El cuerpo del revés

Amanece nublado. El tono aplasta. En Edimburgo estaríamos ante la pinta de más de trescientos días al año. Pero aquí ese medio bochorno vuelve el cuerpo del revés. Previsión de lluvia con probabilidad de aparato eléctrico. Es 29, claro.

     Por las ondas llaman a la alcaldesa de Catarroja. Las comparecencias se reproducen. Las huellas están ahí. Borrarlas es todo menos sencillo. Tiempo después de la catástrofe a Lorena Sirvent no se le ha ido el pesar por la garganta. Sufre al describir el panorama. Conoce de sobra la situación, pero le cuesta decirlo de corrido. Lo que se ve a simple vista y lo intangible. Resalta el acuerdo al que se llegó con el Colegio de psicólogos. Hay tratamiento para todas las edades. En la Ebau, los chavales de la zona afectada han sacado en general las peores notas de los alrededores. Es lo que más preocupa, la reconstrucción interior de las criaturas así como de sus progenitores y demás parentela. La otra, la externa de la que tanto se habla, la que se pone como paradigma para darle la vuelta a la tortilla de una carrera política que de manera inaudita ahí sigue, se mantiene manga por hombro según el relato. Lorena detalla que tienen más interlocutores que medios; que han de hablar con cada conselleria cuando lo que se precisa es establecer una prioridad en las obras a acometer y que se les suministren técnicos expertos en este tipo de mejoras o arreglos de los que el municipio carece. Produce reparo profundizar en el operativo desplegado por la administraciones potentes y en la coordinación llevada a cabo porque puede darnos un siroco. Con lo que se divisa si miramos hacia el exterior de nuestras fronteras, nos sobrepasa el caudal de espanto.

     Aún bordándolo, superar lo ocurrido tiene un tocao. Da la impresión que nos encontramos lejos de poner los corazones en pie como Dios manda. No es que nos sorprenda, es que hiere. Y de ser así, ya va siendo hora de cumplir a todos los efectos. Son nueve meses y duele no tocar con los dedos el renacimiento.

La vida tiene su aquel

Tuve la potra de meter la cabeza en un periódico poco antes de iniciar la carrera. No estoy con ello menospreciando los estudios. En absoluto. Es más, recuerdo con veneración las diatribas en Historia del pensamiento político impartida por alguien que se convertiría en alcalde de una urbe de setecientos mil habitantes. Bajo su tutela surgían cruces dialécticos de lo que no era sino el germen de una polarización de la que hoy disfrutamos. Empaparse de ideas contrapuestas es el lujo.

     Al dire lo metieron en la trena por publicar unos movimientos estadounidenses en la base de Rota que puso a Exteriores de los nervios. Meses antes, en octubre del 74, detuvieron a otro por entrevistar a Felipe. Turnos de guardia anticiparon la muerte por excelencia con la incertidumbre de lo que supondría. Un colega fue secuestrado en la puerta del diario por hermanos de su ex para darle una paliza. Nos saciábamos de teoría en el aula y, en la redacción, de realidad. En el examen final de Sociología de 3º me dormí. Pedí ir al aseo, tomé un gintonic y el tema que era El cambio social se rindió a las burbujas y a las lecturas y discusiones hechas por mi cuenta. También caímos rendidos ante Tierno en un mitin con cargas de profundidad bienintencionadas. ¡Ay, profesor!

     Noelia Núñez ha visto cercenada su carrera política por aparentar. Es de los pocos casos que en esta especialidad han caído a las primeras de cambio. Difícilmente vas a saber quién eres si no eres quien dices ser, lo que suele llevar aparejado falta de consistencia para lidiar con el nido de víboras en el que desenvolverse cuando te han aupado de forma vertiginosa. El patrón acababa de incluirla en la cúspide de la organización por la pegada en TikTok para lo que la vida te demuestra que tampoco era sustancial inventarse un currículum jondo. Génova ha ensalzado la ejemplaridad de Noelia. Aprovechando la circunstancia pensó en recalcar que resulta absurdo pedir la dimisión de Mazón porque su licenciatura en Derecho es fetén. La gente, que no aprecia lo importante.

