El puzzle que nos parió

Uno de los programitas que solventa horas y más horas es «TardeAR». En una de las sesiones en las que no estaba la titular, y cuyas riendas cogió el solvente Frank Blanco, se produjo el siguiente episodio. De la mano de uno de los tantos expertos en el Emérito como han brotado cubrió la pantalla un puzzle del que al desprenderse una pieza revelaría la identidad de la que en los setenta fue la primera amante del monarca, cantante en este caso. Ya hay que haber hecho un trabajo de investigación que ni el Watergate para atreverse a asegurar que con ella empezó todo. El caso es que cuando las pistas conducían a La Polaca el misterio desveló en su lugar una foto de La Húngara. Lo único que le hacía falta a Europa, mayores dosis de confusión. Tras endosarle el amorío, el programa tuvo a bien ponerse en contacto con quien responde a tal nombre artístico que, como habrán deducido, es de Écija. La mujer enfatizó la cantidad de gente que la había llamado haciéndole ver su sorpresa, pero se lo tomó relajada por la sencilla razón de que en aquella época no había nacido. Argumento más concluyente que los de Mazón sobre la comida parece.

     El marrón heredado por Felipe VI no deja de ser un bucle en los espacios de variedades. De ahí que, en cuanto ha visto un resquicio, haya cogido a los afectados de la dana por bandera y que haya puesto a Vox en el brete de no pronunciarse sobre un mensaje navideño más cerca que nunca de lo que pasa, lo que no quita para percatarse de que el seguimiento ha sido «fun, fun, fun». También es verdad que en el reflejo que proyecta la V República desde el país vecino ha encontrado un aliado. Da cosa pensar en alguno de los seres que podrían coger aquí las riendas de la Tercera dentro del clima que nos embadurna y hasta dónde podría llegar. De producirse el vuelco, lo único seguro es que Manuel Valls formaría parte del nuevo enjambre institucional. Si a mí este hombre me tiene fascinado habrá que suponer el ídolo que debe representar para Toni Cantó. En fin, mires p´a donde mires tó es mortífero.

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Amador, qué grande eres

González Amador, pareja de Ayuso, es un bendito y me quedo corto. Tras un año largo de investigación en los que la Agencia Tributaria concluyó que había defraudado 350.000 euros por los ejercicios del Impuesto de Sociedades de 2020 y 2021 y nueve meses desde que se revelara el asunto ahí sigue tan girocho el imputado. ¿Qué hay en su contra? Parecería que cada vez menos. La admisión por parte de su abogado de la comisión de un par de delitos a Hacienda es un sueño difuminado en el relato. Además, procesalmente hablando, para Amador no es definitivo. Ni le viene ni le va, salvo que decida querellarse contra quien lo dijo, especialidad en la que nadie se atreverá a cuestionarlo. Es  un hacha.

     La presidenta madrileña lo ha resumido con precisión «Esta es la lucha de un hombre solo contra el Estado». Se me saltan las lágrimas. ¿Y a quién no?, dirán ustedes. Es tremendo. Tanto que, al formar parte destacada de la pirámide estatal, lo que viene a deslizar es que se ha inhibido, que se ha quedado completamente al margen del gigantesco pulso acometido por Alberto, algo que anda al alcance de cualquiera que se ponga. Las cotas alcanzadas por el galán en su cruzada a pecho descubierto son de récord. De momento, en el primigenio procedimiento para investigar el fraude a Hacienda por parte de este bendito, están empurados el fiscal general del Estado; la fiscal provincial de Madrid, la ministra de Hacienda; personal que fuera de Moncloa, bajo vigilancia del Supremo, en tanto que un juzgado ha citado a un acto de conciliación al mismísimo presidente del Gobierno más un secretario general del pesoe caído en desgracia forzado a dimitir. Encima esto último Sánchez ni siquiera lo ha agradecido. Qué poco estilo.

     ¡Ah! Y la ha emprendido a querella limpia contra colegas del corte tremendista de Enric Juliana y Xabier Fortes, entre otros, por mencionarlo como «autor confeso de fraude fiscal». Siendo ecuánimes es que eso no se puede consentir cuando está claro lo que este hombre es: ¡Un héroe!

