que se tercien.

     Hubo quien pronosticó en las altas esferas que en París acabaríamos con el cuadro. Que caerían más de 22 y de 30. A las logradas hay que añadir las acrobacias y contorsiones de nuestros y nostres representantes de distintas disciplinas con las que en el mundo entero se lo han pasado pipa. Algunos pensarán que España es un estado fallido, pero también se decía que Cataluña era Europa. Resta el broche. Está en danza el juez Llarena, que fue recibido con aplausos en un restaurante de Puigcerdà al ser reconocido. Aún encontrándose de vacaciones ha pedido explicaciones a todo quisque por el numerito con el comediante en el Arco del Triunfo. ¡Ojo! De ser Joaquín Reyes me estaría quitecito.

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