Valiente atmósfera

No recuerdo una noche peor que esa. La mezcla del poniente con el aire sahariano hizo de las suyas. Me desperté mareado. También es verdad que no me quitaba a Montoro de la cabeza pregonando como pregonaba que todo quisque debía declarar a Hacienda lo que le corresponde. Hace nada soltó la asombrosa risita en el Congreso al señalar que cómo no va a escapársele tras las preguntas que le hacían y apostillando que no iban a encontrarle nunca nada. Desde que salió a la luz el sumario instruido es posible que se regodee menos. Y, a la espera de que salga el cuadro hecho por los investigadores, aguarda Catalá. Todo apunta a que pueda ser otra obra de arte, dado que al parecer el ministro de Justicia con quien despachaba era con el equipo económico del gabinete. Un despliegue transversal digamos. Hacienda y Justicia de la mano bajo la capa de Montoro & Asociados. ¿Quién da más? Divisas suelto a Koldo y dices ¡fu, que viene, que viene! Pero, ¿desde cuándo situarías al frente de la trama a alguien con ese hilillo de voz montoril? Pues, a compañeros y sobre todo compañeras de viaje les daba en su momento el tufillo. El sexto sentido ese del que disponen. Lo que pasa es que el Flautista de Hamelin era uña y carne con Soraya. E igual que resulta increíble que Sánchez no hubiese detectado nada de las piruetas de Santos Cerdán, ¿tampoco la todopoderosa vice estaba al tanto de las andanzas? Unos entre las constructoras y el alterne y otros dándole al juego y a las gasistas. Y, mientras, M. Rajoy firmando colaboraciones en el Marca. La pucelana, en cambio, se desgastaba en medio de varios frentes a los que atender, Cospedal y quien no era Cospedal. Entre otros, Feijóo. Soraya no quería a nadie interponiéndose en el camino para hacerse con el mando post Mariano. Y hay quienes apuntan a que la postal gallega de Alberto con el narcotraficante Marcial Dorado en el barco salió del fuego amigo. Ya lo ven. El soplo constante del poniente junto a un sol implacable dejan una atmósfera seca. Y así andamos a estas alturas. Secos perdidos.

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La simbología de los céntimos

Don Juan de Borbón entregó el hijo al caudillo mientras él deambulaba por el exterior renegando de todo lo que emanaba el régimen. En el momento crítico de la muerte de quien lo adoptó el mozo entró en escena siendo un desconocido para el gran público, pero ya había labrado un caminito apoyado en Manuel Prado y Colón de Carvajal cuya misión era fraguar su fortuna. A modo de explicación de tales prácticas suele adjuntarse como especie de atenuante lo mal que lo pasó en la infancia esa familia. El mismo Juan Carlos relataba en una entrevista que su madre en Italia tenía que pedir prestado para pagar el alquiler. Esto conllevaría el propósito inequívoco de ponerse a cubierto ante cualquier eventualidad. Y se aplicó. No todo iban a ser borboncitos.

     En octubre del 73 estalló la guerra de Yom Kippur. Una coalición de países la emprendió contra Israel, quien tardó poco en reprimir las ansias con el general Sharon haciendo la envolvente tras cruzar Suez. Los árabes convencieron a la Opep de embargar el petróleo y, conocedor de que el príncipe había cultivado relaciones a base de bien en el Golfo y Emiratos, Franco le transmitió que a ver si se podía sortear la contingencia. Y aunque vinieron periodos de pasarlas canutas, nunca faltó suministro. Colón de Carvajal lo arregló gracias a las buenas relaciones del mentor con la monarquía de Arabia Saudita. Tan buenas que por allí anda.

     En agradecimiento, Franco autorizó al heredero a cobrar unos céntimos de comisión por cada barril -cientos de miles- que viniese desde donde hoy reside. Como diría un clásico, ni pedir ni rehusar. Con posterioridad ha ido descubriéndose que posiblemente aquel fuera el último contacto con los céntimos. Pero no le resta trascendencia al paso dado. Viendo los casos de aprovechamiento que se reproducen en las principales formaciones antes de traspasarse el timón, lo que hizo su majestad fue preparar la Transición en todos los terrenos posibles. Y subyace cierta ingratitud en no reconocerle el mérito.

El invento aquel de los ingleses

El trofeo original del Mundial de Clubes se lo ha llevado Trump y ya se exhibe donde reposará en adelante: el despacho Oval de la Casa Blanca. No creo que le sorprenda nadie. Cole Palmer, el mejor del torneo al que Pep le abrió la puerta tan ricamente, comentó ante las cámaras que no sabía qué hacía allí cuando el equipo iba a celebrar la conquista. Muy sencillo. Recibir igualmente la medalla de campeón que le colocó el presi de la Fifa. Qué se habían creído los ingleses.

     Pocos minutos antes de arrancar la final frente a las huestes del siempre contenido Luis Enrique, Alcaraz inclinó la testuz ante quien es es y será su adversario habitual. Con el modo de afinar que despliega, Corretja expresó lleno de sensatez que Carlitos necesita descansar. Para los mejores, el circuito es un matadero. También el calendario que nutre las quinielas, solo que en este caso afecta a los seguidores a quienes les han birlado la necesaria desconexión de las calamidades que le infligen sus colores porque, en cuanto a fatiga se refiere, cualquier tenista con un Grand Slam en su vitrina ya ha bregado más que el 75 por ciento de los componentes de una plantilla de Primera durante la temporada completa. En el caso de Vinicius, de dos.