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Cuando el mar se encoge

Un lustro atrás recibió un golpe helado. A la vuelta del verano escasos meses después, conocedor de lo celoso que era de su intimidad, ensamblé lo siguiente sin desvelar al lector a quién iba dirigido: «Al igual que le sucedió a Delibes cuando Ángeles se le esfumó tan temprano de entre los dedos y a Savater el día en el que el cuerpo maltrecho de Sara no dio más de sí, mi amigo está aprendiendo a vivir sin ella después de que tanto tiempo juntos los combinara de tal modo que, a los que hemos tenido el privilegio de disfrutarlos, nos sintiéramos arrebatados por la fuerza del imán con el que se fundieron hasta formar la misma identidad… Quienes lo rodean de cerca, sus hijos, sus nietos están viéndolo ponerse en pie, dar los primeros pasos sobre el cimiento robustamente nutrido, agarrarse a él que para eso goza de buen fundamento, auparse poco a poco… Mi amigo empieza a escribir las primeras líneas en solitario después de una travesía de más de cincuenta años suspirando a dúo sin volverle la espalda al mar ni a los árboles que le salen al paso ni a la gente que lo quiere ni a las ganas de querer que tiene».

     El domingo en que estas letras vieron la luz traspasó el timón a manos de los más jóvenes de la saga surcando los vaivenes desde Formentera con idea de que esa otra pasión no se apagara. Antes y después Manchi dejó en el transcurso de sus actividades y de las relaciones sociales innumerables muestras del gentleman que anidó en él con un comportamiento y un saber estar que le proporcionaron ese toque de distinción. Cosmopolita, liberal, aferrado a las cosas de su tierra sin perder de vista el rumbo del país que diseccionaba con agudeza y cierta pesadumbre al dar por sentado que el ideal de entendimiento propugnado por Chaves Nogales no dejaba de ser desgraciadamente una quimera.

     Ahora los que le quieren tendrán que hacer frente a una ausencia de categoría. Sin Merche al lado fue deshilachándose poco a poco. Eso sí, a su modo y manera. Con prestancia, sin perder la compostura.

Escuela de interpretación

Una psicóloga ha compartido un vídeo en TikTok en el que anima a la audiencia a ver «Love actually» al menos una vez al año dado que «es casi una terapia emocional». Me he metido por el cuerpo un documental sobre la misma y con eso igual libero oxitocina en dosis apropiada. Almaceno muchas dudas.

     Sí, porque veo otra vez al primer ministro Hugh Grant siendo descubierto tras la cortina en el colegio durante la fiesta de Navidad para asombro del patio de butacas y la cabeza se me va hacia quién daría la sorpresa en alguna de nuestras aulas,  si el que no viene, el que no sale o el máximo responsable de la parcela educativa y se topa uno con que lo último en torno a Rovira es que los directores de la pública han condenado el desprecio con el que se ha conducido hacia una componente del colectivo. Y es una lástima. Aunque parezca arisco, le va el papel dentro del arsenal de historias cruzadas protagonizadas al son de la cinta en la que el amor se espolvorea por todas partes. De la mano de Diego Such, siempre ha estado por tender puentes. Acaba de dar una muestra en el contencioso sobre la devolución de Medicina a la Universidad de Alicante. Siempre tan neutral, tan ecuánime a la hora de posicionarse apretando hasta donde haya que apretar a quien no sea de la cuerda. Son muchos trienios en las alforjas dejando muescas de su leal saber y entender. No es Hugh Grant, pero es de la quinta y ahí sigue gracias a sus dotes interpretativas.

     Innumerables son las secuencias llamativas que jalonan su carrera. La más sobrecogedora permanecerá lo que no hay en los escritos en la memoria colectiva. Corresponde a las horas cruciales condensadas a finales de octubre en las que se abstuvo de dar la réplica cuando terroríficos planos demandaban la intervención a fin de salir del marasmo y, en su lugar, optó por mantener un sonoro silencio. Hay que disponer de mucho cuajo. Pero es el estilo característico de la escuela a la que pertenece. Nadie a estas alturas va a decirle cómo ha de comportarse. Estaría bueno.

