El invento aquel de los ingleses

El trofeo original del Mundial de Clubes se lo ha llevado Trump y ya se exhibe donde reposará en adelante: el despacho Oval de la Casa Blanca. No creo que le sorprenda nadie. Cole Palmer, el mejor del torneo al que Pep le abrió la puerta tan ricamente, comentó ante las cámaras que no sabía qué hacía allí cuando el equipo iba a celebrar la conquista. Muy sencillo. Recibir igualmente la medalla de campeón que le colocó el presi de la Fifa. Qué se habían creído los ingleses.

     Pocos minutos antes de arrancar la final frente a las huestes del siempre contenido Luis Enrique, Alcaraz inclinó la testuz ante quien es es y será su adversario habitual. Con el modo de afinar que despliega, Corretja expresó lleno de sensatez que Carlitos necesita descansar. Para los mejores, el circuito es un matadero. También el calendario que nutre las quinielas, solo que en este caso afecta a los seguidores a quienes les han birlado la necesaria desconexión de las calamidades que le infligen sus colores porque, en cuanto a fatiga se refiere, cualquier tenista con un Grand Slam en su vitrina ya ha bregado más que el 75 por ciento de los componentes de una plantilla de Primera durante la temporada completa. En el caso de Vinicius, de dos.

     La apuesta de los dirigentes del espectáculo alrededor del balón, que mira que son finos, no admite disimulo. El último Mundial fue en Catar; el que viene se disputará a la sombra de Donald y Arabia Saudí espera en el 34. Nítida declaración de intenciones. Todo por la pasta, no van a ponerse a reparar ahora en los derechos humanos. Meciéndose en brazos de los fondos de inversión y demás especies se corre el riesgo con la ebullición de la chequera de sepultar para los restos el espíritu de borceguíes y canilleras con el que nació, afectar a todos los estratos y perturbar las mentes de los jóvenes talentos que se incorporan. Que a Lamine Yamal pueda ponérsele cara de Neymar es una maldición. Y Trump no es que se haya quedado la copa y la medalla es que le gusta el invento. Lo único que le faltaba al fútbol. 

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