     La apuesta de los dirigentes del espectáculo alrededor del balón, que mira que son finos, no admite disimulo. El último Mundial fue en Catar; el que viene se disputará a la sombra de Donald y Arabia Saudí espera en el 34. Nítida declaración de intenciones. Todo por la pasta, no van a ponerse a reparar ahora en los derechos humanos. Meciéndose en brazos de los fondos de inversión y demás especies se corre el riesgo con la ebullición de la chequera de sepultar para los restos el espíritu de borceguíes y canilleras con el que nació, afectar a todos los estratos y perturbar las mentes de los jóvenes talentos que se incorporan. Que a Lamine Yamal pueda ponérsele cara de Neymar es una maldición. Y Trump no es que se haya quedado la copa y la medalla es que le gusta el invento. Lo único que le faltaba al fútbol. 

Nos sobran los motivos

Teníamos el cuerpo hecho a «ese amor por quien llora su hija/ese ladrón que os desvalija de su amor soy yo, señora», al recuerdo del día en que «nos fuimos a bañar/aquel agua tan fría/y tu forma de nadar en el río aquel» suplicando que «no te demores, no sea que llegues a la hora al almacén/llámame el día que puedas/date prisa, que ya son las cuatro y diez», sin olvidar que «yo no te pido que me bajes una estrella azul/solo te pido que mi espacio llenes con tu luz».

     Por entonces un bala perdida, que había salido por piernas de la ciénaga interior, andaba dando tumbos en Londres. Muerta la rabia cogió el petate y se las ingenió para volver en busca de los pasos perdidos. Clavó los tacones con decisión y abrió el barril de tinta. De la mano del arsenal compuesto a punto de explotar emprendió la ruta. Se juntó con otros de la especie y desenfundaron las seis cuerdas en tugurios que nadie sabía si adonde llevaban era a ninguna parte. Sonó algo más que la flauta y desde el sótano salieron despedidos hacia trayectos impensables a bordo de algún que otro programa de culto. Quiso mudarse al barrio de la alegría, pero fue en el número siete de la calle Melancolía desde donde nos atrapó en su enredadera subiéndose al carro de los de los juglares y trovadores que le precedieron y de ese modo puso fin al viaje en sucios trenes que iban hacia el norte.

     En costumbres, como diría uno de sus colegas íntimos, no resultaba un buen ejemplo para los niños. Ni lo pretendía. Y sin embargo, con la maestría acumulada en delicados momentos, recogía a los talluditos cuando se arrastraban, los acompañaba, cantaba las verdades por peteneras, hacía que se balancearan entre estrofas, los llevaba del otoño a la primavera y viceversa bajándoles y subiéndoles el ánimo hasta alcanzar la luna plena. Una tras otra, las composiciones del hombre del traje gris, que en absoluto salen del bombín, iban convirtiéndose en animales de compañía. Una droga cómo no. La de una poesía, hijo mío, que agita los sentidos.

El panorama medioambiental

Me levanto y me doy de bruces con que Netanyahu ha enviado una carta al comité noruego del premio de los premios proponiendo a Trump para el Nobel de la Paz, a lo que el mandatario estadounidense respondió durante el encuentro en la Casa Blanca que «viniendo de usted en particular, esto significa mucho». Habrá a quienes se les salten las lágrimas.

     Envalentonado dentro de este panorama medioambiental, Vox ha precisado que no solo es partidario de deportar a ocho millones de inmigrantes y a sus vástagos, sino igualmente a «todos aquellos que entrando de forma legal demuestren su incapacidad de integración» en lugar de «asumir la cultura y los códigos de convivencia del país de acogida». Adjuntar los códigos y la cultura como la contraen quienes predican estas medidas para los que el cine español, sin ir más lejos, está compuesto por una banda de paniaguados que da asco verla por mucho que sus historias reciban el reconocimiento en los festivales internacionales de mayor consideración. Observan una finura a la hora de hincarle el diente a una realidad tan compleja de gestionar como la de los seres que nos llegan por los medios que pueden que, pensar en que la responsabilidad quede algún día en sus manos, sería todo un logro para los frenopáticos que, mira por donde, se pondrían de bote en bote.

