Rehén de la incomodidad

La 1 ofreció el encuentro de los presidentes que conforman el estado en el palacio de la Magdalena a la manera de una previa de los Goya. Unos aparecieron abrigados y otros a cuerpo gentil. Aunque un gran drama marcaba la cita, costó ver la llegada del presidente de la Generalitat Valenciana, vamos yo no la capté pese a no perder detalle. No creo que el que pasara inadvertido se tratase de una directriz pactada, pero podría venir a cuento. Por el comentario de los narradores se conoce que en el arranque cogió a Page y no lo soltó. El presidente andaluz y el murciano tuvieron protagonismo por encima de la media y fueron entrevistados sentados en un taburete donde expusieron sus objetivos con la soltura del panorama ventajoso del que disfrutan en sus territorios respectivos. Con todos ya formados llegó el inquilino de la Moncloa quien aguardó al monarca antes de pasar revista. Cuando se pusieron a ello el primer cruce lleno de expectación fue el instante en que Sánchez extendió la mano a la mandataria madrileña y lo más grande es que esta se la estrechó, aunque cada uno estuviese pensando en lo que en realidad le gustaría estrecharle. También tenía su aquel el acercamiento del Rey con Mazón que en alguna que otra cadena habían calificado de «frío y distante» apoyado en un supuesto paso fugaz, pero no. Felipe VI se detuvo, intercambió palabras con él y estuvo generoso dándole un golpecito cariñoso en el brazo. Y, a pesar de ello, el presidente está receloso. Han debido insistir tanto los asesores que anduvieron en paradero desconocido que bajo ningún concepto se le ocurra sonreír, que no relaja los músculos. Mira con desconfianza alrededor. Él que lo que siempre ha sido es un relaciones públicas cercano y amable que, a las primeras de cambio, se partía tras lanzar indirectas jugosas sobre el jefe seguro de sí mismo y que durante el tiempo que lleva en el Palau se ha hartado de posar festivamente en las redes, hoy le cuesta un mundo salir, marcar la ruta, empatizar y reconocerse. ¿Por qué será, Carlos?

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