Para intentar que el baluarte del recién nacido independentismo ultra no siga comiéndole la tostada, la ingeniería de Junts pretende hilvanar una sarta de mensajes con los que alertar sobre la inmigración a los acordes de «la supervivencia de la catalanidad está en riesgo». Hasta ahora lo soltaban sobre todo en la intimidad.
Da igual que en un informe del Defensor del Pueblo se recoja que los flujos migratorios son esenciales para compensar el declive de la fuerza laboral nativa. Importa un pito que un estudio del Banco de España precise que se necesitarán 24 millones de inmigrantes para mantener la relación entre trabajadores y pensionistas. Se desprecia por parte de esta camarilla que el territorio al que dicen defender esté construido también por compatriotas manque les pese, llegados de latitudes jodidas que con su mano de obra contribuyeron a que sea una de las zonas más ricas e industrializadas. Pero qué más da, firmado desde Waterloo con amor.
Eso sí, tampoco vamos a hacernos los estrechos. No cuentan con la exclusividad. Hace demasiado tiempo que cada uno va a lo suyo, con mando en plaza para el capitán general. La presentadora de informativos Helena Rosanoescribe: «Cuando se anunció el compromiso con Letizia muchos auguraron el principio del fin de la monarquía. Separada, sin linaje… un despropósito. Pasma que periodistas con años de profesión se atrevieran a hacer semejante pronóstico con todo lo que había escondido en la alfombra del entonces todavía rey». Como que ha vuelto el destape.
Y, entre tanto, el Gobierno se agarra a la silla al pactar con Bildu la reforma de la ley mordaza propiciando que «Huracán» Tellado entre a saco para señalar lo «secuestrada» que anda la legislatura. Este es el friso bajo el que nos movemos, no hay más que hablar. Aunque siempre queda un asomo de esperanza. El que dibujó el refinado Borja Sémper: «El Real Madrid es la España que necesitamos y la que nosotros traeremos». Y así le habremos dado la vuelta a la historia. Tendremos el régimen del equipo.