     Súper Tellado, que ha de estar en todo y que reiteró que no gobernarán con quienes ya lo hacen en diferentes plazas, saltó al ruedo de inmediato para sentenciar que Vox tiene «más sentido de Estado» que Sumar y que Podemos, aunque rechazó las expulsiones masivas de inmigrantes es de suponer que por un sentido de Estado del copón bendito. Mira que Sánchez tiene frentes y no descartemos que se abra más dado el nivel que como jefe de personal ofrece. Luego está Yolanda, aunque no se sabe exactamente dónde, el resto de coaligados y los martillos de Page, Felipe and company. En cambio el aspirante briega con un socio que lo lleva de un lado a otro sin dejarlo respirar. Si llega a tener dos…    

Siembra de tempestades

Salvo con la mensajería del guasa por el resto de aplicaciones no interactúo. Ando registrado, pero sin darme por enterado. Desde hace unas semanas, sin embargo, no doy crédito. Sin compartirlo estoy enganchado al incesante caudal de vídeos en feisbuk y en TikTok de los que hasta ahora pasaba. El fenómeno se concentra en las últimas horas del día atraído por los cortes musicales y las cachondadas que venían resultando buen sistema para irse a la cama en condiciones. Una de estas últimas la protagoniza Mota. Alrededor de una comida familiar los vástagos interrogan al padre sobre lo raro que lo ven e insisten sin obtener respuesta hasta que Patricia Conde, la madre, suelta: «¡Antonio, coño, qué te pasa!». «A ver, cariño. Ayer estuve recogiendo las analíticas y según el médico me queda mucha vida», a lo que la hija repone: «No puede ser». «He pedido una segunda opinión y me han dicho que estoy como un roble». El chaval dispara: «¿Entonces no vamos a heredar? ¿Dónde viviremos?». «Sabéis de sobra que mi intención era irme joven». Se lo he enseñado a los míos y, como el domingo estuvimos fantaseando con lo mismo, me acusaron de haber filtrado la historia, a lo que repuse: «Ya sabéis que no interactúo».

     Pero el sesgo de lo que se ofrece ha virado de plano. La polarización es la reina y ha pasado a hacer las prácticas en la calle y en el entorno de las instituciones. Mientras unos se detienen en la realización de vídeos más o menos ocurrentes otros van derechos a grano y, aprovechando el momento, provocan a la cara. En las redes estos vienen ganando la batalla. La estrategia de acorralamiento es incesante. No se detienen en barras. Buscan que la presa salte. Muy formados que se diga no es que estén, pero saben que el historial de España en torno al enfrentamiento entre seres de diferente especie mental no se lo salta un galgo. Van a conseguir que retome los hábitos. Anoche me acosté dando botes y el sueño se dirigió hacia el coliseo romano donde, en este caso, no saltaban leones hambrientos. Sobra con nosotros.

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El azaroso camino de Pedro

Se celebró el sorteo del calendario liguero de la temporada 2025/26, pero antes tendrá lugar el choque de todo un clásico: pesoe y pepé se congregan el fin de semana en sus respectivas áreas para definir qué clase de juego emplear en adelante sin perder de vista la estrategia que ponga en danza el rival. La afición llega a la cita ya saben. Con los ojos a cuadros.

     Tradicionalmente cuando una de las dos formaciones tenía un cónclave de envergadura el enconado oponente se las maravillaba para montar lo que fuese con tal de restarle resonancia. Cómo estará el clima que en esta ocasión, nada más dejar de ser Cerdán santo, el pesoe articuló un Comité Federal para el mismo fin de semana que el pepé había establecido su congreso en el afán de que el transcurso de este tape lo más posible el eco de las cornadas con las que se presenta Sánchez a la feria de secretarios de organización que lleva fijadas en la chepa. Lo tiene crudo. Hasta la sin par Ayuso ha frenado las ansias de hacerle al jefe la vida más difícil en vista del aspecto que presentan en la otra orilla las corvas del reconocido galán de la resistencia. Si sale de esta, nadie intuye de qué forma, cabe sospechar que los enfebrecidos contrincantes desde el minuto 1 lo den por imposible porque, de tener que poner un ariete más duro de los utilizados, solo queda recurrir a Topuria.

     Con todo su cuajo, el nuevo recluso de Soto del Real esgrimió en defensa de las correrías que «una parte de los poderes de este país no ha aceptado que gobierne quien gobierna». En el supuesto nada improbable de que eso sea tal cual, la radiografía de los quehaceres a los que se ha dedicado el menda tira por tierra el efecto cautivador que para los seguidores del marido de Begoña pudiera registrar la cacareada persecución. Así lo entiende Javier Cercas quien, después de votarlo, ha escrito que debe dimitir. Y lo ha hecho cuando, tras su inmersión vaticana, diagnosticó que «si el Papa Francisco hubiese llegado donde quería habría venido un cisma». En su iglesia, Pedro puede lograrlo.