Rehén de la incomodidad

La 1 ofreció el encuentro de los presidentes que conforman el estado en el palacio de la Magdalena a la manera de una previa de los Goya. Unos aparecieron abrigados y otros a cuerpo gentil. Aunque un gran drama marcaba la cita, costó ver la llegada del presidente de la Generalitat Valenciana, vamos yo no la capté pese a no perder detalle. No creo que el que pasara inadvertido se tratase de una directriz pactada, pero podría venir a cuento. Por el comentario de los narradores se conoce que en el arranque cogió a Page y no lo soltó. El presidente andaluz y el murciano tuvieron protagonismo por encima de la media y fueron entrevistados sentados en un taburete donde expusieron sus objetivos con la soltura del panorama ventajoso del que disfrutan en sus territorios respectivos. Con todos ya formados llegó el inquilino de la Moncloa quien aguardó al monarca antes de pasar revista. Cuando se pusieron a ello el primer cruce lleno de expectación fue el instante en que Sánchez extendió la mano a la mandataria madrileña y lo más grande es que esta se la estrechó, aunque cada uno estuviese pensando en lo que en realidad le gustaría estrecharle. También tenía su aquel el acercamiento del Rey con Mazón que en alguna que otra cadena habían calificado de «frío y distante» apoyado en un supuesto paso fugaz, pero no. Felipe VI se detuvo, intercambió palabras con él y estuvo generoso dándole un golpecito cariñoso en el brazo. Y, a pesar de ello, el presidente está receloso. Han debido insistir tanto los asesores que anduvieron en paradero desconocido que bajo ningún concepto se le ocurra sonreír, que no relaja los músculos. Mira con desconfianza alrededor. Él que lo que siempre ha sido es un relaciones públicas cercano y amable que, a las primeras de cambio, se partía tras lanzar indirectas jugosas sobre el jefe seguro de sí mismo y que durante el tiempo que lleva en el Palau se ha hartado de posar festivamente en las redes, hoy le cuesta un mundo salir, marcar la ruta, empatizar y reconocerse. ¿Por qué será, Carlos?

Regreso inimaginable

Un numeroso grupo de gente talludita, de la misma quinta o muy próximas, se había embarcado en otro de los habituales éxodos en busca de uno de tantos destinos apetecibles. En este caso, distante, desértico en medio del océano y un clima primaveral con el invierno llamando a la puerta de manera cordial. Una zona exenta de los característicos museos, sin señal alguna de que cualquiera de los grandes espectáculos reclamase atención, con las bullas derogadas por disposición adjunta y con un enjambre de parques naturales, dunas, riscos y aguas verdes dentro del típico catálogo hacia el que a uno se le van los ojos. Un lugar, por tanto, propicio para esquivar compromisos que te lastren el cuerpo metiéndole kilómetros p´arriba y p´abajo e ideal para dejarse llevar sin más por el viento que lo enfunda.

     En víspera del regreso, una de las componentes de la expedición le echó valor y se incrustó en la rueda de aquagym rodeada de alemanes, polacos, británicos y nórdicos en general. Lo de estos respecto de la temperatura ahí sumergidos no tiene mérito porque empezaban a beber a las nueve de la mañana y lo dejaban cuando la luna se había quedado frita. A ella su arrojo le produjo satisfacción, no era para menos. Durante el desayuno de despedida la tenía cerca. Se trataba de una mujer con clase, de facciones muy agraciadas y que, al contrario que otras, no hacía ostentación de nada. Ya en el avión se produjo la hecatombe inesperada. Acababan de decirle que había muerto un hijo. Aquella mujer entró desmadejada, refugiada en los brazos del marido que intentaba sujetar las lágrimas. La tripulación los auxilió con dedicación durante horas y un pasajero cardiólogo pasó consulta en una primera fila desbordada por la aflicción. La madre del vástago que había traído al mundo tomó como pudo manzanilla y media pastilla le fue depositada bajo la lengua. Desde atrás aparecían inertes, sin que en ningún instante la pareja se distanciara un solo milímetro. Tantos años dando pasos juntos y qué difícil hoy hacer pie.

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Tocado del ala oeste

A veces dar con la peli o con la serie que satisfaga tus necesidades cuesta más que al Gobierno sacar adelante una ley o una reforma. Tanto es así que llevo una racha en que me topo a cada paso con «Notting Hill» y, como he visto tantos pases, lo que hago es buscar escenas favoritas o las que peor recuerdo, y verlas por enésima vez. Ayer revisité la de la cena por el cumple de la hermana del librero William Thacker acompañado por sorpresa de la celebérrima actriz Ana Scott, se lo dije a Emi que estaba leyendo y me respondió: «Ni se te ocurra llamarme más».

     Sumido en búsquedas fue como se me puso delante «El ala oeste de la Casa Blanca». Televisión Española la ofreció cuatro años después de estrenarse, a una hora en que todos andaban durmiendo y me venía de cine porque era cuando volvía de la redacción. Para quien no la haya visto, la serie es la hostia. Frenética, sublime, con diálogos irónicos del súper guionista Sorkin y tan precisos que 25 años después los temas siguen de actualidad, a lo que hay que añadir el condimento épico que les pirra. El equipo de asesores del estadista demócrata se lleva de lujo en medio de una lealtad a prueba de bombas. Por fortuna me cogió ya destetado y no me hice una idea equivocada de lo que es esto. De hecho cuatro actores se revolvieron contra la productora al enterarse que un par del elenco cobraban mucho más: el presidente y el guapo. Pero bueno ficción es ficción, salvo para especímenes como Milei que se apropió para el debut en la Onu de un «speech» de la serie palabra por palabra. Si estarán bien construidos que en boca de este patán se descubrió el pastel.

