Con la angustia en los talones

No he pegado ojo en toda la noche. Los testimonios de personas inquietas por no poder contactar con los suyos en horas me pusieron en alerta y me metieron el temblor en el cuerpo: un padre que no tiene forma de dar con su hija; una hermana a quien se le ha apagado la señal del mayor; un hijo que habla con su madre para despedirse de ella viéndose como se veía a las puertas del más allá… Y, al mismo tiempo, otras voces que llaman para dar fe de que siete de los que buscan resisten bien pertrechados sobre la techumbre a la que han logrado encaramarse allí enfrente y así, señales de situación, una tras otra, para que los rescatadores no cejen.

     Por fin amanece. Las imágenes toman el relevo de las confidencias. Se suceden. La pantalla no se detiene: cauces desbordados, pueblos abiertos en canal, vehículos atropellados, criaturas sobrecogidas ante las ausencias, el futuro que en esta secuencia no existe. Lo que va en aumento es el ahogo. Desconecto de todo y, al igual que he venido haciendo últimamente, me encamino a darme un buen tute por la orilla e intentar que se me vaya esto que tengo aunque sea en parte. Ya estoy. El viento sacude con fuerza. Hasta el ruido, que suele ser molesto, acompaña. La naturaleza no se deja intimidar. Responde según la traten. El termostato del mar ha saltado por los aires. La calentura del mismo es tal que yo, que era muy difícil que me duchara con agua fría ni en agosto, vengo bañándome en el Mediterráneo a estas alturas del año y anda apenas refrescante. Lo nunca visto. Estamos jugando con fuego. La cabeza va a explotarme. Intento sacar como sea las estampas de desolación que se han sucedido y, con más de una hora de peregrinaje en los talones, me refugio en la poesía contemplando el horizonte cubierto de una espesa bruma. Viene a mí las «Hojas de hierba» de Walt Whitman y uno de sus cantos: «En realidad, la muerte no existe. Las estaciones se suceden, la ciudad duerme y duerme el campo, los vivos duermen sus horas y los muertos duermen sus horas. Sé que soy inmortal».

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