Leo que Japón prueba el tren por levitación magnética sin conductor, a 500 kilómetros por hora. Pienso en este modelo circulando entre Atocha y Chamartín y la gente aguardando en destino a ver cómo lo coge, si corriendo hacia él o al volapié. Aunque igual es una fórmula que no vendría mal porque con ese sistema que ya se utiliza en China no hay que recurrir a la electricidad para mantener la elevación. Se consigue creando una especie de bolsa de aire entre los «patines» del tren y los carriles de la vía. Igual es la única manera de no atravesar el túnel de nuevo cuño a la remanguillé.
Lo que ya carbura en el Lejano Oriente fue solicitado por la empresa deFlorentino Pérez para implantar aquí hará como mínimo quince años y, sorprendentemente, todavía no se lo han concedido. También es verdad que el proyecto presentado debe sobrepasar en estos momentos los doscientos millones de euros para una extensión de seis kilómetros a fin de desatascar de tráfico el acceso al parque científico de la Cartuja sevillana desde la ciudad. Como tengo bastante familia por aquellos lares y, en medio del reguero de incidencias que llevamos en el cuerpo, digo a ver si van a acelerar esta vía supersónica de ciencia ficción para desviar la atención y, cuando me quiero dar cuenta, se sube mi hermana y aparece en Shanghái. Todo es posible a este ritmo.
Un mes atrás Óscar Puente se dirigió a la concurrencia diciendo que el tren vive en España el mejor momento de su historia a la hora de salir al paso del desbarajuste de agosto por lo que, tras el de octubre, le ha dado apuro repetirlo. Si además de circular un número tremendo de usuarios en una barbaridad de trenes el mantenimiento y la gestión de los repuestos fuese el adecuado entonces sería la repanocha. Siempre le queda al ínclito señalar que en Francia la cosa ferroviaria está mucho peor, lo cual es fetén. En el país vecino el disloque es tal que la gente lo toma a cachondeo, por lo que es la coyuntura ideal para que Sánchez se lo ceda a Macron.