     Ahora es Emi quien me reclama. Son siete temporadas de veintitantos capítulos cada una, de modo que me ha venido de perlas la bendición a los últimos análisis del médico de familia. Al ver que tenía abierta una revista con el perfil de la peña que está reuniendo el Kennedy de Trump para el futuro sanitario le he hablado de la serie y se ha apresurado a escribir. No me ha recetado nada, pero se la ha prescrito.

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Un hombre de lo más cabal

De entre lo más sobresaliente del acto de entrega de unos premios que tuvo lugar tiempo atrás en la sede del Instituto Cervantes de Nueva York, aparte del prodigioso cortador de jamón que se sumó a la celebración posterior, fue sin duda la laudatio que se marcó el entonces consejero delegado de Mediaset España, Paolo Vasile, para trazar el perfil de Pedro Piqueras antes de recibir su distinción. El arranque del empresario italiano y también productor cinematográfico fue poner en conocimiento del auditorio, para que este fuera situándose, su convicción de que el por aquellas fechas director y presentador de informativos de Telecinco lo primero que le habría preguntado al taxista que lo recogió en el aeropuerto John F. Kennedy fue que si había oído hablar de Albacete. A partir de ahí toda la entrañable intervención mantuvo el mismo cariz. Los asistentes se partían, mientras que el discurso realzaba con estudiada precisión las meritorias trazas del manchego. Al año siguiente el premiado fue Vasile. Sus décadas de trayectoria profesional son considerables, pero seguro que confiaban en que se reeditase el show.

     En nada se cumplirá un año desde que Piqueras dejó de situarse frente a las cámaras después de haberlo tenido en la salita de estar media vida. La primera que le propuso ponerse al frente del telediario fue Asunción Valdés y pensó que todavía andaba muy crudo. Tiempo después ante Pilar Miró ya no halló argumentos para resistirse. Siempre se sintió muy a gusto con mujeres al frente de la nave. Una de las proclamas que pregona desde su condición de conferenciante es que, a la hora de jubilarse, es conveniente tener un plan. Él no para: clases sobre el oficio, participación en foros empresariales dirigidos a quienes han puesto fin al ciclo laboral… En una de estas intervenciones lo cuestionaron acerca de cuál era la noticia que más le habría gustado dar y mira que, ante la típica pregunta, el espectro que se abre es amplio, pero no lo dudó: «Encuentran petróleo en Albacete». Credibilidad, toda. 

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¿Esto no se va a acabar nunca?

Muestran la imagen en un programa de variedades, líder en su franja: una mujer mayor alcanza en Benetúser un puesto con voluntarios en el que se reparte pan. Pide una barra porque van sus nietos a casa y se echa mano al bolsillo para pagarla. La persona que atiende le dice que, al tratarse de donaciones, es gratis. Pone cara de sentirse apurada y más cuando la expendedora agrega una cantidad superior a la bolsa dado que tiene visita. Entonces la señora vuelve a buscar sus monedas, le comentan que no es necesario, se apoya en la muleta y se aleja dando las gracias no una, sino varias veces.

    Fue la jornada en la que, junto al resto, una cabecera digital de las de mayor circulación tituló a toda pastilla: «Mazón camufla en un decreto de ayudas por la dana la eliminación del tope salarial para los nuevos miembros de su gobierno». Y arrancó la información con el texto distribuido por la agencia Efe: «…de manera que quienes se incorporen al Consell en esos cargos procedentes de alguna responsabilidad pública podrán mantener el sueldo que percibían». Al relatar lo ocurrido la corresponsal del programa de radio más escuchado por la mañana a escala nacional, el tridente de contertulios saltó fuera de sí utilizando epítetos que me ahorro por si hay niños cerca. «Es indecente» fue lo más suave, que tampoco viene mal que los críos aprendan rápido.

     «El mundo» reservó espacio para trazar el perfil de la sustituta de Teresa Ribera en el Ejecutivo, hija de padre danés como el apellido Aagesen indica, sin afiliación a partido alguno y alejada de las redes sociales ya que más vale prevenir antes que curar, el diario entre sacó un aspecto: «Según indica su Portal de Transparencia ha pasado de cobrar 130.062,56 euros anuales como secretaria de Estado de Energía a 84.600 euros, tal y como establecen los Presupuestos Generales del Estado».

     La eliminación del tope salarial era inaplazable. Agraciados con los bolsillos llenos es la manera sensata de que el artífice de la iniciativa obtenga algo de respeto.

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