Una perplejidad sin desbrozar

Aunque se ha levantado algo de aire apenas duermo. Sudo y si le doy vida al ventilador escacharra las lumbares. Me incorporo creyendo que es hora y son las cuatro de la madrugada. Cuando sí toca oigo que hoy acabará la ola de calor y es cuando me da el pasmo. ¡ En fin, hoy, no! Mañana…

     De regreso a los clásicos, Ayuso volvió de saborear Miami tan rumbosa como se fue o más. Allá habrá alimentado a la contra y viceversa. Lo digo porque estando ahí Tres Cantos ha entrado a saco al acusar a su Sánchez de «dejar que todo se queme o se hunda para buscar culpables, con falta de rigor y humanidad». Más o menos lo que se decía de Fidel desde la Pequeña Habana al sur de Florida. Una responsable pública, que cuando la Aemet ya había avanzado el pavor que aguardaba, lo que aportó a la cumbre de presidentes reunida a principios de junio fue la guerra del pinganillo preocupada porque a algunos se les ocurriese intervenir en catalán o en otras lenguas maléficas. Fácil de entender desde luego no es.

    Será por presidentes… y, sin embargo, ni a ella ni al resto se les ocurrió mirar hacia lo que se avecinaba aunque fuera tardísimo para paliar el destrozo. Se calientan tanto entre ellos que no reparan en lo que se fragua más allá. Durante el encuentro no se llegó a ningún acuerdo, faltaría más. Estaba en la vitrina de exposiciones lo de la vivienda, pero en lo concerniente al maremágnum urbano que hay liado con la escasez, los alquileres y el remolino turístico. De las casas, los animales, las cosechas, la desaparición hacia latitudes menos sacrificadas de quienes curraban la tierra, de redoblar por ello la prevención, de los minoritarios habitantes agrarios ni señal. Ahora todos se dan golpes en el pecho de los contrincantes, claro está.

     De esta guisa y con el ministro tuitero a bordo, su colega de Transición Ecológica ha avanzado que el presi ofrecerá los detalles del pacto de Estado contra el cambio climático y que sería «irresponsable» que el pepé no lo respaldase. Sin duda. Y de paso pedirá que llueva café en el campo.

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