En el inicio de 1990, el entonces vicepresidente Alfonso Guerra manifestó en «Il Messaggero» que «más que otra cosa me siento un hombre de teatro, no un político». Pues anda que si se llega a sentir…
Con posterioridad y, con tal de refrendar la tesis, esgrime que es que «la política tiene una parte de escenificación». Así es más sencillo no bajarse del burro, algo a lo que el autor de controlar con puño de hierro la organización fundada por Pablo Iglesias es poco dado. Pese a que en los momentos álgidos de Podemos el hombre de las sentencias implacables dijese con motivo de algún episodio nacional que la formación del 15M «hace teatro», él nunca se reveló partidario de que Sánchez los tuviese en el elenco gubernamental. A día de hoy, Guerra es comisario. De la exposición sobre los Machado, no se asusten.
A tal efecto elogió el desplazamiento del inquilino de Zarzuela a fin de inaugurar la muestra sobre los hermanos. Después de defender a capa y espada la figura del padre no es que tenga mucho mérito reconocer el afán de Felipe VI. Todo fueron parabienes en medio de un recorrido repleto de manuscritos, documentos, imágenes y emoción a raudales. Sin embargo, justo una semana después al comisario lo han dejado de exposición. Ha sido en «La revuelta», dónde si no. Emilio Gavira, actor con más de 60 títulos y un Goya a sus espaldas, cogió el micro y no lo soltó con tal de promocionar la campaña de dignificación de las personas que como él padecen acondroplasia denunciando la mirada burlona sufrida por los siglos de los siglos. Y ahí tuvo un recordatorio para el vice teatrero: «En prime time dijo que le apenaba que los humoristas ya no pueden hablar de nada, antes había chistes de homosexuales y enanos». Para lo cultivado que se considera, no es mal registro.
Claro que a la hora de ponderar la presencia real lo hizo en el marco de que se trataba de una iniciativa alrededor de «dos republicanos, pero que sobre todo eran demócratas». Dicho así, mucha gracia tampoco tuvo que hacerle al monarca.